Enviado de Tiempo Argentino a Cuba.

Si las señales que ayer lanzó Francisco estaban dirigidas a Washington, desde la capital de los Estados Unidos los gestos fueron anticipados antes del arribo papal a la capital cubana. El viernes, cuando Jorge Mario Bergoglio armaba las valijas para salir hacia Cuba, el Departamento de Estado le pidió al Congreso norteamericano que revise el bloqueo que sostiene hace medio siglo. La Casa Blanca lanzó el mensaje antes del comienzo de la gira pontificia, pero una semana después de que el presidente Barack Obama decidiera prolongar las sanciones contra la Revolución Cubana, que decidió aplicar el entonces presidente John F. Kennedy en 1962. El embargo económico data desde entonces, se basa en la Ley de Comercio con el Enemigo, creado en 1917. De acuerdo a la decisión que tomó el presidente norteamericano, antes del 14 de septiembre pasado, los secretarios de Estado y del Tesoro deberán mantener los castigos contra Cuba hasta la misma fecha de 2016.

Los pedidos de la Casa Blanca hacia al congreso son vistos desde La Habana como un discreto alineamiento con los dos discursos más esperados que dará Bergoglio en los Estados Unidos.

Los datos de esa tensión pueden pasar inadvertidos para el mundo, pero no para el cubano de a pie, que sigue en detalle la evolución del castigo impuesto por Kennedy y, desde entonces, renovado sistemáticamente por todos sus sucesores hasta la actualidad. El 75% de la población cubana nació después de la revolución de 1959. El dato confirma que el castigo económico ha marcado la vida de cuatro generaciones de cubanos en los últimos 55 años. El dato no pasa inadvertido para la curia vaticana, ni mucho menos para Bergoglio, que también profundizará sus críticas contra el bloqueo al calor de los cuestionamientos vaticanos al socialismo real.

Con ese mar de fondo, los pedidos de la Casa Blanca hacia al congreso son vistos desde La Habana como un discreto alineamiento con los dos discursos más esperados que dará Bergoglio en los Estados Unidos. El primero esta agendado para las 9:20 del próximo jueves 24, cuando Francisco hable ante el Capitolio y, posiblemente, redoble el pedido lanzado por orden de Obama. Algunos apuestan a un concreto mensaje para la mayoría republicana del congreso, que sigue prometiendo impedir todo el proceso que lidera el Papa argentino.

La segunda enunciación que más expectativas genera en Cuba sucederá al día siguiente. A las 8:30 de la mañana del viernes 25, cuando Bergoglio haga uso del sitial previsto para el jefe del Estado Vaticano en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Para esa fecha, Francisco estará a dos días de concluir la ambiciosa gira entre los dos países. Ya habrá cerrado, también, la tercera visita papal a Cuba, el país latinoamericano que más pontífices ha recibido, precedido por Juan Pablo II en 1998, durante pleno período especial, y luego por Benedicto XVI, en 2012. En Nueva York, Bergoglio no estará solo, sino acompañado por su anfitrión antillano Raul Castro, que asistirá a escucharlo, pero también a presentar la iniciativa que Cuba impulsa todos los años en la ONU para condenar el bloqueo. Como ocurre desde hace décadas, los pedidos para terminar con el castigo serán votado casi por unanimidad, salvo por los Estados Unidos que siempre votó en contra. La esperanza, dicen en tierra habanera, es que esta vez Washington decida abstenerse. Quizás por esa razón los ojos de 11 millones de cubanos no sólo estarán puestos en la recorrida que haga el Papa jesuita por su país, sino por Washington y Nueva York, especialmente para saber si el proceso histórico que ha comenzado calará hondo en sus vidas cotidianas.