¿Mauricio Macri fue subestimado por sus adversarios? ¿el PRO es un partido de derecha? ¿por qué se presenta como un actor ajeno a la política si hace ocho años que gobierna? La buena performance electoral del frente que encabeza Mauricio Macri corona un vertiginoso crecimiento del espacio que creó para lanzar su carrera política en 2003 y que decantó en el PRO, cuyos dirigentes gobernarán la Ciudad y la provincia de Buenos Aires hasta el 2019. Un grupo de investigadores analizó durante cuatro años ese espacio político y publicó Mundo PRO donde describen la anatomía del partido.

“La imagen de Macri como un nene de papá, inútil y malcriado, tan afín a la mirada predominante de buena parte de la militancia progresista, se debilitó de a poco, sin que esa misma militancia lo percibiera. Una imagen estereotipada del otro se corresponde con una imagen autocomplaciente de sí: en esa ecuación radica buena parte de la imposibilidad de entender el fenómeno de PRO”, sostiene el libro publicado en mayo. En diálogo con Infonews, el politólogo Gabriel Vommaro detalla las particularidades del partido que nació de la post crisis del 2001 como un mosaico formado entre desprendimiento del peronismo, el radicalismo, las ONG, empresarios y partidos de centroderecha.  

IN: ¿Cómo logra el PRO presentarse como un jugador que viene por fuera de la política cuando es Gobierno en uno de los distritos más importantes hace ocho años?

GV: -El discurso de PRO elude el corazón de la tradición política vinculada con manifestaciones, músicas, símbolos y propone otra estética. Si en una mesa partidaria de la calle te dan pochoclos en vez de volantes parece ser otra cosa. No hay discursos políticos estructurados y largos o una bajada de línea. Eso hace que persista esa imagen de ajenidad.

IN: La gobernadora electa en Buenos Aires, María Eugenia Vidal, también fue presentada como nueva en la actividad política a pesar de su experiencia de gestión…

GV: Se dice que Vidal es nueva pero tiene 13 años en la actividad; desde 2002 entró al espacio de lo que luego fue el PRO. Si agregamos otras actividades estatales, su trayectoria es de 15 años. Nadie diría que alguien que hace una tarea durante esa cantidad de tiempo es nuevo.

IN: ¿Cuál es la conformación partidaria del PRO?

GV: Los cuadros políticos de la Ciudad tienen un 50 por ciento de personas que vienen de actividades de larga data: peronismo, UCR, Ucede, Partido Demócrata, partidos de centro-derecha y lo que fue Recrear. La otra mitad viene de fundaciones, distintas ONG y altos dirigentes de empresas.

El PRO construye un vínculo despolitizado con su electorado, reparte pochoclos en la calle y sus discursos son orientados a generar empatía personal

IN: ¿Cómo es posible que a pesar de esa heterogeneidad no se vean grandes conflictos o internismo en el PRO?

GV: Cuando vos ganás y tenés espacios para distribuir se licuan muchos de los conflictos. Pero también el liderazgo de Macri y el núcleo partidario conformado por Marcos Peña, Emilio Monzó, Horacio Rodríguez Larreta y Jaime Durán Barba fueron muy claros en defender la identidad PRO y la figura de su jefe de Gobierno por sobre esa heterogeneidad. La negativa a cerrar un acuerdo con Sergio Massa tuvo que ver con la defensa de esa identidad que organiza el espacio: una fuerza nueva con elementos el mundo privado y el voluntariado frente a las tentaciones de sumarse a una política más partidaria tradicional. El PRO fue exitoso desde el principio en subordinar a esos pedazos de partidos a una estrategia ganadora propia.

IN: ¿Cómo diagrama el PRO su comunicación pública?

GV: Tienen una comunicación muy ordenada, organizada, pautada y centralizada. Hay un trabajo permanente para homogeneizar el discurso. El PRO construye un vínculo despolitizado con su electorado, se da con el pochoclo en la calle pero también con sus discursos orientados a generar empatía personal, hablar a los ojos, contar cómo juegan con sus hijos. Hay mucho del lenguaje de manuales de autoayuda, que es muy familiar a mucha gente que encontró ahí un refugio o guía.

IN: El PRO fue cambiando los voceros económicos a los largo de la campaña ¿ahí puede encontrarse una fisura en la comunicación?

GV: En los últimos meses se quitó del centro a Carlos Melconian y Federico Sturzenegger para poner a Alfonso Prat-Gay y Rogelio Frigerio porque son dos políticos más dúctiles en la comunicación, con más capacidad de sortear discursivamente los escollos y la tentación de contar su dogma, su verdad. En el PRO aparecen problemas vinculados con la tendencia a decir lo que piensan, ponderar o dar recetas. Melconian es un consultor desde los ‘90 que habla a las empresas de ese modo, está en la naturaleza de su actividad. Sturzenegger está formado en la ortodoxia, fue funcionario de Domingo Cavallo. Se callan lo que pueden con la promesa de que hablarán con sus actos cuando ganen, pero en ocasiones se adelantan y generan algunos ruidos.

El PRO fue exitoso desde el principio en subordinar a esos pedazos de partidos a una estrategia ganadora propia.

IN: ¿El PRO es un partido de centro-derecha? ¿por qué sus dirigentes rechazan esa clasificación?

GV: En la Argentina definirte de izquierda o derecha suele ubicarte en los márgenes de la política. No hay grandes masas electorales que se ubiquen en las puntas, a diferencia de lo que pasa en España, Chile o Estados Unidos. Además, la derecha tuvo mala fama en nuestro país vinculada al terrorismo de Estado. ¿El peronismo o el radicalismo son de derecha o izquierda? El PRO es un partido pragmático que pretende ser opción de poder, es movimientista. El espacio de centroderecha y todos sus cuadros ya fueron absorbidos por el PRO desde sus orígenes, Ricardo López Murphy desapareció de escena. Por eso se dedicaron a ampliar los electorados.

IN: En ese espacio entonces conviven sectores más ideologizados y otros más pragmáticos…

GV: Si gana el PRO no sé cómo operará la diferencia entre pragmatismo y dogmatismo. Los cambios más profundos que quiere imponer están en la economía y la política exterior. Quedan varios interrogantes: hasta dónde se dejará que el dólar suba, si habrá un límite en el precio del mercado, a qué costo social, cuánta inflación es soportable de golpe. No venimos en una situación de caos como el ‘89 cuando Carlos Menem llegó con la política de cirugía mayor. Mi duda no es tanto sobre la gobernabilidad, con el radicalismo adentro y un peronismo que tendrá internas si se impone Macri. El PRO demostró una posición privatista en el sentido de creer en la virtud del mundo privado sobre el público, consideran que el Estado debe acompañar al mundo privado y que no sea una traba.

El discurso elude el corazón de la tradición política vinculada con manifestaciones, músicas, símbolos y propone otra estética.

IN: Estas elecciones parecen demostrar que el PRO se animó a disputar territoriedad y la política del timbreo por las casas demostró ser exitosa.

GV: El PRO no visibiliza en el espacio público sus apoyos territoriales, no hace grandes actos pero los construye de una manera más clásico con alianza a viejos dirigentes, referentes en las villas con los que hace alianzas en un sentido más clásico. Luego existen los voluntarios, que es un trabajo más militante en ciertos barrios. Por último, el timbreo es uno de los modos en que Macri construye su campaña desde el 2007: opera en el cara a cara. No es un gran orador y quiere llegar a un público que no mira los programas políticos ni va a un acto, tenía que ir a sus casas y contarles lo que hace. Eso funciona mucho. El gran desafío de Macri siempre fue romper esa barrera de ser percibido como niño rico o como un frío gestor.