El resultado de las PASO fue contundente. Falta el conteo de los números finos pero el Frente para la Victoria se impuso claramente en las elecciones. Pese a que varios celebraron anoche, el gran ganador fue Daniel Scioli. El segundo lugar de Mauricio Macri abre un escenario de interrogantes. Quedó más cerca de lo que se esperaba de Sergio Massa, el tercero en discordia.

El FPV confirmó que tiene un piso electoral muy fuerte, sumado al fenómeno inédito de la imagen positiva de la presidenta Cristina Fernández que deja su mandato con un alto grado de aprobación. La fórmula del oficialismo hizo una gran elección incluso en provincias que a priori parecían adversas como Santa Fe o Mendoza, pero quedó lejos en Córdoba. Las especulaciones sobre números para octubre son complicadas. No está claro que los votantes repitan exactamente igual sus preferencias.

Hay quienes votan a ganador y otros que cambian su sufragio por un voto útil. ¿A quién irán los votos de José Manuel de la Sota y de Adolfo Rodríguez Saá? ¿Son votos del peronismo o partirán al PRO? ¿Los votantes de Massa persistirán en la primera vuelta o anticiparán su posición en el balotaje?.

Las encuestas previas sostienen que más del 50% de los votantes de De la Sota, Ernesto Sanz y Elisa Carrió no se mantendrían en el Frente Renovador o en Cambiemos. Macri tiene mucho para replantearse. ¿Fue correcta su estrategia de ir con una fórmula pura? ¿El diseño de Jaime Duran Barba rindió sus frutos? Con la lectura de los números en caliente el balance no parece el mejor para el alcalde porteño.

Tal vez por eso el retintín que empezó temprano en cada aparición de los candidatos del PRO sobre los presuntos robos de boletas y el planteo de ir al voto electrónico. Si la noche de la elección el discurso se centra en el mecanismo de votación y no en la decisión de los votantes, es toda una señal de la realidad que se atraviesa. El líder de Cambiemos volvió a justificar su cambio de discurso después de la segunda vuelta porteña. En ese camino exaltó tanto al peronismo como al liberalismo, una combinación que en el pasado llevó al país a su peor momento.

El argumento de que la mayoría de la gente vota contra el oficialismo pero gana el FPV porque el sistema electoral es malo no aguanta la argumentación de un debate de escuela primaria. Las PASO son también ordenadoras. Los argentinos llevan años asistiendo a la persistente presencia de un grupo de dirigentes que entienden a la política casi exclusivamente como la aparición en los medios de comunicación, sin presencia territorial y, especialmente, con una incapacidad manifiesta para construir una oferta electoral que atraiga al voto popular.

La expresión más clara es sin dudas Elisa Carrió, pitonisa siempre apocalíptica que desborda programas de televisión y cuando pone a consideración su figura en las urnas recibe apenas el 2% de los votos. Cuando esta nota se cerró, Lilita cosechaba 171 mil votos, bastante menos que los minutos de televisión que acumula sobre sus hombros. A la tarde denunció fraude y anticipó que “Dios va a hacer tronar el escarmiento”. Debe ser muy difícil aceptar el sistemático rechazo de un pueblo al que se quiere “salvar” en contra de su propia voluntad.

Al final de cuentas es el juego de la democracia y se acepta como tal. Algo parecido pasa con el titular de la UCR Ernesto Sanz. El mendocino fue el factótum del acuerdo con Macri. Su performance sirvió para confirmar que el radicalismo se ha transformado en una coalición de partidos provinciales sin liderazgo nacional. A esta altura es muy difícil pensar en la posibilidad de la reconstrucción del partido que jugó un papel central en la construcción de la democracia argentina.

Al final, el peronismo resolvió de manera civilizada la interna en la provincia de Buenos Aires. Según los datos provisorios, Aníbal Fernández superó a su rival y también la denuncia mediática que casualmente una semana antes de las elecciones intentó vincularlo con el narcotráfico y acusarlo de ser autor intelectual de un triple crimen.

Pero el dato tal vez más impactante de la jornada empezaba a develarse ya entrada la madrugada cuando se consolidaban los números de los distintos distritos de la provincia de Buenos Aires donde varios precandidatos de La Cámpora se imponían en sus distritos sobre los barones del Conurbano. De consolidarse esa tendencia en octubre, la agrupación juvenil rompería con el estigma más importante que le achacaban sus detractores, que era la falta de gestión a partir de la voluntad popular.