Barack Obama recibió, en un gesto inédito para un inquilino de la Casa Blanca, al Papa Francisco en la base Andrews de Washington. El presidente, a quien la derecha cerril estadounidense alineada en el Tea Party -teñida del extremismo de los cubanos exiliados- considera socialista, le estrechó la mano con fervor y casi se veía que con alegría al jefe del Vaticano, al que esa misma derecha tilda directamente de comunista.

Le debe mucho Obama al obispo de Roma, que llegaba desde Cuba, una de las astillas en la pata de Estados Unidos que el Pontífice argentino está ayudando a extirpar.

La sociedad que formaron desde el primer encuentro en marzo de 2014 va en el camino de lo que en estos días podría entenderse como progresista. Llamar socialista al pensamiento de Obama es una descripción cercana al ridículo. Algo similar podría decirse sobre el supuesto comunismo del papa.

Pero el discurso dominante en los medios masivos estadounidenses y en algunos de la Argentina se corrió tanto que cualquier mirada levemente centrada en los pobres o en la injusticia les suena a revolucionario. O lo ponen en la misma bolsa, cosa de que no se cambie el eje de los debates.

Obama no es socialista y Jorge Bergoglio, obviamente, no es comunista. De todas maneras, se encargó de aclararlo antes de ingresar al país donde encontrará mayor oposición mediática. El país donde el discurso políticamente correcto murió hace años y se puede lanzar cualquier acusación, por infundada que parezca, sin ponerse colorado. Algunos políticos y periodistas locales copiaron el estilo con particular suceso.

"Sobre ser comunista o no comunista: estoy seguro de no haber dicho nada más de lo que está en la doctrina social de la Iglesia", señaló Francisco en el avión. "Y si es necesario que recite el Credo, estoy dispuesto a hacerlo ", abundó, por las dudas. Luego les puso su freno, de manera diplomática, eso sí, a los llamados disidentes cubanos, tan exacerbados como los Tea Party, que protestaron ante cuanto micrófono encontraron porque el Pontífice no los había recibido. Dijo que no se había propuesto "dar audiencias, ni a los disidentes ni a los otros, porque era una visita a un país, y sólo eso".

No es un camino fácil el de los aliados.