Las PASO del domingo dejaron algunas curiosidades de difícil comprensión para los simples mortales de mirada monocromática.

Al parecer, Sergio Massa redondeó una elección extraordinaria al reventar las urnas con el 14,2 por ciento de los votos. Los entendidos sostienen que semejante cosecha lo transforma en el gran elector de los comicios de octubre. Conocedor del tamaño del éxito, que le deparó el cuarto puesto en una provincia y el tercero en 17 distritos, el ex intendente de Tigre se envalentonó y no descartó que la segunda vuelta lo tenga de protagonista junto con Mauricio Macri.

Los mismos entendidos sostienen que el otro gran triunfador del domingo fue Macri. El alcalde porteño pisó el acelerador a fondo esta vez y se alzó victorioso en dos de los 24 distritos del mapa electoral: la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Mendoza. Ese raid imparable, con el que el PRO habría roto su condición de partido vecinalista, lo ubicó a Macri con el 24,3 por ciento de los votos. Ayer, en la conferencia de prensa con la que el frente Cambiemos celebró el resultado, Elisa Carrió alternó bromas con definiciones serias. Entre las primeras dijo que la que terminó fue su última campaña presidencial. Pero cuando se puso seria, Lilita aseguró que Macri es ya el nuevo presidente de los argentinos.

Entre Macri y Massa, parece, pusieron en un serio aprieto al candidato del oficialismo, Daniel Scioli, que se tuvo que conformar con un módico triunfo que apenas le sirvió para imponerse en 20 provincias, entre ellas dos de las de mayor peso electoral como son Buenos Aires y Santa Fe. Ese flaco resultado al parecer lo deja a la prácticamente indescontable distancia de un punto y medio de un triunfo en primera vuelta.

La pregunta que por estas horas desespera al búnker sciolista entonces es cómo hará el mandatario bonaerense para revertir semejante escenario desfavorable. Hasta que Scioli resuelva ese rompecabezas de proporciones, quienes realmente piensan la estrategia política nacional ya empiezan a sugerirle al victorioso Massa que resigne su candidatura, para de esa manera empujar la postulación del victorioso Macri, porque caso contrario perderán contra el débil candidato del oficialismo. Planteado así parece una alquimia electoral de difícil comprensión, pero si el lector se esfuerza lo suficiente terminará por comprender que, como decía el viejo General, la única verdad es la realidad.