El lunes 26 a la mañana, horas después de la primera vuelta electoral, los teléfonos celulares de los directivos de los grandes supermercados nacionales y extranjeros sonaron cruzados, con una intensidad nunca antes vista en los últimos años. El consumo, junto al sector financiero-bancario uno de los más beneficiados en los dos períodos de gobierno kirchnerista, marcaba su preocupación por la marcha futura del propio consumo. No es una especulación de pasillo ni mucho menos: los gerentes de las cadenas nucleadas en la Asociación de Supermercados Argentinos (ASU), y los grandes del interior, nucleados en CAS y FASA, habían apostado por un Daniel Scioli accediendo a la Presidencia en primera vuelta.

El balotaje los puso en alerta, y no era para menos. Según consignó Tiempo Argentino, la preocupación se incrementó horas más tarde, cuando algunos referentes económicos de Cambiemos, la fuerza que conduce Mauricio Macri, empezaron a dar señales y a mostrar las cartas del esquema de política a aplicar en materia de energía, tarifas y subsidios. Sobre todo este último punto generó muchas dudas: para los empresarios del sector, con errores y aciertos, el sistema de subsidios directos o indirectos al consumo que el gobierno nacional implementó fue la punta de lanza del repunte en las ventas de casi todos los rubros en góndola. Incluso con inflación elevada y estancada en dos dígitos, la estadística de demanda se mantuvo estable o creciente desde la mitad del año hasta hoy. Tanto que el sector ya sacaba cuentas de las ganancias que tendrían de cara a las Fiestas de Fin de Año. El sacudón fue tan fuerte que algunos empezaron a añorar incluso los tiempos en los que convivían con los retos y críticas de Guillermo Moreno en las reuniones con el entonces secretario de Comercio Interior. 

"Las charlas con empresarios del rubro sorprenden además por el tono utilizado para referirse a lo que podría pasar si el elegido fuera Macri y no Scioli".

Más allá de la predilección de los súper e híper por “el Modelo con cambio”, la cuestión que sacudió la estantería es, netamente, económica, de negocios. Hace unos meses, la consultora Nielsen, que presta servicio a casi todas las cadenas, hizo un diagnóstico que es la génesis del asunto: los fomentos estatales al consumo, incluso el más reciente plan para devolverle el IVA a jubilados y poseedores de planes sociales, lograron el esquema de negocios que todos los empresarios esperaban. Concretamente, que las clases bajas, medias bajas y medias fuesen la base de la demanda general. El estudio al que se hace referencia midió tickets, cantidad de productos y calidad de los mismos, para trazar un perfil que permitiera ver el fenómeno. De hecho, tanta conformidad había con la conducta del mercado interno que los súper prefirieron un buen nivel de ventas y se resignaron a no poder importar ciertos productos Premium ni hacer el mantenimiento o embellecimiento de locales. En un encuentro de mesa chica de una de las cámaras, un directivo resumió las cuestiones técnicas con un ejemplo práctico: “Para nosotros, es mejor vender más volumen en latas de arvejas que varias cajas de champagne francés.” Este movimiento que invirtió el eje de la pirámide del consumo, fue tan relevante para el negocio de los súper que se popularizaron y masificaron adrede las tarjetas de fidelización de clientes. Modos de seguir incrementando la compra de segmentos bajos, que a cambio entregaban información capaz de perfilar aún más la demanda hacia esos mismos sectores. Por razones obvias, para el Estado el esquema también era beneficioso por ser el IVA el tributo más regresivo de los que se aplican hoy.

Las charlas con empresarios del rubro sorprenden además por el tono utilizado para referirse a lo que podría pasar si el elegido fuera Macri y no Scioli: los años ‘90 son más mencionados que en un intercambio de palabras de la militancia, algo inédito para la actividad. El caso que citan los dueños de los híper es una obsesión por no repetir el esquema del período 1992-1996, que arrancó con un fuerte impulso al consumo, se desvirtuó en el camino y terminó colapsando internamente cerca de 2000-2001. Los datos que exhiben para recordar aquel tiempo reflejan que cuando asumió en la presidencia Fernando de la Rúa como cabeza de la Alianza, los supermercados explicaban más del 50% del consumo total nacional. Y señalan, en forma textual, que “cuando se fue en helicóptero” esa participación había bajado a menos del 29 por ciento. 

El mundo del comercio, sin embargo, tiene otra pata que se debate entre aquellos que le apuestan al macrismo y los que se abrazan al sciolismo como método de subsistencia de los mismos esquemas de fomento, pero actualizados y repensados. Se trata de los proveedores, que se dividen entre los muy grandes y los medianos y pymes. En la jerga, los gerentes hablan de “las 14 familias” como aquellos que, casi en soledad, le apuestan a la propuesta de Cambiemos. Son Arcor y otros grandes proveedores, casi todos exportadores que presionan en las sombras por una devaluación que los favorezca en materia de comercio exterior. Según detallan los comercios, los “gigantes” ya cerraron filas además tras la propuesta de la liberalización de precios en el mercado interno. En ese punto tuvo un rol fundamental la Cámara Alimenticia Copal, que elaboró un documento previo a las elecciones en el que les marcó la cancha a los precandidatos con este y otros pedidos. En ese punto chocan con los súper, que incluso con el corsé del Plan oficial de valores de referencia denominado Precios Cuidados, han logrado vender de forma sostenida por dentro y por fuera del programa. Para “las 14 familias”, el programa que impulsó la Secretaría que hoy conduce Augusto Costa siempre fue un escollo para obtener renta extraordinaria. 

En la otra esquina de los grandes, las pymes y fabricantes de segundas y terceras marcas colapsaron al escuchar el tema de exportaciones libres, precios libres, ergo, libre juego para que los grandes se devoren a los chicos. 

El planteo interno del sector de consumo respecto de lo que se juega en el balotaje, curiosamente, es la lectura más técnica del empresariado en mucho tiempo. No se juegan aquí las formas, sino el fondo. La manera de ejercer el poder y el contenido en medidas directas. Sin ser inocentes, al supermercadismo le interesa el consumo sostenido, en lo posible, elevado. La queja no es política, es pragmática, pero es un reflejo fiel de la posición de una parte nada despreciable del empresariado nacional y multinacional.

Otros sectores donde sonaron las alarmas

Juguetes. Matías Furió, presidente de la Cámara de la Industria del Juguete, planteó que Mauricio Macri “debe decir qué va hacer”. Si bien aclaró que en su espacio no están con ningún candidato, planteó: “Con Scioli ya sabemos, porque sabemos cuál es el modelo industrial de la provincia. No tenemos sorpresas ahí. Internamente hace más de 10 años venimos creciendo y contratando gente”.

Cuero. Daniel Donikian, al frente de  la Cámara de la Industria de la Manufacturas de Cuero, sostuvo que “si se abren las importaciones entraría el doble o el triple y dejaríamos de tener trabajo”. Advirtió que “lo primero que hacen los empresarios es aguantar, gastándose el capital para recomponer las pérdidas y precarizando el trabajo, pero al final termina sin la gente y sin el capital”.

Calzado. Alberto Sellaro, titular de la Cámara de la Industria del Calzado, advirtió sobre la competencia desleal que pueda llegar de otros países con la apertura que promete el PRO. “En China –sostuvo–, para producir zapatos los trabajadores cobran U$S 80 por mes y la jornada es de 16 horas, mientras que acá un operario cobra U$S 1000 y uno calificado U$S 1400. Estamos en desigualdad de condiciones”.