El politólogo Julio Burdman camina despacio entre murales que exhiben imágenes de la historia del peronismo. Son las paredes de un local partidario, la sede del PJ porteño, y en los muros se ven los rostros de Perón y Evita, de Néstor y Cristina; en un tabique que separa dos ambientes se despliega otro mural con escena fundante: las patas en la fuente de la Plaza de Mayo. Doctor en Ciencia Política del Instituto de Estudios Políticos de París, Burdman es investigador, docente universitario y analista. Buena parte de sus estudios giran en torno a un fenómeno imposible de obviar cuando se trata de Argentina: el movimiento creado por Perón. “Hoy el peronismo es el único partido a nivel nacional es el peronismo”, comenta mientras recorre con la mirada el decorado del espacio cultural y gastronómico que el PJ de la CABA acondicionó en la planta baja del edificio. El lugar se llama, sin eufemismos, “el Bar del PJ”.

El reportero gráfico de Tiempo Argentino sigue de cerca a Burdman, quien finalmente posa para las fotos. El lugar elegido para la entrevista –una propuesta de este diario- reúne en un único escenario la historia y la actualidad del movimiento justicialista. Una vez que comienza el diálogo, ya sentados en una mesa del bar temático, el politólogo egresado de la UBA sorprende con una serie de definiciones, en su gran mayoría dedicadas a la solidez y estabilidad que el voto peronista mantiene a través de los años. “El hecho de que en Argentina el voto de los sectores populares sea tan fuerte y establemente peronista es una situación bastante racional", dice Burdman con la certeza de que su definición suena a contrapelo de las visiones estereotipadas sobre la calidad del voto que promueven algunos medios. La cuestión adquirió centralidad a partir de la elección en Tucumán y la controversia judicial que le siguió, concluida con el reconocimiento del triunfo de Juan Manzur por la Corte local.

–En las últimas semanas resurgió la histórica discusión sobre las prácticas clientelares en la política. En la mayoría de esos planteos subyace la idea de que el voto de los sectores altos y medios es más autónomo y libre que el voto de los sectores populares y pobres.

–Es al revés. En realidad, el voto de los sectores bajos suele ser un voto de mayor calidad en términos representacionales

-Ah, ¿sí? ¿Por qué?

–Porque en los sectores bajos es más consistente con la relación de representación. Como los sectores medios y medios-altos no tenen un partido que los represente socialmente, el voto en esas franjas es muy volátil.

-En algún momento se llegó a decir que el partido que representaba los intereses y los valores de la clase media era la UCR. Porque en las primeras décadas del siglo XX reclamaban por los derechos civiles, por cierta igualdad de trato con la vieja ligarquía.

-Sí, pero es una historia un poco antigua. En cambio, si pensamos en el radicalismo moderno y contemporáneo, nos encontramos con una tesis que sostiene que es un partido medio disociado entre su electorado de base y el programa. Porque la UCR era un partido, como se comprobó durante el alfonsinismo, y también en algún momento con el  frondicismo, que promovía un mensaje muy diferente de lo que pensaban sus votantes. El alfonsinismo tenía un mensaje económico que no era liberal  en términos económicos y sin embargo era votado por toda una clase media y media-alta que sí lo tiene. Porque el programa económico del alfonsinismo no era neoliberal. Pero sin embargo era votado por buena parte de esa clase media y media-alta que tiene ideas intuitivamente liberales en términos económicos. 

-Recién decía que entre los votantes de sectores populares es mayor el grado de representación electoral. ¿Puede profundizar?

-Sí, claro. Quiero decir que el hecho de que el voto de los sectores populares sea tan fuertemente y establemente peronista es una situación bastante racional. Porque el peronismo se dirige a ese electorado. Y es un electorado que está respondiendo a la oferta que el peronismo le envía. Los diferentes peronismos se han dirigido a ese electorado.

-¿Cómo se explica la estabilidad, permanencia y arraigo de la representación electoral entre el peronismo y los sectores populares? ¿Va más allá de lo simplemente político, que también es cultural? ¿O simplemente se trata de que el peronismo brinda más soluciones concretas a esa franja social?

-Se puede analizar en varias dimensiones. Por un lado, el peronismo es el partido que está más presente en esos territorios. Y eso se traduce en votos. Eso es lo que explica bien (Javier) Auyero. El hecho de que las ramificaciones organizacionales del peronismo realmente existente, que mucho tienen que ver con ese tipo de presencia, estén donde viven los sectores populares y no estén otros partidos allí, o tengan muchos problemas para penetrar allí, explica buena parte de la estabilidad. Pero también hay una coherencia de mensaje. Porque el peronismo, en sus diversas manifestaciones, siempre tiene un mensaje dirigido a su electorado de base. Por lo tanto, que ese electorado responda a esa oferta que recibe del peronismo es un hecho racional.

-¿Pero esa racionalidad no existe en los sectores medios?

-Claro, porque los sectores medios no cuentan con un partido al que votar elección tras elección. Votan al partido que eventualmente los está representando en un determinado momento con un discurso que está basado en el clivaje y en el tipo de mensaje que esté presente en tal o cual elección. Pero no hay una misma organización que represente eso a través del tiempo. En esta elección puede hacerlo la alianza Cambiemos con un predominio del PRO en sus candidaturas principales, y en otras elecciones pueden haberlo sido otros partidos. Inclusive las manifestaciones pseudo-clientelares, o esas manifestaciones que suelen hacerse respecto de ese voto, responden a una racionalidad. Porque hay diferentes modalidades de clientelismos, pero hay algunas que tienen que ver con la preferencialidad o el favoritismo que pueden hacer determinados políticos hacia determinados electorados, que vuelvo al mismo punto: responder a esa preferencialidad es racional. Si tenés un partido que defiende tus intereses, y vos lo votás, es un voto de alta calidad. 

-Voy a la coyuntura que es lo que dispara la entrevista. A partir de los hechos de Tucumán, pareció retornar una agenda en la que se asocia al peronismo con el clientelismo, entendido como maniobras espurias. ¿No le parece que allí hay lugares comunes que merecen ser problematizados o revisados?

-Creo que el problema pasa por otro lado. El mecanismo de votación en nuestro país, el sistema de votación en general, y la forma de ir a votar en particular, prevé que haya partidos. Los partidos son un actor institucional y la participación de sus militantes en las campañas es clave. Pero no sólo la participación de los militantes, sino también la intervención de esos militantes, organizados, en la propia elección. El hecho de que los partidos diseñen, impriman y distribuyan sus boletas, el hecho de que los fiscales partidarios controlen la elección y también participen del escrutinio, o sea de la primera etapa del escrutinio provisorio, hacen que la presencia de los partidos en la organización de la elección sea muy importante. La Argentina tiene una organización del sistema electoral que, a diferencia de otros países, presupone mucha participación de los partidos. Y la autoridad electoral, que es la justicia electoral, que tiene una Cámara y tiene jueces electorales (en cada una de las 23 provincias más la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) no participa muy activamente de la organización. El problema que enfrenta este sistema electoral es que hoy en la Argentina existe sólo un partido nacional, que es el peronismo. Y crear un partido a nivel nacional es muy complejo. En la  Argentina sólo lo pudieron hacer (Julio Argentino) Roca, (Hipólito) Yrigoyen y (Juan Domingo) Perón. Ningún otro dirigente logró hacerlo. El peronismo se caracteriza por tener presencia territorial cotidiana como ningún otro partido. Las otras fuerzas pueden contar con una militancia, digamos, virtual, que es complementaria, pero que no sustituye a la militancia territorial. Y la cuestión es que sin esa participación, con partidos políticos –salvo el peronismo- que no tienen los militantes suficientes para fiscalizar, el sistema electoral vigente, que podríamos definir como co-administrado entre el Estado y los partidos, no funciona.

Julio Burdman

Burdman es politólogo por la UBA y doctor en Ciencia Política del Instituto de Estudios Políticos de París. Una propuesta: PASO, con boletas de papel, y generales, con boleta única

La entrevista de Tiempo tuvo un capítulo previo, un antecedente que resultó clave para su realización: a fines de agosto, con la polémica sobre las elecciones de Tucumán en la tapa de los diarios, Burdman publicó una columna de opinión titulada “Échale la culpa al PJ" en el sitio web Bastión Digital (http://ar.bastiondigital.com/).

Allí discutía con el planteo opositor que responsabiliza al peronismo por los problemas del sistema electoral vigente. "En lugar de reconocer su incapacidad, quieren convencer al público de que el sistema colapsó por culpa del peronismo, y desacreditan a la democracia y a la política", advirtió en el artículo.

Sin embargo, el politólogo también deslizó una definición contundente ("El sistema de boletas está colapsado", dijo entonces) que se profundiza en esta nota.

Para Burdman, el sistema electoral que se aplica en el país tras la reforma política, con primarias y generales, más boletas de papel y fiscalización de los partidos, debe ser reformado en el mediano plazo (nunca se votan cambios en las leyes electorales en los años de elecciones).

Su modelo, que define como de "mixtura con el actual sistema", consiste en que se mantenga el uso de las boletas de papel en las PASO (la multiplicidad de candidatos haría imposible una boleta única, sea en papel o electrónica), pero que en las generales, tanto en primera vuelta como en un eventual balotaje, se "universalice un modelo de boleta única sobre papel o de boleta única electrónica".

El factor territorial

A modo de justificación de su propuesta, el politólogo recuerda que la mayoría de los partidos políticos (con la única excepción del PJ), al carecer de militancia territorial permanente y masiva, no están en condiciones de asumir el rol protagónico que les encomienda la legislación electoral.

Burdman, pese a todo, tiene algunas prevenciones con el voto electrónico. "En el voto electrónico sólo un pequeño grupo puede controlar, es un sistema en el que hay menos capacidad de control. Mientras que el sistema electoral actual es el más abierto y el más controlable de todos. Es el que deja más registro sobre papel y el que puede ser más intervenible por mayor cantidad de personas", puntualiza.

Para la boleta única, Burdman propone incorporar un principio en aras de la gobernabilidad: que la tecnología que se termine utilizando debería promover por default el voto al mismo partido en todas las categorías que se eligen, y que si el elector quisiera votar a fuerzas que compiten entre sí en categorías distintas, lo pueda hacer pero luego de llevar adelante una acción individual específica.