Si elige verdad, lea lo que sigue. Seguro escuchó que perdimos "competitividad" y que es inexorable "corregir" el tipo de cambio. Los economistas neoliberales dicen que una devaluación aumentaría exportaciones, reduciría importaciones y santo remedio.

Sin embargo, la evidencia empírica muestra que la sensibilidad de exportaciones e importaciones a la variación del tipo de cambio es marginal. En cambio, el efecto inflacionario y regresivo sobre el salario real es significativo. Ergo, una devaluación es recesiva (más si viene seguida de un ajuste fiscal). Es que el crecimiento del mercado interno estimula la inversión y, con ella, la importación de bienes de capital e insumos. Las exportaciones, por su parte, están determinadas por la demanda externa que se ha desplomado tras la crisis internacional.

De hecho, una devaluación sólo podría mejorar el saldo comercial, provocando una recesión que contraiga las importaciones, al costo -¡nada menos!- de afectar el nivel de empleo. El ajuste del tipo de cambio no puede hacer el trabajo de la política industrial sustitutiva de importaciones y promotora de exportaciones, ni compensar la mala praxis de los programas de austeridad que deprimen al mundo.

Sería simple que una variable resuelva todo, pero la realidad es más compleja y exige una estrategia de desarrollo conducida por un Estado que invierta en infraestructura, mejorando la competitividad sistémica, estimule el desarrollo tecnológico, y sostenga una macroeconomía para el desarrollo que garantice la robustez de la demanda interna, condición de posibilidad de la industria. 

¿Y los economistas neoliberales no lo saben? El problema no es de ignorancia, sino de los  intereses que representan: los de los sectores exportadores y financiero, beneficiarios de una devaluación.

Ahora, si su opción es consecuencia, puede votar PRO/Cambiemos, obtener una macridevaluación, licuación de su salario, inflación cambiaria, mercado interno en retracción y, tras la afectación sobre el nivel de actividad, su trabajo en riesgo. ¿Y las exportaciones? Bien gracias, mientras el mundo siga en crisis. Por supuesto, la última palabra es suya, y la deposita en la urna este octubre.

¿Mi recomendación? A menos que sea un gran exportador o tenga una fortuna fugada en dólares, no sea zonzo. No le haga el caldo gordo a los que atentan contra su legítimo interés. Elija la verdad. Que con la verdad construimos la Victoria de la Argentina, que es la suya propia.