Las elecciones de ayer en la Ciudad de Buenos Aires generaron todo tipo de interpretaciones. Y eso es lo que hizo, justamente, tan juguetones los resultados del balotaje y tan entretenido  el escenario político nacional. 

a) Mauricio Macri se llevó un susto grande: casi se queda sin su bastión principal y su caja política por apostar a un secuaz con menos carisma que Fernando de la Rúa dormido. Y ahora pagará las consecuencias: llega a las elecciones presidenciales sin la provincia de Santa Fe, con un magro resultado en Córdoba y con una victoria rasposa en su único distrito asegurado.

b) Martín Lousteau estuvo a punto de consagrarse. Desde hace más de un año que insisto que Lousteau era el candidato perfecto para Buenos Aires. Pero no le alcanzó. Subestimó al electorado kirchnerista o no quiso ganar las elecciones. Si hubiera hecho un gesto mínimo –no era necesario una alianza sino un simple gesto de acercamiento-, hoy sería el gobernador de la ciudad. Pero el "antikirchnerismo" ciego de sus cómplices y/o jefes políticos –Elisa Carrió y Ernesto Sanz- le impidió intentar seducir al sector del kirchnerismo, que le podría haber hecho conseguir la victoria. Una pena. De todas maneras hizo una gran elección y tiene mucho para seguir creciendo.

La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, seguramente, también sonríe conforme, y con un dejo de socarronería en los labios.

c) El kirchnerismo sonríe malicioso. Su tercer puesto lo dejó fuera del balotaje, pero el resultado de la segunda vuelta lo redime desde la ironía. Macri llega a las PASO nacionales pidiendo agua, Lousteau no alcanzó la gobernación, por lo tanto no tendrá experiencia gubernativa en 2019 como para convertirse en un cuco presidenciable. El FPV debe tomar nota de que quizás no pueda encabezar una alianza en CABA pero sí puede aportar los votos necesarios para que un candidato afín posicional o ideológicamente pueda llegar al gobierno en el distrito.

d) Daniel Scioli sonríe. Si todo sigue así es ganador sin mover –aparentemente- ninguna pieza en el tablero. Ahora tiene un desafío: en los últimos meses "kirchnerizó" su discurso para encabezar la fórmula presidencial del FPV y ser "tolerado" por el kirchnerismo progresista. Ahora, deberá balancear un poco el aeroplano para volver a posicionarse como un candidato misterioso que seduzca a los votantes no tan kirchnerista.

e) La presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, seguramente, también sonríe conforme, y con un dejo de socarronería en los labios.

¿No me diga que no es divertido?