Para Gilles Lipovetsky, los recientes atentados ocurridos en París demuestran que el individualismo se afianza en su forma más extrema. Y es que según la visión del filósofo y sociólogo francés, quienes llevaron a la práctica la masacre no lo hicieron tanto en nombre de una causa común sino para ser visibles en medio de una sociedad que los expulsa. "El hiperindividualismo genera un vacío que es muy duro para los individuos porque entonces se preguntan ¿quién soy? Antes éramos de un pueblo, teníamos la religión de nuestros padres, la vida era dura pero había lazos de pertenencias que ahora no son tan sólidos. Entonces la gente busca nuevos medios de reconstruir la personalidad. Es el caso de los jóvenes europeos que fueron criados en Francia y que están de acuerdo con la causa yihadista. Paradójicamente es una expresión individualista, porque lo que buscan es afirmar que existen", sostuvo.

El autor de La era del vacío estuvo en Buenos Aires para participar del encuentro Sur Global-Hacia la Bienal Unasur que se realizó el viernes pasado en el Museo de la Inmigración. Allí se reunieron artistas, críticos y curadores de diversos países para definir de manera plural el formato y funcionamiento de la Bienal de Arte Unasur que se realizará en 2017. Lipovetsky participó de una charla pública con Aníbal Jozami, director general de esta bienal que busca convertir el arte de la región en referencia mundial. Antes, el filósofo dialogó con Tiempo Argentino sobre la situación actual de lo que denomina "capitalismo artístico". Se trata de un concepto que desarrolla en su último libro, La estetización del mundo, coescrito junto al crítico Jean Serroy y que editó en nuestro país Anagrama a comienzos de este año.

Vestido con ropa oscura, amable y enérgico, Lipovetsky explicó que su trabajo es comprender la nueva situación del arte y su vínculo con el mercado, no sólo de un punto de vista estético sino, sobre todo, como un fenómeno actual, con aristas sociológicas y económicas concretas. "La expansión del ámbito estético es apreciable a través de fenómenos como la cantidad creciente de ferias y bienales que se realizan cada año. A la vez, la actividad estética se diseminó en el espacio cotidiano: cada vez que abre un bar o un restaurant, vemos que se trata antes que nada de lugares plagados de objetos de diseño. Esta expansión está impulsada por el mercado y esto es algo nuevo, ya que, en otros momento, era impulsada por la religión o por las monarquías", dijo en principio. Así, incluso los museos cambiaron su significado. "El museo es un invento de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX donde tenían que ser presentadas las obras de arte de la humanidad. El museo no tenía una vocación económica pero sí política, ya que buscaba mostrar la potencia de una nación. Hoy no hay ningún museo que no tenga al menos una pequeña finalidad económica: organizan exposiciones que tienen que atraer gente, hay negocios que venden productos derivados… Hoy en día se le atribuye al arte una misión económica: tiene que servir para la acumulación de turismo, para atraer capitales. Y así los museos se vuelven una especie de multinacional."

En consonancia, "el mercado del arte se ha vuelto el mercado de la especulación". "El arte moderno –digamos, las vanguardias del siglo XX– era un arte de revolución que protestaba contra los gustos establecidos. Y las obras de vanguardia no estaban en un museo, había que ir a la otra punta de la ciudad. Hoy es todo lo contrario: son los mismos museos los que les piden a los artistas que sean subversivos. Entonces la subversión se ha vuelto institucional. El discurso de los artistas es híper crítico pero tengo la sensación de que es una postura. No digo que no crean en eso que dicen pero no hay nada subversivo en eso. Por el contrario, a todo el mundo le encanta escucharlo", agregó. Esta licuación de sentidos termina siendo confusa también para quienes van a los museos y galerías. "El arte contemporáneo es difícil de entender porque está inmerso en una confusión de categorías. No se sabe si es moda, entretenimiento… y a la vez, hay mucha gente que sí le gusta. Otra novedad en relación con los vanguardistas históricos es que una estética no deja de lado a la otra. En los años cincuenta, sesenta, setenta, una estética corría a la otra, la echaba. Si la gran tendencia era la abstracción, todo lo figurativo quedaba afuera. Hoy hay de todo, está el minimalismo, lo conceptual, lo espectacular, todo es posible. Entonces estamos en un lío, en un universo que ya no tiene un centro, ya no parece guiado por un movimiento que vaya a algún lado", observó.

Proliferan artistas, proliferan estéticas que encuentran en los curadores y en los museos su forma de legitimación. ¿Por qué? "La sociedad hiperindividualista rompió los marcos tradicionales. O sea que estamos en una especie de desierto, donde los individuos ya no tienen un pilar estructural fuerte: la familia, las grandes ideologías, las iglesias cristianas existen pero ya no dirigen las conciencias. El hiperindividualismo genera un vacío que es muy duro para los individuos, porque entonces ¿quién soy? Antes éramos de un pueblo, teníamos la religión de nuestros padres, la vida era dura pero sabíamos quiénes éramos. Hoy la gente ya no sabe. Entonces busca nuevos medios de reconstruir la personalidad y por eso hay tanta gente que hace actividades artísticas", explicó.

Y en el individualismo extremo se puede encontrar, de acuerdo a la mirada de Lipovestky, cierta explicación sobre los recientes atentados terroristas en la capital francesa. "El caso de los jóvenes europeos que fueron criados en Francia y que están de acuerdo con la causa yihadista no sólo es una paradoja en términos de orígenes nacionales. Es, sobre todo, una expresión individualista. Porque estos jóvenes buscan una forma de existir. Es gente que a menudo son pequeños delincuentes, que no han logrado tener éxito en el colegio, que no lograron insertarse en la sociedad. Pero de repente convirtiéndose en estas formas rígidas adquieren una importancia, una forma de reconocimiento en su mundo. Es en cierto modo, la reconstrucción de una personalidad fuerte en un universo que se desarmó del todo", afirmó.

Consideró que la respuesta del gobierno francés en relación con su política interna "es justa pero insuficiente". "No creo que reforzar la idea de nacionalidad haga que estas actitudes retrocedan. Creo que no podemos encontrar una respuesta rápida a este drama porque data de muchas generaciones", analizó. Y consideró que el arte puede ser un aporte cualitativo. "Tenemos que ayudar a los niños y adolescentes a tener medios de expresión artística, como la plástica, la fotografía, el baile. Si la gente no encuentra formas de valorizarse ante sí y ante los otros, si la gente no siente que es capaz de hacer algo valioso, vamos a tener permanentemente estos comportamientos asesinos", advirtió.