A días de balotaje, las dos opciones tratan en la recta final de seducir al potencial votante. La alternativa del Frente para la Victoria tiene a su favor haber sido la opción política que fue capaz de sacar a la sociedad argentina de la grave crisis posconvertibilidad. Consiguiendo algo poco previsible en mayo de 2003, cuando asumió Nestor Kirchner. Encontrándose con una sociedad desbastada por las políticas de ajuste , con un porcentaje de desocupados inéditos y sectores significativos de las clases medias pauperizadas por la perdida del poder adquisitivo de los salarios. Con una industria cuasi destruida por la apertura a los mercados internacionales implementada tanto por el menemato como con su continuidad económica la Alianza, encabezada por Fernando de la Rúa. En su contra el FPV arrastra el desgaste propio de doce años de gobierno con un feroz enfrentamiento con la prensa hegemónica  desde la crisis del campo en el otoño del 2008, como de los sectores más concentrados de la economía nacional e internacional quienes vienen augurando el fin del ciclo kirchnerista desde hace por lo menos siete años.

La política era "el arte de hacer posible lo necesario con el horizonte del bien común". Que idea tan lejana...

También es cierto que la coyuntura económica a escala internacional se modificó y del boom de precios de los productos primarios principalmente la soja, se pasó no sólo por una profunda crisis recesiva tanto en el continente europeo y EE UU como también una marcada desaceleración del segundo socio mas importante de la economía argentina, el gigante asiático China, y una crisis recesiva significativa del principal socio a escala regional el Brasil.

Estos elementos afectaron en los ultimos años los resultados a escala macro de la economía argentina. Pero, nobleza obliga, sin afectar las profunda batería de políticas de inversión social y subsidios tanto en la energía como en el transporte público que permiten hasta la fecha hacer que los sectores más vulnerables y los asalariados de menores ingresos puedan enfrentar los altos índices de inflación de los ultimos años morigerando sus efectos, institucionalizando un mecanismo liminar como la discusión durante más de ocho años de paritarias libres, inédito durante más de 30 años de democracia.

Por su parte la otra opción encabezada por Mauricio Macri, esta conformada por la Alianza Cambiemos, quien logro sumar a su agrupamiento el PRO, al centenario UCR y a la controvertida líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió. Este espacio tuvo la virtud no sólo de articular distintos liderazgos de jóvenes funcionarios del macrismo como María Eugenia Vidal con el consolidado y extendido  aparato provincial y municipal del radicalismo, sino que pudo con una inteligente campaña, apropiarse del imaginario de importantes sectores de  la opinión publica su identificación con la idea de Cambio. El interrogante que se develará después del 10 de diciembre en caso que venza en el balotaje, es qué tipo de cambio es el que se propone.

Según qué tipo de indicadores uno tome como base de análisis diferirá el sentido de dicho Cambio. Si uno tomara como unidad de análisis en principio la actitud en el parlamento del PRO. Haciendo  un seguimiento pormenorizado de sus posicionamientos en Diputados, en más de una década, se observará que el PRO votó sistemáticamente contra todos los proyectos de ley propuestos y concretados en leyes por el Frente para la Victoria. Desde oponerse a la Estatización de las AFJP, el retorno a manos estatales de YPF, y Aerolineas Argentinas, hasta votar en contra de  la instauración de la Asignación Universal por Hijos o en temas tan significativos como el Matrimonio Igualitario. Si se toma en cuenta los discursos de campaña tanto de Macri como de la flamante gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, "Cambiemos no viene para sacar ningún derecho", como asegura uno de sus ultimos spots de campaña. Y como destacó en su discurso con posterioridad a las PASO, el aggiornado Macri, no "modificaría las cosas buenas que implementó el actual gobierno".

Aunque contradictoriamente si uno toma las declaraciones de sus principales referentes económicos como Alfonso Prat-Gay, o Carlos Melconian. Llegamos a la conclusión que el llamado cambio se iniciará con una mega-devaluación al dejar librado el valor del dólar a la decisión de los mercados, luego de eliminar como se prometió en campaña el llamado cepo cambiario. Que en el actual nivel de reservas cercanas a los 28 mil millones de dólares, se tornarían insuficientes para hacer frente a una demanda exacerbada de compra de la divisa americana por parte de los lobbies financieros. Con un dólar superior a los 16 pesos el nivel de deterioro de los salarios vía shock inflacionario mas que un cambio a lo nuevo, sería un verdadero revival del peor escenario del pasado. Lo cierto es que esto solo se sabrá  lamentablemente después del 10 de diciembre. Lo cierto es que más allá de los diagnósticos extremos, de los más exacerbados defensores del oficialismo que describen los logros de gestión como una suerte de camino al paraiíso. Tampoco, en contraposición, es cierto que los 12 años de gobiernos del Frente para la Victoria hayan sido el peor de los períodos en materia de administración y dejen al próximo gobierno una herencia similar o peor que la implosión de los diez años del experimento de la Convertibilidad neoliberal.

Tomando las palabras de Néstor Kirchner , "venimos del infierno, no estamos en el paraíso , tan sólo estamos en el purgatorio". Quizás sería un buen ejercicio preguntarnos todos los que ejerceremos nuestro derecho democrático el domingo 22 de noviembre, cuáles son las cuestiones más necesarias a priorizar por la inmensa mayoría de los argentinos. Y que batería de políticas serían las más idóneas que nos permitan profundizar los derechos conquistados, ratificando los logros y rectificando los errores.

Algo que nos puede ayudar a esclarecer el camino de nuestras decisiones es recordar cuál era la concepción primigenia de la política que se definía en la Antigua Grecia. La política era "el arte de hacer posible lo necesario con el horizonte del bien común". Que idea tan lejana al concepto posibilista que "la política es el arte de lo posible" al que  nos tienen acostumbrados los políticos cooptados por los intereses de los que consuetudinariamente cortan el bacalao.