El resultado del domingo sorprendió a propios y extraños. Esa sorpresa se tradujo en el festejo desenfrenado que se vivió en el centro de campaña de Cambiemos y también en el desconcierto que se apoderó del Luna Park, donde se concentraron los dirigentes del Frente para la Victoria. Ninguna encuesta previó lo que sucedió en la jornada cívica.

Las elecciones de 2015 serán recordadas por varios motivos, pero sin dudas que uno de los más destacados será la masiva ruptura de los electores con los aparatos partidarios. Mauricio Macri incrementó significativamente su cosecha respecto de las PASO en buena medida porque captó un alto porcentaje de votantes que no habían participado de las primarias. Pero además, los porcentajes de corte de boleta, especialmente en el principal distrito del país, no tienen precedentes.

Ese grado de madurez cívica se da de bruces con los cuestionamientos al clientelismo y la baja ponderación sobre la capacidad de decisión que tienen algunos sectores políticos de las capas populares en la Argentina. No deja de sorprender que quienes más agitaron los fantasmas del fraude y de las maniobras electorales para "comprar" voluntades de los más humildes, en esta oportunidad no hayan hecho ninguna referencia al asunto. Ese panorama parece confirmar el hecho de que el fraude sólo se da cuando pierde la oposición.

Pero lejos de despejar las incógnitas, las elecciones desataron una ristra de interrogantes que sólo encontrarán respuestas el 22 de noviembre. ¿El resultado del domingo es el piso o el techo de Macri de cara a la segunda vuelta? ¿Los votantes del Frente Renovador están más cerca de la propuesta de Daniel Scioli, como dijo ayer el gobernador, o de Cambiemos? ¿Qué harán los cordobeses, que exhibieron un antikirchnerismo rampante el domingo, si José Manuel de la Sota reitera públicamente sus diferencias con Macri?

¿El natural desgaste que genera la persistencia de una fuerza política en el poder se impondrá a la hora de decidir el voto por sobre las dudas que provocan en amplios sectores del electorado la figura de Macri? ¿Scioli sabrá corregir la campaña para poder pescar afuera de la pecera? ¿La resolución de la elección en la provincia de Buenos Aires plantea otro escenario de cara al 22 de noviembre?

La lista de preguntas podría seguir, pero lo que está más claro que nunca es que el voto del 22 de noviembre se definirá entre kirchnerismo y antikirchnerismo, si se quiere personalizar el asunto; o entre dos propuestas de país para ponerlo en términos más programáticos.

Equipo que gana no se cambia dice la máxima futbolera y entonces es de esperar que Macri continúe con el tono evangelizador de pastor mediático evitando definiciones y mostrándose como la figura paternalista que se va a ocupar de todos los argentinos.

Desde el oficialismo sería un error enojarse con el voto popular. Antes bien, la conducción del espacio político que lidera la presidenta Cristina Fernández tendrá que repensar la estrategia que derivó en el ajustado triunfo del domingo en la elección nacional y la estruendosa derrota en la provincia de Buenos Aires. Scioli mismo tendrá que ajustar discurso y campaña sin traicionar los postulados centrales de su propuesta.

Serán cuatro semanas apasionantes que definirán el rumbo de los próximos cuatro años. No es poco.