La presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, se encuentra acorralada por los sectores económicos concentrados, el sistema financiero, y la oposición. Con una popularidad que roza un mínimo del 8%, la primera mandataria, que triunfó el 5 de octubre del año pasado con 51,54% de los votos, se embarcó en una política de fuerte ajuste fiscal que implicó una devaluación del 50% con un recorte de gastos de U$S 23.300 millones, afectando el Programa de Aceleración del Crecimiento y el Minha Casa, Minha Vida, entre otros.

Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. El déficit primario se disparó a U$S 2780 millones en agosto, y el rojo del acumulado en los últimos 12 meses ascendió a 0,89% del PBI, el valor más alto en los últimos 15 años. A pesar de las devaluaciones, las exportaciones cayeron un 24,32% interanual en agosto, 20 puntos porcentuales más que en junio, y el Banco Central de Brasil anunció la subasta de U$S 1500 millones para evitar mayores depreciaciones. El desempleo ascendió en julio al 7,5%, 2,6 puntos más que el mismo momento de 2014, y el aumento interanual del Índice de Precios al Consumidor para agosto fue del 9,53%, 0,03 puntos menos que en julio.

Esta coyuntura cambia las perspectivas económicas para la Argentina, y al mismo tiempo permite reflexionar sobre las políticas internas y los desafíos en términos de inserción comercial y las políticas regionales. Consultados por Tiempo Argentino, los economistas Martín Burgos, del Centro Cultural de la Cooperación (CCC), Claudio Katz, de Economistas de Izquierda y Fernando Porta, profesor de la Universidad de Buenos Aires analizaron cuáles son las lecciones del caso brasileño.

"El sector externo tiene problemas en toda la región. Pero mientras en otros países se dejaron estar gracias al flujo de capitales externos, la Argentina tomó conciencia de que había que sustituir importaciones".

"Hay que ver a Brasil como un espejo en lo económico pero también en lo político de lo que puede ser la Argentina después de diciembre si hay un ajuste. Incluso una candidata que habla en contra del ajuste es condicionada por la bolsa y los mercados cuando asume", sostuvo Claudio Katz. El economista puntualizó que "Dilma terminó accediendo a las condiciones de la clase dirigente. No sólo porque contrató a Joaquim Levy para el ministerio de Hacienda, que es el equivalente a Carlos Melconián, sino a Kátia Abreu, que es una embajadora del agronegocio, en el ministerio de Agricultura."

Mientras que para Katz el panorama de la Argentina en 2016 se asemeja al del país carioca independientemente de quién gane las elecciones en octubre, Fernando Porta destacó las políticas anticíclicas del actual gobierno: "La Argentina ha tratado de manejar los dilemas de la crisis mundial con más capacidad de defender una hipótesis de un desarrollo inclusivo que Brasil. Defender el empleo y los salarios es mucho más efectivo que un enfoque amistoso hacia los mercados."

Martín Burgos, por su parte, destacó dos lecciones fundamentales. Para el economista del CCC, los errores a destacar consisten en "que los ajustes fiscales no sirven para nada, porque deprimen el empleo, los salarios, el consumo, la producción y la recaudación, por lo que el problema se termina agravando. Y desde el lado del sector externo, que no nos tenemos que dejar embelesar por el endeudamiento y hay que sustituir importaciones e industrializarse."

En este sentido, Burgos destacó el desendeudamiento y la administración del comercio y del mercado cambiario. "El sector externo tiene problemas en toda América Latina. Pero mientras en el resto de los países se dejaron estar gracias a los flujos de capitales, las restricciones de la Argentina permitieron tomar conciencia de que la única solución es empezar a sustituir". Burgos enfatizó que "Brasil llega a esta instancia por su deuda. Ahora lo que están debatiendo los términos en los que ésta se debe pagar. Por eso las exigencias de las calificadoras de un ajuste."

Por otro lado, el economista del CCC puso en tela de juicio si "Brasil se propuso algo tan importante como salir del subdesarrollo en la última década".

En el fondo, los debates sobre un ajuste remiten a un reclamo de una parte importante de los empresarios brasileños para bajar los salarios reales de los trabajadores, que han tenido un incremento importante a partir del primer gobierno de Lula Da Silva. Según el trabajo "Mercado de trabajo y evolución de los salarios en Brasil", del profesor Ricardo Summa, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), el salario mínimo real creció un 103% entre 2003 y 2013 y el salario medio real tuvo un incremento de 3,4% promedio de 2006 a 2013. 

Esto despertó recelos en la oposición y en el empresariado. El economista de la oposición, Luis Carlos Mendonça de Barros, dijo en enero que "lo que ella (Dilma) tiene que hacer (y ya está haciendo) es flexibilizar el mercado de trabajo. En otras palabras, generar desempleo. Los sindicatos se volverán débiles y negociarán en términos más razonables. Para hacerlo, la economía no crecerá por dos años."

Los empresarios también pidieron más ajuste. Las Federaciones de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP) y la de Río de Janeiro (FIRJAN) sostuvieron en un comunicado que "es hora de implementar un riguroso ajuste fiscal en el país. No uno de mentira. Brasil reclama un ajuste fiscal de verdad y basado en el recorte de gastos. La sociedad no aguanta más pagar a costa de la incompetencia del Estado". El texto pidió "adoptar una regla de oro para que el gasto no pueda elevarse por encima del crecimiento del PBI", y "que se implemente un osado programa de venta de activos públicos". Katz criticó el ajuste impulsado por Dilma y el PT, y opinó que "en un país en el que los activos fuera del país alcanzan el 28% del PBI y el 0,05% de la población tiene el 22,7% de la riqueza, el gobierno salió a respaldar a los sectores dominantes, dándole la espalda a su base electoral". Sin embargo, esto no le ha servido para llegar a un acuerdo con la oposición y evitar el impeachment: "Una vez que envalentonás a la fiera, esta va por todo, no se contenta con sólo una parte. Y mientras tanto, desmoraliza a los seguidores, que son los que podrían defender el proyecto de gobierno", se quejó Katz.

Pero las lecciones del caso brasileño se extienden también a la política exterior de la Argentina y de los modelos de integración regional. En términos generales, todos los especialistas defendieron la integración con Brasil a través del Mercosur, pero también se mencionaron críticas a la estrategia del país vecino, y advirtieron la necesidad de cierto margen de diversificación de los destinos de las exportaciones industriales. "La integración del Mercosur tiene un carácter geopolítico, es preferible ir unidos a estar negociando cada uno individualmente", defendió Burgos. Para Katz, en cambio, es prematuro aún sacar conclusiones. "Es muy difícil de decir porque una parte importante del gobierno del PT está más a favor de los Tratados de Libre Comercio que de apostar a la región, pero no ha sido la postura dominante hasta ahora", puntualizó. Este grupo es el que ha intentado avanzar en un acuerdo con la Unión Europea. Según Porta, "hay una parte de los sectores agrícolas y del agrobusiness que quieren un tratado, que beneficiaría las exportaciones de materia prima, pero que al sector industrial lo perjudicaría mucho". El economista de la Universidad de Quilmes, por lo tanto, pidió tratar el problema "con mucho cuidado". El sector automotriz, muy golpeado por la caída del mercado brasileño, también deberá rever algunos productos y destinos. Para Burgos, "hay cierto margen en la producción de 4x4, que puede exportarse no sólo a Brasil, sino a la región entera y a África, pero es difícil saber cuál es el potencial para la próxima década". Porta, en cambio, resaltó que "la industria automotriz no existiría en la Argentina sin los acuerdos con Brasil en el marco del Mercosur", por lo que su destino no puede escapar a los problemas del país vecino, y sostuvo que "hay que negociar convenios con otros países desde el propio organismo regional". Más allá de los beneficios de esas negociaciones, "el sector puede realizar reformas marginales que mejoren la performance exportadora." Pero para seguir avanzando, el propio Mercosur debe ser discutido. Así como Dilma eligió el camino ortodoxo del ajuste, Brasil ha elegido una estructura regional más afín al libre mercado, y amenaza con profundizarlo con la propuesta de acuerdo con la Unión Europea. Para Porta, "el Mercosur debe ser rediseñado completamente. Es lamentable, pero tiene una impronta de origen, de dejar muchas cuestiones en manos del libre mercado, que tiñe las buenas intenciones de los propios países." El economista puntualizó que "una unión aduanera sin coordinación de políticas de ciencia y tecnología, de infraestructura, industriales, y macroeconómicas no funciona". Por ello, Porta abogó por "un comercio mucho más administrado, planificado y acordado entre los países, para evitar que una situación de crisis en un país como Brasil luego genere situaciones de competencia extrema, como las guerras comerciales, que solo benefician a unos pocos empresarios".

DEFENDER EL EMPLEO

"Argentina ha manejado la crisis mundial con más capacidad de defender una hipótesis de un desarrollo inclusivo que Brasil. Defender empleo y salarios es mucho más efectivo que un enfoque amistoso hacia los mercados", dijo Fernando Porta, economista.

SUSTITUIR IMPORTACIONES

"El sector externo tiene problemas en toda la región. Pero mientras en otros países se dejaron estar gracias al flujo de capitales externos, la Argentina tomó conciencia de que había que sustituir importaciones", señaló Martín Burgos, economista.