Responder editoriales y artículos emanados de la prensa neoliberal es un ejercicio maravilloso por el constante reto a la razón, la imaginación y la agudeza. Las críticas contra el "cambio de época" vivido por América del Sur -e inserto en él, el que desde mayo de 2003 se verifica en la Argentina- se van sucediendo a raudales, acumulándose sus errores y contradicciones en proporción directa al progresivo e irrefrenable apoyo popular a ese mismo "cambio de época". Por tanto, sin minar la creciente base de sustentación de los gobiernos democráticos -razonan y operan los medios conservadores- cualquier retorno a una oligocracia (democracia para una minoría reaccionaria) es una utopía. ¡Qué genial que ahora las utopías se apliquen a las "derechas"! Digresión al paso: estamos más que acostumbrados a las barbaridades periodísticas con que las corporaciones mediáticas del terrorismo financiero (del austeridazo) pretenden minar la base de poder de los gobiernos populares, esto es, el mismísimo pueblo. Son infinitos los ejemplos contra el gobierno de Cristina Kirchner, intentando sin ningún éxito correrlo por "izquierda". Sin embargo y desde la recuperación de YPF decretada por nuestra presidenta el 16 de abril de 2012, habíamos perdido la costumbre de lidiar con los atentados desinformativos provenientes de la prensa española. Pues, por esas casualidades, unos días antes de las PASO, el diario conservador El País volvió a disparar contra la Argentina, con el artículo "Facturas de luz más baratas que un café" (6/08/15). Aquí, un aporte al debate sobre los subsidios energéticos, que no puede ser encarado desde una concepción mercadista sino inserta en el espíritu del Plan Energético Nacional y el proyecto vigente desde 2003.

La denigración mercadista de la "energía"

El artículo de El País se basa en una nota del periodista argentino Marcelo Zlotogwiazda titulada "Increíble, pero real" (El Cronista-31/07/15). Se lee: "El servicio de Cablevisión clásico para Capital Federal y el Gran Buenos Aires cuesta $ 439 por mes. El plan más barato de Movistar cuesta $ 349 por mes. Una entrada al cine en el Hoyts Abasto cuesta $ 100. Considerando esos precios, ¿No resultaría lógico que el servicio de electricidad costara al menos $ 100 por mes?". Acto seguido, calcula el precio de las tarifas de luz para usuarios de Edenor y Edesur pero irónicamente y en términos del costo de un "alfajor, el café en un bar, el kilo de asado a precios cuidados y algunos combos de McDonalds". La denigración de la energía a mera golosina, divertimento o comida chatarra es moneda corriente no sólo en la Argentina sino en todo el mundo. Obedece por supuesto a una cuestión cultural, donde la energía es razonada desde una concepción mercadista, sin bemoles. Sucede que tal denigración es el puntapié inicial para justificar la remoción de los subsidios a la energía, con su consecuente y descontrolado encarecimiento y con él el retorno a las épocas doradas de las corporaciones cuando los precios de las tarifas eran fijados por la "ley de la oferta y la demanda" o, para ser más precisos, por el Servicio Meteorológico Nacional (si llovía, bajaban los precios por el aporte de la hidroelectricidad, más barata; si había sequía, se encarecían). Pero lo que Zlotogwiazda no entiende -tampoco el articulista de El País que lo cita- es que, bajo una concepción efectivamente democrática de gobierno, a su vez enmarcada en un proyecto que busca la autonomía y la modernización productiva, industrial y económica, su sistema energético asciende como herramienta fundamental en la lucha contra la pobreza, en la mejora ascendente de la calidad de vida de la sociedad y en calidad de motor y combustible estratégico para la reindustrialización. Es en este marco que debe darse el debate en torno a los subsidios.

La energía y la cuestión del déficit.

Podrán hacerse todos los cálculos y compararse la energía con cosas aún más banales, pero afirmar que los subsidios a la energía constituyen "un factor determinante del desequilibrio fiscal que afecta a la macroeconomía" es falso. En un informe del Observatorio OETEC, "La energía, la cuestión del 'déficit' energético y la batalla cultural (crítica a cierta heterodoxia descarriada)", del 23 de junio pasado, se analiza el impacto del sector energético en el resultado fiscal (2009-2014) pero contextualizándolo con otros sectores comerciales. Transcribimos los resultados, a los que contribuyó especialmente el economista Santiago Manoukian (Estudio Singerman-Makon y OETEC): 1) Entre 2009 y 2013, el déficit de los siguientes sectores se expandió 510%: "Máquinas y aparatos", "Industria Automotriz", "Industria Química", "Turismo" y "Energía". Al indagar en los principales sectores que indujeron esta evolución, se aprecia que, en promedio, el 61,2% lo explica Máquinas y aparatos; el 22,8%, Industria Automotriz; el 14,2%, la Industria Química; el 3,7%, Turismo y, en último lugar, Energía, con 3%. 2) Si se analiza el período 2011-2013, el déficit de estos sectores creció 42,4%, así explicado: Máquinas y aparatos", 42,2%; Industria Automotriz, 17,8%; Minería, 11,8 %; Industria Química, 10,7%; y nuevamente en último lugar, Energía, 9,8%. 3) Entre 2009 y 2014 el déficit de los estos sectores creció 477%, explicado así: Automotriz, 45,7%; Industria Química, 30,1%; Turismo, 12,9%; Energía, 11,4%. Como puede apreciarse para los tres períodos, el sector "energético" es el de menor impacto en la generación del déficit.

Subsidios con cabeza propia.

El problema que arrastran los análisis como los de Zlotogwiazda es cultural (en nuestro caso, cultural energético). Despotricar contra los subsidios en materia energética, coincidiendo con los argumentos de los ex secretarios de Energía del neoliberalismo (grupo liderado por Montamat), FIEL, la Fundación Mediterránea, la Universidad Di Tella y el CEMA es más que ilustrativo al respecto. Pero no habrá cura a semejante enfermedad si no se parte por removerse el velo mercadista. Pregúntese el lector: ¿La energía para los mercados o para la sociedad? ¿Puede un sistema energético exhibir un carácter de importador neto y/o una balanza deficitaria a la vez que mejorar la accesibilidad y asequibilidad de la energía para la población, la industria y el aparato productivo? En la respuesta al artículo de El País, el ministro de Planificación Julio De Vido recordó que "el espíritu impreso a la energía en el Plan Energético Nacional lanzado por Néstor Kirchner y profundizado por la presidenta Cristina es de carácter incluyente, esto es, se propone crear y desarrollar sistemas de generación y suministro capaces de entregar electricidad al 100% de la población, a un precio asequible, garantizando el crecimiento económico equilibrado, promocionando la equidad social e irrigando empleo y desarrollo genuinamente federal". Destacamos esta definición, pues resulta estratégico debatir desde una nueva concepción cultural de la energía. ¿Por qué FIEL, los ex secretarios del grupo de Montamat, el neoliberalismo, etc. ignoran como indicadores de la seguridad energética argentina los cerca de 6 millones de hogares incorporados a los servicios de electricidad y gas por redes desde 2003? ¿Por qué ignoran los miles de kilómetros de gasoductos construidos para el mercado interno, en un programa inédito desde 1983? ¿El consumo eléctrico per cápita altamente superior al registrado en los '80/'90 carece de importancia? ¿La recuperación del rol estatal en materia de generación y su des-extranjerización tampoco?

Hacia un concepción social y nacional de la energía.

¿Podría llegar a entender estos conceptos el periodista Zlotogwiazda? Lo dudamos seriamente, sobre todo luego de comprobar que para nutrir su nota con opiniones especializadas recurra a Federico Sturzenegger, el padre del Déficit Cero y del Corralito de Cavallo; Juan José Aranguren, el de la fracasada opereta devaluatoria del año pasado y extorsionador de precios de combustibles para los argentinos fijados por Shell casa matriz; y Gabriela Michetti, la del pago incondicional a los fondos buitre. Más bien nos proponemos, con reflexiones como las aquí compartidas, contribuir a que el pueblo argentino cambie de paradigma cultural también en la energía, removiéndose una a una las zonceras de mercado que en contra de sus propios intereses lo llevan a coincidir con razonamientos del estilo de los profesados por Aranguren, Sturzenegger, Macri y Montamat, pidiendo energía más cara, pidiendo energía en poder de los mercados y gestionada por personas que le hicieron y le siguen haciendo un tremendo daño al país y a su pueblo. El debate en materia de subsidios a dar desde nuestro espacio debe ser encarado no desde una concepción mercadista sino inserta en el espíritu del proyecto vigente desde 2003 y del Plan Energético Nacional lanzado en 2004. Para ello resulta fundamental comenzar redefiniendo la energía, contribuyendo así a una toma de consciencia popular sobre su finalidad pero bajo una concepción social y nacional, justamente en las antípodas de creer que un sistema energético debe tener como fin superior la generación de excedentes en dólares (balanza superavitaria) y el bienestar de los bolsillos de empresarios y corporaciones.