Estamos a menos de una semana de las elecciones del 25 de octubre, en la recta final de la catarata discursiva implementada por las seis opciones que han superado las primarias abiertas del mes de agosto. Pero más allá de los slogans, los speachs publicitarias y el esfuerzo marketinero, es un buen momento para reflexionar como sociedad sobre los logros conseguidos en más de una década y sopesarlos con las asignaturas pendientes que siguen  afectando la vida cotidiana de los argentinos. 

En esa dirección analítica, podemos ponderar datos inobjetables, que dan cuenta de los avances en contra-posición a los efectos heredados de diez años de políticas neoliberales. Con una desocupación que rozaba el 20% en 2002, en el devenir de estos últimos 12 años se ha reducido a tan sólo el 6% de la población activa. Esos porcentajes se lograron por la aplicación de políticas activas que apostaron a la creación de empleo. También es de destacar la batería de propuestas anticíclicas que ante la aguda crisis de 2008 a escala global, morigeraron los efectos negativos en el aparato productivo, creando las condiciones para el mantenimiento de miles de puestos de trabajo a través de programas específicos. El Pro­ce­di­mien­to Pre­ven­ti­vo de Cri­sis (PPC) y el Pro­gra­ma de Re­cu­pe­ra­ción Pro­duc­ti­va (RE­PRO) destinados a re­sol­ver los pro­ble­mas de las em­pre­sas en cri­sis, en el pri­mer ca­so, y a ofre­cer ayu­da mo­ne­ta­ria pa­ra sa­la­rios, en el se­gun­do, redujo en un 28% la contracción del empleo que se hubiese producido en la crisis hipotecaria de 2008 de no haberse conservado esos puestos de trabajo. Fue reconocido en un informe de la OIT.

Está en todos los que de alguna manera valoran lo conseguido, preservar lo logrado y profundizar las políticas que nos conduzcan a una democracia social plena.

Un síntoma de la efectividad de dichas políticas anticíclicas son los datos del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU) en febrero del 2010, destacando que se había experimentado, a un año de iniciada la crisis un crecimiento interanual de alrededor del 15 por ciento. Otra tema de las políticas desarrolladas por los gobiernos kirchneristas fue la disminución de la deuda externa en relación al PBI, que en el devenir de estos 12 años disminuyo en un 11%, mientras que según un informe de la deuda global publicado por el Financial Times, los otros países incrementaron su endeudamiento en forma significativa.

En el caso argentino, incluyendo el objetivo de librarse de la tutela económica que mantenía el FMI sobre el país, el gobierno de Néstor Kirchner canceló en un solo pago la deuda de 9810 millones de dólares con el Fondo, mediante el uso de las reservas del Banco Central, lo que permitió impulsar políticas que beneficiaron el crecimiento económico. Ese nuevo escenario de crecimiento económico, posibilitó una mejora notable en la distribución del ingreso, entre 2002 y 2006 la participación en los salarios paso del 34,6 al 41,3% del PBI. La institucionalización de las convenciones colectivas desde 2007 permitieron como nunca antes en más de tres décadas de democracia parlamentaria fortalecer al sector gremial ante la consuetudinaria asimetría entre la relación capital-trabajo. Recuperando el mecanismo de recomposición salarial y dejando abierta las puertas para ampliar las discusiones más allá de lo meramente salarial. Condiciones de trabajo, capacitación, y múltiples temáticas que permitan dar luz a la democratización de las relaciones laborales en los lugares de trabajo.

La batalla por la inclusión permitió llegar a miles de hogares con políticas de subsidios que morigeraron en gran medida  el escenario de exclusión y pauperización  creado por años de ausencia del Estado y de dejar librado a las leyes de mercado, la reproducción básica de las víctimas de años de crisis. Los ejemplos más significativos son la AUH y los planes de asistencia a miles de jóvenes para proseguir sus estudios. Se atendió las necesidades de miles de argentinos que por las crisis recurrentes no habían podido acceder a una jubilación.

Otra temática que rompió con la impunidad de anteriores gobiernos, y que puso en un lugar destacado a nuestro país   recibiendo el reconocimiento a escala planetaria, ha sido la política de Derechos Humanos de los gobiernos kirchneristas. La recuperación de 117 hijos apropiados en la dictadura cívico militar hablan por si solos de la consecuencia de una lucha inclaudicable. En esa dirección, el desarrollo de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia se convirtió en un giro copernicano en relación  a los anteriores gobiernos. Y avanzaron en el juicio y castigo de cientos de responsables del genocidio de Estado, dejando abierta las líneas investigativas que profundicen sobre las complicidades de empresarios , jueces y distintos sectores de la sociedad civil en el genocidio de Estado de la dictadura cívico militar.

En materia de defensa de nuestra soberanía , tanto económica como política, la cumbre de Mar del Plata donde naufragó el ALCA, la consolidación del bloque estratégico regional del Mercosur y la apuesta soberana de construcción de la Unasur y la Celac han sido definiciones que marcaron claras diferencias con las relaciones carnales de otros gobiernos, o el alineamiento genuflexo a los mandatos de EE UU. En esa dirección la recuperación de Aerolíneas Argentinas y la reestatización de YPF sanearon en parte el grave daño a la soberanía de las privatizaciones de la segunda década infame. El cambio diametral en la inversión en materia de investigación de punta se da como ejemplo paradigmático en el históricamente diezmado Conicet, como institución vertebradora de la investigación de excelencia en múltiples campos de la ciencia.

En síntesis tan sólo fue la presente una reducida ponderación de decenas de políticas que han permitido no sólo salir del marasmo al que nos llevaron las políticas neoliberales por décadas, y su último experimento, la Convertibilidad, sino que es de alguna manera un reconocimiento a la institucionalización de determinado piso en materia económica, cultural, política y social que nos permitirá seguir la batalla por la equidad. Parafraseando a Néstor Kirchner, esta década no nos instaló en el paraíso, “pero es el camino que nos ha permitido salir del infierno”. Pero para que este purgatorio  no se transforme en un nuevo infierno será necesario honrar el camino emprendido con la necesaria profundización del crecimiento y el desarrollo en equidad del conjunto de la sociedad sin exclusiones. Está en todos los que de alguna manera valoran lo conseguido, preservar lo logrado y profundizar las políticas que nos conduzcan a una democracia social plena para todos y para todas sin exclusiones.