La frase aparece, como surgenlas buenas síntesis, casi de casualidad. Después de una hora y media de charla en su departamento de la Avenida Callao, un elegante piso de techos altos que su propietario convirtió en un santuario barroco de la historia del peronismo, Carlos Piñeiro Iñíguez lanza la definición casi sin darse cuenta. Suena algo contundente, algunos -los descreídos, los desconfiados- dirían que tiene resonancias de otras épocas. Pero el economista y especialista en Relaciones Internacionales, ex diplomático, docente universitario e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Di Tella está convencido de lo que dice. "El peronismo es la única oportunidad revolucionaria que tiene la Argentina", concluye Piñeiro Iñíguez. La expresión es en todo caso un reflejo cabal de la conversación con este estudioso del peronismo –Piñeiro escribió un libro imperdible: Perón, la construcción de un ideario, en medio de una prolífica obra en novela, poesía y ensayo- que aparte de todo es un apasionado de la pintura abstracta, del rock y de los objetos históricos.

Las pasiones de Piñeiro Iñíguez, que fue embajador en Ecuador, Bolivia y Dominicana pero también ejerció la actividad diplomática con cargos menores en varias legaciones argentinas, como Nigeria, Portugal y España, se reflejan en las paredes y el mobiliario de su casa. Hasta en el nombre de su hija, médica, una joven llamada África, que habla varios idiomas y se dedica sobre todo a la investigación. Según consignó Tiempo Argentino, Piñeiro también es guitarrista, tocó en Obras Sanitarias como músico invitado de la banda de rock La 25. Con los miembros de ese grupo lo une la pasión por el club Quilmes, localidad en la que creció y se educó (estudió en el exclusivo colegio anglo-argentino St George’s de esa zona del sur del Conurbano). Aquella formación quizá explica por qué Piñeiro tiene en su casa una colección de medallas de logias masónicas angloargentinas: "Acá está demostrada la penetración británica en el país, sobre todo en los trenes, los puertos y la explotación del quebracho", dice mientras exhibe las condecoraciones.

Es muy difícil pensar que un obrero argentino, o un campesino argentino de fines de la década del '30 y principios de los '40, estuviera alfabetizado.

En el piso del economista se suceden las piezas de museo, algunas de valor incalculable, como el primer busto original de la figura femenina que representa a la República (proveniente del despacho de Dardo Rocha en La Plata); una escarapela rojo punzó que le regalara el fallecido embajador Carlos Ortiz de Rozas; o el prototipo del paragolpe –también original- para el auto Justicialista que le obsequiaron a Perón los obreros de la fábrica IAME, que producía aviones, al inaugurar esa línea de montaje. "El peronismo es el hecho central de la política argentina contemporánea. Como hecho histórico, es un tema de permanente investigación.Y, por otro lado, está vivo y vigente en la lucha política diaria. En la política argentina de los últimos diríamos 20 años, o desde el reinicio de la democracia e incluso en los períodos en los que no gobernó, el peronismo siguió siendo un hecho central de la política argentina. Y uso esa expresión, de 'hecho central de la política argentina', porque es una definición que usaba Rodolfo Walsh", provoca Piñeiro. Es un buen disparador para lanzarse a la entrevista.

-"El hecho central de la política argentina" y no "el hecho maldito del país burgués" como sostenía Cooke…

-Exacto. Es el hecho central de la política argentina. No creo que sea un hecho maldito. Por supuesto, en discursos políticos sesgados se puede decir que fue un hecho maldito. Yo personalmente no lo creo así. Eso es una lectura muy interesada de las palabras que en su momento dijo Cooke. A mi entender, si lo pudiéramos definir en una sola frase, y en una frase muy corta de palabras, yo creo que el peronismo fue el generador más grande de ciudadanía que tuvo la política argentina.Porque ser habitante no es lo mismo que ser ciudadano. Ciudadano es la persona que accede al derecho político pero también a los derechos sociales, a saber que él forma parte de esa comunidad, que esa comunidad lo cuenta como un miembro, que él es un actor de la historia a la que está forjando él mismo cada vez que sale del taller, que sale detrabajar, que sale de un hospital. Esa mística que crea el peronismo es simplemente generar ciudadanía, generar ciudadanos. Por eso, cuando tantos critican al peronismo por no ser democrático, yo digo que la forma de generar una democracia más profunda –ojo, no perfecta- es generar ciudadanía profunda. 

-El peronismo histórico ha sido acusado de utilizar la industria cultural y los medios para consolidar un liderazgo de tipo carismático, con movilización de las masas. Y de caer en cierto autoritarismo. Esa visión, reflejada en el libro de Silvia Mercado sobre Raúl Apold, reaparece en las críticas al kirchnerismo a partir del uso de la palabra "relato". ¿Qué opina?

-En los años '20, '30 y '40 estaba generalizado el autoritarismo político. La relación entre el liderazgo y las masas pasaba por una forma algo autoritaria. En realidad, el autoritarismo de Perón fue el último estertor de ese modelo, el último ejemplo. Pero era un autoritarismo bastante lavado, bastante light. No podemos decir que Churchill, De Gaulle, el primer Mussolini, Vargas, Roosevelt, fueran ejemplos de una democracia demoliberal como podemos entender hoy. El grado de evolución de los sistemas de comunicación llevaba a esas enormes concentraciones de masas: junto con la radio eran el único medio efectivo para lograr una comunicación en gran escala. Los medios periodísticos eran importantes pero pensemos que las masas no tenían el grado de alfabetización que se tiene hoy: la prensa tenía una llegada bastante segmentada y elitista. Es muy difícil pensar que un obrero argentino, o un campesino argentino de fines de la década del '30 y principios de los '40, estuviera alfabetizado. Después del peronismo sí lo estaba. Todos los gobiernos –creo- tienen el legítimo derecho de hacer conocer cuáles son sus proyectos, sus planes. Eso forma parte de la sana democracia. ¿Qué se le va a pedir a un gobierno? ¿Que oculte sus proyectos, sus genuinos logros? Entonces muestra y exhibe lo que logró. Con los medios y mecanismos propios de esa época. ¿Eso qué es? ¿Propaganda? ¿O decir las verdades?

-Quizá un opositor de Perón en aquel momento trataría de poner en discusión todo lo que se dice. Como sucede hoy en los medios opositores al kirchnerismo.

-En medio del fragor político, en el medio de una disputa de poder, uno dice muchas cosas. Es como en la guerra: la primera víctima es la verdad. Para compensar eso después hay dos factores: el paso del tiempo y el estudio más objetivo que hacen los historiadores tomando distancia. Y la verdad va emergiendo. Primero pueden ser cifras discutibles, hechos discutibles, pero luego la historia va poniendo los números y las cosas en perspectiva, en su verdadera dimensión. En el caso del peronismo, yo sostengo que los números y los logros fueron tan certeros, y tan verdaderos, que esa es la razón por la que hoy pervive. No es por ningún proceso mágico, ni milagroso.

-Alguna vez se ha dicho que el peronismo es una revolución inconclusa. Que en su propia esencia contiene una dificultad para completarse porque en un país con la estructura productiva de la Argentina, cuando se amplían derechos, se crea ciudadanía y se fortalece el consumo popular, eso genera la necesidad de ampliar la inversión. Y entonces no alcanza con el Estado. Y empiezan a escasear los dólares necesarios para importar insumos para la industrialización. 

-Yo no soy partidario de la expresión que sostiene que el peronismo es una revolución inconclusa. No. El peronismo es una revolución. Y lo fue. Y lo comprobó. Eso está claro. Para encontrar una buena síntesis le diría que el peronismo es la única oportunidad revolucionaria que tiene la Argentina.  

-¿Por qué?

-Es el único movimiento político capaz de transformar las estructuras argentinas en el plano económico y social. Por su historia, por su interrelación con las masas, por su capacidad de conducción. Todo eso es el peronismo. El peronismo fue revolución y va a ser revolución. Porque los cambios a los que podemos aspirar en la Argentina es impensable que se puedan alcanzar si no es de la mano de una estructura peronista.  

-Y esta incapacidad que el peronismo tiene de sostener en el tiempo algunos niveles de vida alcanzados, ¿cómo lo puede afectar? 

-Es muy difícil comparar dos momentos históricos. Porque son dos momentos históricos muy distintos de la Argentina, pero también muy distintos del mundo. También los liderazgos de Perón y Eva Perón eran absolutamente particulares y especiales. Mi opinión en eso es muy clara. Esos liderazgos no fueron igualados y tampoco pueden ser igualados. Hoy el mundo es muy distinto. 

-¿Pero la decadencia argentina es producto del peronismo, como sostienen algunos polemistas como -no se ría- Fernando Iglesias?

-(Sonríe) El peronismo fue el mayor creador de ciudadanía, de derechos sociales, de consolidarlos con la política y con la práctica. Y se esforzó por sostenerlos a pesar de todas las contradicciones… Aunque el mundo era muy diferente en el momento en que se estructuraron esas políticas. Pensemos nada más en el Consenso de Washington, que de Consenso tenía poco y de Washington tenía mucho. Eso es un condicionamiento para la periferia enorme. Los conceptos de (Raúl) Prebisch, esa identificación perfecta entre centro y periferia, siguen siendo muy actuales. Nosotros somos periferia. Y las cosas se hacen mucho más difíciles hoy que en el año ’45. Que era un mundo de posguerra, un mundo tambaleante, con un centro y una periferia que ya se empezaban a perfilar pero no era algo tan taxativo como fue después. La diferencia en los términos de intercambio no era adversa en ese momento para la periferia. El kilo de carne valía, el kilo de trigo valía. Luego la diferencia en los términos de intercambio, el diferente desarrollo tecnológico: eso fue conformando la periferia. Y nosotros hemos quedado en ese mundo. Por lo tanto, hoy, todo proceso de transformación es mucho más complejo. Es mucho más difícil. El proceso de peronismo reciente que hemos tenido, que ha llevado unos diez años, objetivamente tiene menos logros que los que obtuvo en sus diez años iniciales Perón. Ahora, ¿por qué? Bueno, podrían haberse hecho las cosas de una manera o de otra; podrá haber muchas discusiones alrededor de eso. Porque tenemos un mundo mucho más adverso. Hoy tenemos jugadores globales que en otra época no existían. La periferia ya tiene casi dos grados: hay periferias de clase A, periferias de clase B y clase C. Nosotros venimos de una periferia en retroceso; no nos pasó el fenómeno de Brasil, que de una periferia más retrasada se acercó casi a ser un país central. En la medida que todo eso se consolida, las posibilidades genuinas de cambio son muchísimo menores.

-Los márgenes de autonomía para un gobernante son muchísimo menores.

-Totalmente. Muchísimo menores. ¿Desde hace cuántos años sucede que acá se levanta un ministro de economía y antes de preguntar si está servido el café con leche pregunta a cuánto cotiza la soja en Chicago? Tenemos un grado de restricción muy grande. Y por lo tanto, a veces resulta muy difícil que el ciudadano común entienda esto: el proceso de cambio se hace mucho más difícil. Se hace más complejo. No es tan sencillo. Y no es un problema de calidad de liderazgo, que lo puede haber. Hay un contexto diferente. Nuestra inserción en el mundo es muy diferente. Para peor. Con rivales cada vez más fuertes que han aparecido en los últimos 30 años compitiendo con la estructura argentina. Como todos aquellos que pueden proveer alimentos. Hoy estamos hablando del boom que se avecina en África. Yo  no quiero saber qué nos va a pasar. Ojalá que nos agarre en un estado de industrialización de nuestras materias primas lo suficientemente sofisticado para que esa producción masiva no compita con la nuestra. Porque si nos agarra como está hoy nos hace polvo. No sé de qué vamos a vivir, esperemos que la soja sea rica porque la vamos a tener que comer nosotros. Estamos en un mundo en el que las posibilidades de achicar las brechas de desigualdad en una sociedad periférica son mucho más difíciles y mucho más complejas que hacerlo en el centro. Nosotros no tenemos el suficiente capital inicial, no tenemos el stock tecnológico para iniciar el proceso de transformación, no dominamos la conformación de precios en los mercados mundiales, no controlamos los sistemas de transportes de nuestras propias mercancías, no dominamos el sistema financiero, no dominamos el sistema de seguros. 

-Igual hay que intentarlo, ¿no? ¿O hay que resignarse a ser un simple país productor de materias primas sin valor agregado?

-Nooo. Para eso dame una pistola y me suicido. Si la Argentina no se pone en un proceso de transformación, de enriquecimiento industrial de nuestras materias primas, y seguimos produciendo soja en modo extensivo, si no industrializamos todo eso, cuando China encuentre otro operador global que le provea lo que necesite, estaremos perdidos.

 INSERCIÓN 

"Nuestra inserción en el mundo es muy diferente. Con rivales cada vez más fuertes que han aparecido compitiendo con la estructura argentina".

 LOGROS 

"En el caso del peronismo, yo sostengo  que los números y los logros fueron tan certeros, y tan verdaderos, que esa es la razón por la que hoy pervive. No es por ningún proceso mágico, ni milagroso".

 REVOLUCIÓN 

"El peronismo fue revolución y va a ser revolución porque los cambios a los que podemos aspirar en la Argentina es impensable que se puedan alcanzar si no es de la mano de una estructura peronista".

 INDUSTRIALIZACIÓN 

"Si la Argentina no se pone en un proceso de enriquecimiento industrial de nuestras materias primas, y seguimos produciendo soja en modo extensivo, cuando China halle otro operador global que le provea lo que necesite, estaremos perdidos".