El desarrollo satelital argentino logró el interés nacional antes de que el Congreso así lo dejara asentado por ley el pasado 4 de noviembre. Quizás por eso pasó desapercibida la sanción de la Ley 27.208 que, además de hacer esa declaración, aprueba el Plan Satelital Geoestacionario Argentino 2015-2035, por medio del cual se proyecta la construcción de otros ocho satélites con recursos propios, la búsqueda de nuevas posiciones orbitales, el desarrollo de la industria de proveedores locales, además de ganar competitividad y fomentar la integración regional. "La Ley es un reconocimiento que se hizo al trabajo y a la decisión estratégica de llevarlo adelante. Esto tiene futuro y hay un camino trazado para seguir en ese sentido", aseguró a Tiempo Argentino Matías Bianchi, presidente de ARSAT.

"ARSAT se creó en 2006 con un triple propósito: defender las posiciones orbitales, construir satélites propios y continuar desarrollando los servicios satelitales. Así está en el estatuto y en dos meses más, cuando el ARSAT-2 haya cumplido tres meses en funcionamiento en la órbita geoestacionaria, se va a haber cumplido con ese triple objetivo", explicó Bianchi en una rueda de prensa realizada en las oficinas que la empresa estatal tiene en Benavídez, Tigre. A partir de entonces, la compañía ingresará en una segunda etapa de mayor autonomía y que estará marcada por el desarrollo del tercer satélite geoestacionario con fondos propios.

"El ARSAT-1 tiene unos 100 clientes, la mitad de ellos privados, que ya utilizan un 80% de la capacidad del satélite. Eso implica que para fines de 2015 va a haber generado ingresos por 459 millones de pesos", señala Bianchi. El ARSAT-2, cuya huella cubre todo el continente y que fue puesto en funcionamiento la semana pasada, ya tiene el 30% de su capacidad reservada y en diciembre comenzará a transmitir. Con todo esto, precisó Bianchi, ARSAT logró cuadruplicar su facturación en dos años y puede operar con recursos propios. Y precisó que la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales necesitó hasta ahora de una inversión fuerte por parte del Estado para ponerse en marcha, "porque la industria privada consideraba que no había rentabilidad".

No obstante, ahora alcanzó un punto de desarrollo en el cual puede generar sus propios recursos y contribuir al fomento de una industria de proveedores locales. Según contó Bianchi, los dos primeros ARSAT apenas pudieron contar con un 30% de insumos locales (50% si se considera el diseño), pero hay condiciones en el país para avanzar en el desarrollo de la computación y hasta la fabricación de las baterías que usan los satélites aprovechando las enormes reservas de litio del país.

En esta etapa, ARSAT también está en condiciones de ofrecer a terceros la construcción de satélites y competir con los otros nueve países en todo el mundo con capacidad para hacerlo. O de seguir avanzando por la suya, para lo cual la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (AFTIC) ya comenzaron las gestiones por tres nuevas posiciones orbitales.

La Ley de Desarrollo de la Industria Satelital también establece que el Estado, que actualmente tiene el 100% de las acciones de ARSAT, no podrá modificar esta situación sin aprobación de los dos tercios del Congreso y que, aún así, no podrá desprenderse de más del 49% del capital. “Porque la idea es que los representantes del pueblo sean los que defiendan lo hecho. Porque no creo que haya un blindaje mejor que demostrar que esto está funcionando”, señaló Bianchi.

Avances en la consolidación de vínculos regionales

La mañana en que el ARSAT-2 iba a ser lanzado para ocupar la segunda órbita geoestacionaria reservada al país, Matías Bianchi firmó un acuerdo con la empresa lanzadora por el ARSAT-3, el tercer satélite de desarrollo argentino, hoy en etapa de diseño. Lo que no se difundió entonces es que esta iniciativa también pretende cumplir un rol en la consolidación de los vínculos regionales.

La Argentina invitó a los embajadores de varios países latinoamericanos a una reunión en el Palacio San Martín, sede de la Cancillería, para proponerles colaborar en el desarrollo satelital con insumos propios, a cambio de reservarles capacidad en el futuro ARSAT-3. Los delegados de Venezuela, Bolivia y Chile manifestaron su intención de participar, y con Chile ya se avanza en la definición de la colaboración, según contó Bianchi. Este tercer satélite podrá transmitir en banda Ka, que sirve para banda ancha de alta calidad.