Por Hernán Dearriba, enviado especial de Tiempo Argentino a Nueva York.

Cristina redondeará hoy la nada despreciable marca de asistencia a ocho Asambleas Generales consecutivas en la ONU. La presidenta siempre aprovechó el atril del hemiciclo en el que se plantea la democracia global como una herramienta para sus planteos políticos. Y nunca pasó inadvertida.

En su primera alocución, en 2008, Cristina no ahorró críticas a los EE UU en medio de la crisis financiera originada en ese país. "Hoy ya no pueden hablar del efecto caipirinha o tequila, del efecto arroz o del que siempre denotaba que la crisis venía de los países emergentes hacia el centro. Hoy, si tuviéramos que ponerle un nombre, deberíamos decir efecto jazz", señaló entonces. Y planteó la reformulación los organismos multilaterales, pregón que trasladaría luego, insistentemente, al G20.

Propuso, con el respaldo del G77+China, un proyecto para regular la reestructuración de la deuda soberana, que recibió un amplio respaldo en la Asamblea hace dos semanas.

En 2009, centró sus cuestionamientos en el iraní Mahmoud Ahmadinejad, a quien le reclamó que habilite la extradición de ciudadanos de su país para que respondan ante la justicia argentina por las acusaciones sobre el atentado a la AMIA. 

Ese ataque fue el eje de su discurso en 2010, cuando propuso a Irán la elección de un tercer país para enjuiciar a los iraníes acusados por la justicia local.

En 2011, en la previa del 30º aniversario de la guerra de Malvinas, enfocó su discurso en un nuevo reclamo a Londres para que negocie la soberanía de las islas, tal como lo plantea la ONU. En rigor, Malvinas fue un tema recurrente en las presencias de CFK en la ONU, que no se limitaron a la Asamblea General. Incluyeron al comité de Descolonización y el Consejo de Seguridad.

Un año después, sorprendió al anunciar el inicio de negociaciones con Irán para firmar un acuerdo que destrabara la investigación por la AMIA. Argumentó que era una estrategia para permitirle a la justicia argentina avanzar en un caso paralizado por la negativa de Irán a extraditar a los acusados. 

En 2013, CFK aprovechó esa tribuna para reclamar a Teherán el cumplimiento del acuerdo. Y planteó la necesidad de reformular el Consejo de Seguridad. Además de ello, abordó con crudeza las demandas de los buitres contra la Argentina en la Corte de Nueva York: planteó la necesidad de establecer "una regulación global de mercados". Recordó con ironía las "declaraciones fantásticas" del G20 sobre las guaridas fiscales y calificadoras de riesgo. Pero reclamó "una normativa para una gobernanza global" y el "respeto a la soberanía de los países,  fundamentalmente la de los que queremos cumplir".

En 2014, el conflicto con los buitres terminó de estallar a partir de las resoluciones de Thomas Griesa. CFK denunció el "terrorismo económico" de "los que desestabilizan la economía de un país y provocan hambre y miseria a partir del pecado de la especulación".

Propuso, con el respaldo del G77+China, un proyecto para regular la reestructuración de la deuda soberana, que recibió un amplio respaldo en la Asamblea hace dos semanas.

Ese será uno de los ejes centrales de la presentación que ofrecerá esta tarde, cerca de las 16 (una hora más en la Argentina). La última a la que asistirá como presidenta, con el condimento adicional de la visita previa del Papa y el 70º aniversario de un organismo que se resiste a asimilar los cambios en el equilibrio de poder global y mantiene el esquema que surgió tras la Segunda Guerra Mundial del siglo pasado.