La decisión del jueves pasado de la FED de mantener las tasas de interés bajas entre el 0%-0,25% se vivió como un respiro luego de la neurosis que los mercados presentaron mientras se acercaba el dictamen por parte de la Reserva Federal de los EEUU sobre la suba o no de las tasas de interés de referencia. No faltaron incluso las sugerencias de que las suban,como argumento para frenar la volatilidad que la propia incertidumbre generaba.

Es que el aplazamiento al incremento en el rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano será nuevamente evaluado en la próxima reunión del organismo en octubre próximo. Según declaró la presidenta de la FED, Janet Yellen en la conferencia de prensa posterior al anuncio, allí se revisaran de nuevo los resultados de empleo e inflación de los EEUU, y el escenario económico y financiero global. 

Esta vez, según consignó Tiempo Argentino, la incertidumbre respecto de la decisión a tomar se sintió más fuerte, lo que se manifestó a su vez en el cierre mixto de las bolsas. Y esto sólo puede explicarse en tanto que las tensiones detrás del dilema sobre subir o no las tasas llegan a su extremo. De acá que el anunciamiento dista de haber sido un verdadero respiro, porque en definitiva pareciera ser que la propia FED no sabe qué hacer frente a las leyes económicas que impone el ciclo de acumulación y crisis del capital mundial.

El dilema de la FED, es el dilema del capital

Gran parte de esta incerteza vino de la mano del informe de empleo de agosto de los EE UU, que fue considerado "mixto" por los analistas. En tanto los niveles de empleo se incrementan en el país del norte, mayor es la presión para la suba de las tasas y la salida a la política de estímulo de crédito barato. Pero si bien la tasa de desempleo alcanzada el mes pasado fue la más baja de los últimos siete años con el 5,1%, ello se dio conjuntamente con un incremento moderado del salario medio y con la creación de 173 mil puestos de trabajo, por debajo de los 220 mil previstos. Asimismo el objetivo del 2% de inflación anual aún se encuentra lejos de los datos que mostraron un 0,2% en los 12 meses a agosto.

Las presiones tanto para la suba de tasas de interés como para su baja son varias. Por un lado el aumento implica una mejora en los rendimientos de la deuda norteamericana, lo que favorece a los acreedores en general y específicamente a los tenedores de bonos de los EEUU, de aquí que justamente ello pueda desembocar en una "guerra de tasas" y del encarecimiento global del crédito al intentar refrenar el flujo de capitales hacia estos bonos menos riesgosos y con mayor rendimiento relativo frente al de los emergentes. 

Así, una mejora en el rendimiento de los bonos "más seguros" del planeta frente a un esquema financiero y económico bastante hostil, se presentaría como un mejor resguardo de valor frente a la crisis mundial. 

Por otra parte las bajas tasas por mayor liquidez vinieron de la mano de la depreciación del dólar luego de la crisis de 2008 y por tanto el aumento en el precio de los commmodities y de las bolsas de valores del mundo mediante una mayor oferta de divisas en los mercados. Con la creciente apreciación del dólar al finalizar el plan de compra de activos e inyección por parte de la FED que contribuyó a alcanzar una deuda pública de más de 18 billones de dólares (un poco mayor a su PBI), se sucedió la baja en el precio de las materias primas agravando los balances de los países emergentes, y la salida de capitales desde estas economía hacia los países más desarrollados. Así tuvo su impacto en la caída de la bolsa en China, a su vez traccionada por la crisis de la deuda en Europa.  

Pero la apreciación del dólar que se sucede desde el fin del plan de estímulo es asimismo un factor más de deflación para los EE UU y de menor competitividad, aunque a su vez limita los niveles de endeudamiento privado, que muchos señalan estaría generando burbujas en torno a la compra de acciones antes que en significativas inversiones que se reflejen en niveles de empleo aún mayores. De aquí que el estímulo de bajas tasas puede tener su doble filo.

Fundamentalmente es la competencia de capitales. Porque atraer capitales y succionarlos desde los emergentes pasa a ser una mejor alternativa frene al excesivo endeudamiento como estímulo a la economía, pero a su vez puede impactar en la balanza comercial de los EE UU vía apreciación del dólar, y vía colapso financiero mundial. De aquí que el propio Banco Mundial y el FMI adviertan de que no es el momento de subirlas. El tema es cuándo lo será. 

Y el dilema supera a la propia FED teniendo en cuenta que la política monetaria de bajas tasas como incentivo a la reactivación económica comienza a presentar limitaciones, pero su opuesto, el enfriamiento económico, no pareciera ofertar mejores soluciones. El Banco Central Europeo, elBanco Popular de China, el Banco Central de Japón, vienen acudiendo a mecanismos de incremento de liquidez y compra de activos para mejorar la performance económica. Y los resultados evidentemente no son aun claramente óptimos.

Pobres emergentes

El impacto sobre los emergentes a partir de la suba de las tasas de interés de los bonos soberanos de los EE UU ya se lo conoce. Desde que fuera anunciada, en mayo de 2013 por Ben Bernanke, se sintió la salida de los capitales hacia los países desarrollados. Según un informe del Banco Mundial, la suba de las tasas que "se encuentran excepcionalmente bajas en la mayoría de las economías y en algunos casos incluso negativas", implicaría un encarecimiento del crédito en general con mayor impacto para los países emergentes que encuentran muchas veces en el endeudamiento una forma de atraer divisas especialmente en un escenario actual de fuerte caída del comercio mundial. 

El informe advierte sobre cómo el crecimiento de los rendimientos de los bonos a diez años luego de mayo de 2013, resultó en una fuerte volatilidad e impacto para los emergentes vía shocks monetarios desfavorables, y ello sólo con el simple anuncio de Bernanke de hacerlo inminentemente. 

Así los capitales se refugiaron en los bonos del Tesoro norteamericano, se reorientaron los flujos de capitales hacia los EE UU y Europa, se depreciaron las monedas de los mercados emergentes, y aumentaron los spreads de los bonos, se redujo la liquidez, y ello "forzó a muchos países emergentes a endurecer su propia política monetaria, intervenir en los mercados de cambio y hasta introducir medidas excepcionales para prevenir la fuga de capitales". 

De esta manera "en un contexto de moderado crecimiento global, debiles flujos de comercio y bajos precios de los commodities, la repentina creación de riesgos durante el ciclo de endurecimiento podría llevar a una caída significativa de ingresos de capitales en los países emergentes de más del 2,2% de su PBI luego de un año", remarca el organismo.

 REACTIVACIÓN . 5,1% de desempleo se registró durante el mes pasado en los EE UU. Se trata del índice más bajo de los últimos siete años.

Una exposición que no es igual para todos

Según el Banco Mundial, el impacto de la suba de tasas sobre los países emergentes dependerá de sus propios mecanismos de trasmisión del shock originado en los países centrales. Su exposición al capital extranjero, su propio nivel de endeudamiento, sus balances monetarios y fiscales entre otros factores serían los protagonistas de la intensidad en que lo perciban. Pero en términos generales las estimaciones señalan que con un incremento de 100 puntos de la tasas de interés de los EE UU, la caída de flujos de capitales a los mercados emergentes puede encontrarse en un rango de entre el 18% y el 40%, correspondiéndose a entre el 0,8 y el 1,8 puntos porcentuales del PBI. Durante el tapering (fin del programa de estímulo norteamericano), cerca del 12% de los mercados emergentes y países en desarrollo experimentaron sostenibles caídas de flujos de capitales, siendo Brasil, India, Indonesia, Sudáfrica y Turquía los más afectados, y por tanto los que respondieron con una suba de sus tasas de interés.

El informe advierte que las interrupciones repentinas de flujos de capital en los '90 y en la década de 2000, tuvieron costos económicos significativos en este tipo de países, siendo los sectores más expuestos los fuertemente dependientes del financiamiento "incluyendo construcción, comercio minorista y mayorista, transporte y comunicaciones". Las perspectivas de crecimiento se fueron reduciendo sobre los emergentes, incluso desde 2010, y lo mismo el crecimiento de inversiones extranjera que se encuentra en niveles más bajos a los previos a la crisis de 2008.