Minutos antes de las 10 de la noche del domingo, el candidato a presidente por el Frente para la Victoria Daniel Scioli, sin nombrar el termino balotaje, efectuó su primer discurso de campaña para la segunda vuelta electoral del 22 de noviembre. Les habló a los radicales rememorando al líder de la democracia argentina Raúl Alfonsín, a los socialistas y a todos los argentinos que valoran el proyecto de desarrollo e inclusión emprendido por Néstor y Cristina Kirchner. A las 0:22 una exultante María Eugenia Vidal afirmaba haber ganado la provincia de Buenos Aires

Con posterioridad al recuento provisorio de los votos, la lectura de los resultados electorales, como era de suponer, generaron un variado abanico de especulaciones. Lo que a medianoche se confirmaba era que la voluntad ciudadana se expresó en las urnas, contradiciendo cualquier encuesta previa.

La incógnita a develar antes del domingo 25 era si Mauricio Macri podía acortar distancias con el Frente para la Victoria, forzando de esta manera a la segunda vuelta.

Desde el día después, los medios opositores intentarán instalar la idea en la opinión pública, que a pesar de los pronósticos, la batalla del 22 de noviembre por el sillón de Rivadavia tiene un favorito que expresa el signo de los nuevos tiempos que se avecinan. Y que la exigua distancia entre el PRO y el Frente para la Victoria se ha transformado en un fin de ciclo.

El nuevo escenario abierto, con una segunda vuelta, con un margen mínimo entre los dos proyectos, amerita un análisis mucho más exhaustivo. A pesar del discurso de "unidad de los argentinos" del macrismo de cara a lo que viene, aunque intente disimularlo discursivamente al asegurar en su campaña preelectoral que no tocará la política de subsidios sociales como la Asignación Universal por Hijo.

Dos proyectos de país confrontarán en el balotaje. Un proyecto que en más de una década revirtió el proceso de destrucción del aparato productivo, y que fue capaz de generar las condiciones para la creación de 5 millones de puestos de trabajo genuinos.

Un proyecto que retomó las banderas históricas de los Derechos Humanos, ante la claudicación de las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y Amnistía. Y que supo apostar junto a otros gobiernos de la región a la unidad regional a través de la consolidación del Mercosur, la creación de la Unasur y la CELAC.

Por su parte, el otro proyecto, con un discurso aggiornado, la derecha neoliberal camuflada tras el cotillón, y la desideologización discursiva festeja este inesperado final cabeza a cabeza.

El clima triunfalista de los adalides opositores y los medios de comunicación del establishment se afirma en la convicción de que después del 10 de diciembre volverán a la carga, más allá de que triunfen o no en el balotaje. Con la remanida cantinela de bajar el costo argentino y reinstalar la vieja y perversa teoría del derrame económico, que priorice las ganancias empresarias sobre las necesidades de las mayorías que viven de su trabajo. Estas recetas desde el 2008 se están aplicando en los países del sur del continente europeo: Grecia, Portugal, España, Italia, con las graves consecuencias sociales, que no sólo han instalado en un escenario recesivo a dichos países sino que han desmontado en parte las políticas e instituciones del histórico Estado de Bienestar, afectando el empleo, la salud pública y la educación.

El otro interrogante será desentrañar si las políticas que han sido liminares en la gestión de los Kirchner serán un mojón inexpugnable, que se han constituido en el piso mínimo para una vida digna de ser vivida.

La decisión soberana de la ciudadanía en menos de cuatro semanas dará su veredicto.