Los sucesos acontecidos desde el triunfo electoral de Syriza, en enero de este año, y los infructuosos cinco meses de negociación con las instituciones que rigen los destinos del viejo continente, tiñeron de alguna manera el estado de ánimo de importantes sectores que resisten los planes de austeridad emanados  desde Bruselas por la Troika. En tan solo una semana han discurrido  hechos en extremo  contradictorios que, de alguna manera, son un  claro síntoma de los intereses en disputa,  desde  el sorprendente  clamor democrático del pueblo griego expresado en el referéndum del domingo 5 de julio, contra las llamadas  políticas de austeridad, a la imposición en tan solo una semana de un plan de ajuste severísimo, superior al implementado en otros países deudores, conducidos por gobiernos conservadores  como la España de Rajoy o Portugal.

Esas políticas no solo han impuesto recortes extremos que agravarán aún más el escenario recesivo en la empobrecida sociedad griega, sino que han fijado objetivos inalcanzables en lo relativo a la reducción del gasto público del 6% al 1% del  PBI tan solo en un año.

La pregunta recurrente, luego de la firma de los acuerdos,  efectivizada por el primer ministro Alexis Tsipras,  por parte de los analistas y los opositores a las políticas de austeridad de la canciller alemana Ángela Merkel, no  ha sido otra que cuáles fueron las razones por las que el máximo referente de Syriza, se haya visto obligado a firmar un acuerdo que  según la revista alemana Die Spiegel  ha sido de carácter versallesco. Quizás parte de la respuesta está dada por  el ex ministro  de Finanzas griego,  Yannis Varofakis, en  un reportaje realizado el 12 de julio: "Nuestra posición nunca fue abandonar el euro, mi postura era que si cerraban los bancos -que era una medida increíblemente fuerte y agresiva- deberíamos responder en la misma medida, pero sin cruzar el punto de no retorno. Deberíamos emitir nuestros propios pagarés, o anunciar la emisión de nuestra propia liquidez en euros, hacernos con el control del Banco de Grecia". Por su parte el analista y político de la izquierda radical  portugués, Francisco Louca, en una entrevista del programa Cuatro Miradas de Radio América afirmaba: "El plan B era factible y necesario, pero Syriza no lo tenía".

La gravedad de lo resuelto es que el acuerdo y sus obligaciones se tornan inviables: no solo producirán mayor sufrimiento para las grandes mayorías del pueblo griego, sino que necesariamente llevarán al corto plazo al tan temido Grexit.

En esa dirección son importantes las ideas expresadas en un debate sobre la situación helena de Stathis Kouvelakis, miembro de la dirección de Syriza y destacado militante de la Plataforma de Izquierda: "Sin duda, se trata de un desenlace completamente desastroso para un experimento político que dio esperanza a millones de personas que luchan en Europa y en otras partes del mundo; en mi opinión, uno de los experimentos más interesantes en las últimas décadas en la política de izquierda. Por supuesto, las consecuencias de esto serán de gran alcance y en esta etapa impredecibles, tanto para la izquierda y la escena política en Grecia, como también, en un sentido más amplio, en Europa. Creo que lo que pasa en Grecia es el fracaso de una estrategia política, y cuando decimos que una estrategia política fracasa por completo, significa que al final de la historia nos encontramos solamente con opciones malas o desastrosas".

Syriza llegó al poder con un mandato popular en apariencia bastante claro: romper con las políticas de austeridad y liberar al país de una deuda injusta e insostenible.

Esta estrategia se apoyaba en dos pilares. Por un lado, se basaba en una disociación de la cuestión de la deuda y las políticas de la austeridad. En el caso de la deuda, se trataba de re-negociar la deuda sobre el modelo de la conferencia de Londres de 1953 para la deuda alemana, pero sin excluir medidas unilaterales en caso de que fracasaran las negociaciones. Ahora bien, este punto fue dejado de lado, al menos en los discursos de este último período. En lo que refiere a la ruptura con el marco de la austeridad, la idea era que los compromisos del programa de Tesalónica, que constituía un tipo de programa transitorio mínimo, debía ser puesto en pie, independientemente del curso de las negociaciones con los acreedores de la Unión Europea.

Lo que se minimizó desde el primer acuerdo del 25 de febrero, fue la intransigencia de los países deudores y las instituciones europeas. Como tarde cayó en la cuenta el ex ministro Yannis Varoufakis,  la decisión del responsable de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, verdadero director de orquesta de los acreedores, fue exigir el total de la deuda y los plazos y la profundización de las medidas de austeridad  en que se comprometieron los anteriores gobiernos griegos, el del Pasok, y especialmente el de Nueva Democracia, y su segundo rescate que llevó a la deuda a más de 300 mil millones de euros. Por lo tanto cualquier propuesta alternativa por parte del gobierno de Tsipras , desde el inicio de las reuniones,  no se tuvo en cuenta por los acreedores y el objetivo de ganar tiempo para seguir negociando la re-estructuración de la deuda y un acuerdo más  justo , se demostró como una estrategia  equivocada. De febrero  a julio se fueron reduciendo las reservas y licuando la liquidez del sistema bancario, hasta llegar a virtual bancarrota, escenario ideal para el chantaje de la Troika.

La gravedad de lo resuelto es que el acuerdo y sus obligaciones se tornan inviables: no solo producirán mayor sufrimiento para las grandes mayorías del pueblo griego, sino que necesariamente llevarán al corto plazo al tan temido Grexit. Como afirma en su último documento el analista  Raul Zibechi, cabe preguntarse: "Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la 'Europa de los pueblos' fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas".

Lo cierto que para la Europa de la deudo-cracia, que cada vez más apuesta a una salida con exclusión para que le cierren los números de los grandes intereses financieros,  el austericidio social impuesta por Alemania ha sido un gran paso para sus intereses y una gran derrota para las grandes mayorías.