Quienes verdaderamente triunfaron en Mar del Plata en noviembre de 2005, fueron los pueblos representados por los gobiernos populares de una Suramérica unida y libre. A través del genio de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luis Ignacio Lula da Silva se malograba el programa de sometimiento imperialista, en cabeza de EE UU, dando inicio así formalmente al Consenso Kirchner-Chávez-Lula (en adelante, Consenso de Mar del Plata).

El Consenso de Mar del Plata, por Néstor Kirchner

Las bases del Consenso pueden sondearse en el prólogo al informe El Consenso de Mar del Plata. IV Cumbre de las Américas (2005). Análisis y perspectivas, publicado por la Organización Internacional del Trabajo en 2006. Su autor, el presidente Néstor Kirchner. Entre los conceptos más trascendentales allí vertidos destacamos: 1) La indisolubilidad entre el trabajo, la lucha contra la pobreza y la democracia verdadera, a su vez, los tres pilares sobre los que debería descansar la dirección política de la región: "La Argentina, en ejercicio de la Presidencia Pro Témpore de la Cumbre, propuso el lema 'Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática', bajo el convencimiento de que el gran desafío de América Latina es lograr quebrar la tendencia que tensiona a nuestras democracias: el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres que refleja una realidad lacerante de pobreza y exclusión social sin precedentes. La repetición de crisis institucionales en la región, ineludiblemente nos lleva a pensar en tres conceptos estrechamente vinculados: trabajo, pobreza y gobernabilidad democrática... Si tuviéramos que resumir las implicancias directas del acuerdo al que hemos llegado, diría que en adelante, cada decisión que tomemos al interior de nuestros países y con terceros, tendrá que tomarse teniendo en cuenta su influencia en la creación de trabajo decente"; y 2) La integración soberana de la región en el mundo, pensada desde adentro hacia afuera, con eje en la multipolaridad y la igualdad entre pueblos y naciones: "...nuestra meta es erradicar la pobreza, lograr un crecimiento económico sostenido y promover un desarrollo sustentable al tiempo que debemos avanzar hacia sistemas económicos nacionales y mundiales basados en los principios de justicia, equidad, democracia, participación, transparencia, responsabilidad e inclusión... La capacidad y firmeza de nuestros gobiernos es fundamental para alcanzar esos objetivos, pero el contexto internacional incide de modo determinante. Es por ello que debemos evaluar el impacto en el empleo de los acuerdos de integración comercial a nivel hemisférico o regional, así como en las negociaciones con los organismos multilaterales de crédito, de modo que las políticas instrumentadas minimicen las consecuencias adversas sobre los trabajadores". Recordaba más adelante Kirchner el lema propuesto por la Argentina a la IV Cumbre de 2005: "Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática", explicando que "ese lema, aparentemente, en lugar de presentar el fin de las negociaciones para poner en marcha el ALCA según se había previsto en la Cumbre de Miami en 1994, demuestra que este proceso (la Cumbre propiamente dicha) ha sido lo suficientemente flexible y democrático como para percibir la presencia de nuevos paradigmas, la necesidad de rediscutir las 'condiciones necesarias para lograr un acuerdo de libre comercio equilibrado y equitativo' y, sobre todo, prevenir los posibles efectos sociales negativos de los cambios de la economía hemisférica pensados una década atrás".

Los orígenes del triunfo de noviembre de 2005

Es el Consenso de Mar del Plata, auténtico frente entre la Argentina, Venezuela y Brasil (del que por supuesto participan también los hermanos bolivianos con Evo Morales y ecuatorianos con Rafael Correa) el que permite, una década después, seguir resistiendo la presión imperialista y sus maquinaciones, abriéndonos paso e insertándonos en el mundo en función de nuestros propios intereses. En este sentido, es justo recordar que dicho Consenso había nacido en realidad e informalmente unos años antes. El 14 de mayo de 2003, Kirchner daba su célebre discurso de las "convicciones". Denunciaba la renuncia de Menem al balotaje, a la que calificaba de "absolutamente funcional a los intereses de grupos y sectores del poder económico que se beneficiaron con privilegios inadmisibles durante la década pasada, al amparo de un modelo de especulación financiera y subordinación política". Agregaba después: "No he llegado hasta aquí para pactar con el pasado. Ni para que todo termine en un mero acuerdo de cúpulas dirigenciales. No voy a ser presa de las corporaciones..." Días más tarde, el Departamento de Estado junto con las corporaciones y demás grupos económicos del atraso, la dependencia y la exclusión hacían llegar al flamante Presidente por vía de las autoridades del diario La Nación las exigencias y condicionalidades que reintroducirían al país en la senda de Carlos Menem y Martínez de Hoz. El santacruceño las rechazó con iguales argumentos a los utilizados por el General Perón con las demandas de Braden. Pero su respuesta no culminó allí, sino que continuó con su discurso del 25 de mayo de 2003, prosiguió con su histórica intervención en la ONU el 25 de septiembre del mismo año, el "proceda" del 24 de marzo de 2004 y, finalmente, el entierro al ALCA en la Cumbre de Mar del Plata, en 2005, el mismo año que nos sacábamos de encima al FMI. En sucintas palabras, la derrota del ALCA y con ella el nacimiento del Consenso de Mar del Plata, no puede restringirse a la Cumbre sino que es fruto de todo lo anterior.

Doctrina superior y blindaje 

Y fruto del Consenso de Mar del Plata, esto es, de no haber dejado nunca desde el 25 de mayo de 2003 las convicciones en la puerta de la Casa Rosada y de haber metido en ella las convicciones del pueblo argentino y las del General Perón (como tan acertadamente agregó el ministro Julio De Vido en su alocución durante la tercera edición del Congreso Internacional de Responsabilidad Social, septiembre de 2015), fue que nacieron Unasur y la CELAC; que se consolidó el Mercosur; que se pudo concretar la exitosa política de desendeudamiento nacional y con ella lograr la reconstrucción de la Argentina en calidad de Nación, tal y como se verifica desde 2003. El Consenso de Mar del Plata es nuestra doctrina superior y nuestro blindaje para una Argentina y una Unasur emancipadas, modernas y socialmente inclusivas.