"Vos te quedás sin trabajo el 10 de diciembre" (Cristian Ritondo a Diego Brancatelli). "Seis meses sin pauta oficial y chau Tiempo Argentino y Página 12" (Facundo Landívar, de Clarín, en Twitter). "Siempre queda el juicio político, doctora Gils Carbó" (Laura Alonso, también en esa red social). Cuánto desprecio, rencor, bronca contenida, subyacen en esas palabras. Especialmente en las de la diputada del PRO, por su gravedad político-institucional.

Si bien se trata de una velada amenaza institucional y un llamado a forzar la Constitución, formalmente no lo es. Porque efectivamente el juicio político está contemplado en la Carta Magna. Y si no, el Decreto de Necesidad y Urgencia, como prometió Ernesto Sanz, el otro republiquetista, que alquiló a la derecha empresarial lo poco que le quedaba de popular a la UCR. (Digresión: qué parecida la sigla DNU que anunció el radical mendocino, con CNU, la sigla de la muerte, de la Concentración Nacional Universitaria, brazo estudiantil de la Triple A).

La insolente intimidación de la diputada a la procuradora general de la Nación es la perfecta continuidad del ataque de furia que sufrió Alejandra Gils Carbó el día del velorio del Alberto Nisman, cuando la jefa de los fiscales fue a expresar su pésame a la familia, y una turba la emprendió a golpes y escupitajos contra el auto que la transportaba. ¿O ya nos olvidamos de esa escena?

¿Por qué nos olvidamos del viejito republicano que en nombre de la "independencia del Poder Judicial" rompió en pedazos la corona enviada por la titular del Ministerio Público Fiscal de la Nación, porque "allí son todos militantes k"? ¿Por qué no queda en la memoria colectiva esa cobarde muestra de intolerancia a la procuradora, y en cambio tenemos que aceptar que Elisa Carrió se pavonee por televisión pidiéndole a La Cámpora que no emplee la violencia ni use las armas? ¿Cuál es la legitimidad de esa señora para decir semejante burrada, si ninguna de las anteriores barbaridades se cumplió? ¿Por qué nos olvidamos que alguna vez Carrió dijo que querrían matarla, y a Scioli también, y que Cristina preparaba un autogolpe para el 1º de marzo, cuando inició las sesiones legislativas que la presidenta acaba de prolongar hasta el 9 de diciembre?

¿Y saben por qué es así? Porque la democracia argentina sigue siendo rehén de la mayor maquinaria de mentira, manipulación y propaganda jamás vista, que quiere que la sociedad memorice algunas cosas, y se olvide para siempre de muchas otras. Especialmente en estas horas cruciales para el destino del país.

El único programa de la derecha es la revancha. La antipolítica. La negación cuasi patológica del conflicto. Esos argumentos completan el mapa conceptual del brutal saqueo que ansían cometer las corporaciones económicas de aquí, aliadas a las de allá, so pretexto de cierto enojo social y búsqueda de oxigenación política. El kirchnerismo supuso la contención de esa tensión de clases, la integración social mediante el Estado, la limitación de los desbordes que provoca una sociedad instrínsecamente desigual como lo es la capitalista. La receta del macrismo, en cambio, es su ninguneo. Su solución final pasa por correr la mugre bajo el felpudo, entre globos amarillos y chistes verdes. Hasta que estalle. ¿O no fue eso lo que ocurrió en 2001? La antítesis de la "pobreza cero", que promociona ad hoc Mauricio Macri, no es la "tolerancia cero a los piquetes". Porque si se resuelve mal esa contradicción propia de toda sociedad de clases, natural del capitalismo, te sale "tolerancia cero a la pobreza". Ojalá no se "solucionen" nunca más así los conflictos por venir, como el de Merlo. Aunque si gana la gran bestia PRO, difícil.

A la historia hay que analizarla críticamente, con sentido de presente y futuro, para darse cuenta de qué nos espera a la vuelta de la esquina. En 1871, tras el levantamiento de los comuneros de París, los trabajadores construyeron la primera experiencia de gobierno obrero en la historia social contemporánea. Pero fueron ingenuos. Y duraron poco. Entre otros errores, los comuneros no tomaron el control del Banco de Francia, que seguía pagando millones de francos a quienes se armaban contra París y luego los aniquilaron.

Cuando la experiencia socialista finalmente fracasó, sobrevino la represión del movimiento insurreccional. Y no perdonó. La reacción "fue por todo", como le observaron a Cristina en los comienzos del mandato que está por concluir. Comunistas, anarquistas, socialistas, y hasta burgueses con ideas liberales, fueron corridos por toda Europa durante décadas. Hasta la Argentina llegaron algunos. Pues bien: nuestra derecha se prepara pacientemente para algo parecido. Con otras formas, claro. Otro merchandising. Desde luego, no van a fusilar a mujeres y niños, aunque quizás sí a algunos pobres. ¿O no fue eso lo que hizo la policía de Macri el lunes en La Boca, con el pibe de 20 años que trabajaba cuidando coches en un restorán?

Durante todos estos años la derecha se la pasó diciendo que la política oficial en materia de DD HH era "revanchismo". ¿Y reclamar el fin de 6,7,8 el despido de los miembros de La Cámpora, la cacería de Justicia Legítima, la urgente salida de la procuradora por "sus ideas", convertir al Estado en tierra arrasada para los "militantes", como si la derecha no los tuviera, qué es? Dime tus revanchas y te diré quién eres.¿Los genocidas buscarán un desagravio, o les bastará con obtener la libertad? ¿Qué festeja Cecilia Pando? ¿Acaso el cepo a la sanción penal del genocidio, que con Macri jamás alcanzará el juzgamiento del móvil económico de la dictadura?

Los fallos de la Corte, dictados a contrarreloj y con precisión de cirujano desde el 25 de octubre, anuncian la jubilación por invalidez de la democratización de la justicia. La bendita "grieta" se ensanchará hasta el límite atroz del hambre, el vaciamiento cultural, la ignorancia, la antisolidaridad, el borrón y cuenta nueva para los terroristas de Estado y la todavía violenta concentración de la riqueza en poquísimas manos. Algo muy pesado se advierte en los golpes que los neonazis de Mar del Plata le propinaron a un grupo de gays, cebados tras el triunfo de uno de los suyos en la elección municipal.

"¡Que viene el lobo! ¡que viene el lobo!", dijo León Felipe en Madrid, en 1936, "para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo", y nadie lo escuchó. En la Argentina del primer codo del siglo XXI todavía estamos a tiempo. Pero no demasiado tiempo.