Un tribunal consideró que el agente de la Policía Metropolitana Ricardo Ayala, acusado de haber disparado al joven Lucas Cabello en un conventillo de La Boca el 9 de noviembre pasado, no intentó matarlo sino que actuó en "exceso de la legítima defensa". En resumidas cuentas, el juez de instrucción Osvaldo Rappa consideró que Ayala se defendió de una agresión ilegítima, verbal (acaso un insulto) y como consecuencia de su "inexperiencia" y sus escasos 20 años de edad, hizo lo que no debía. Y ello tuvo como trágica consecuencia que, en el caso de que Cabello sobreviva, quedará cuadripléjico de por vida, informó Tiempo Argentino.

El policía Ayala fue procesado por el delito de homicidio en grado de tentativa, agravado por su condición de ser miembro de una fuerza de seguridad, con exceso en ejercicio de legítima defensa. El juez le trabó embargo por la suma de 300 mil pesos. Y no le impuso ninguna otra restricción. La posibilidad de que siga desempeñándose como policía es ahora una decisión administrativa.

El fallo, de medio centenar de páginas, reconoce que Ayala "efectuó tres disparos, de manera imprudente, con su arma reglamentaria contra el cuerpo de Lucas Nahuel Cabello, excediéndose en los límites impuestos por la ley, ante una agresión del nombrado Cabello, lo que casi le ocasiona la muerte". ¿Cuál fue esa agresión? Según describió Ayala en su declaración indagatoria, tras un intercambio de palabras, Cabello "se da vuelta y bruscamente extrae de su cintura un arma de fuego y le apunta con la clara finalidad de disparar hacia el torso". Pero el fallo asevera que "no se pudo acreditar fehacientemente que Cabello tuviera un arma de fuego en su poder, ni que increpara con un elemento de esas características al oficial Ayala". El juez explicó que "se hubiere justificado ese accionar, en caso de no haber podido, en el supuesto de haber existido el arma, desarmar al agresor, teniendo en cuenta la corta distancia que los separaba".

No había arma, ni tampoco motivos aparentes para la reacción del joven policía: "No se tiene certeza de los motivos por los cuales el oficial Ayala accionó su arma reglamentaria contra el cuerpo de Cabello." Pero si bien no hay "motivos", el juez Rappa entendió que tampoco "hay indicios que permitan sospechar que los disparos de Ayala contra Cabello fueran intencionales y sin motivo aparente. Sólo se advierte un mal desempeñó en su labor, y su poca experiencia para enfrentar una situación de agresión y tensión, siendo imprudente en su manejo con el arma." Por "inexperiencia", el fallo enumera "ciertos detalles que pudieron ayudar a que Ayala actuara de la manera imprudente en que lo hizo. Su inexperiencia como agente (no tiene más de un año en el cargo de oficial), su edad (20 años), la zona en donde le tocó realizar la custodia de una familia, sin ayuda de algún otro agente." No sólo eso: "A ello se suman los problemas que tienen los agentes que deben cubrir el barrio de La Boca para comunicarse con el Comando por medio del radio con el que se los provee, por falta de señal."

La resolución tiene un párrafo que parece rozar la estigmatización de la víctima, ya que pone de resalto "la fisonomía de Cabello, sumado a su actitud increpante, (que) pudo haber intimidado e influenciado para que Ayala utilizara su arma reglamentaria, en vez de intentar reducirlo con sus manos, tonfa y/o gas pimienta".

"Hay una persona con tres heridas de bala internada en una clínica privada y que se encuentra grave de salud, corriendo peligro su vida (es más, presenta una cuadriplejía prácticamente irreversible". La víctima, queda claro, es Cabello.

¿Por qué el juez descreyó, al menos por ahora, que Ayala le hubiera disparado dos tiros a Cabello cuando ya estaba tirado en el suelo, producto del primer impacto? Esencialmente, porque no creyó en los relatos recolectados en la causa. "No hay testigos que hayan presenciado el altercado protagonizado por el oficial Ayala y Lucas Cabello, ninguno que pueda brindar un relato claro de todo lo sucedido." Pero los que declararon incurrieron en inconsistencias, contradicciones y omisiones. Por ejemplo, la presencia de la pareja de Cabello en la escena. "Resulta extraño que no advirtieran que la mujer de Cabello estaba presente en el lugar, sosteniendo a su pareja, si realmente presenciaron el altercado denunciado… Son detalles que restan credibilidad y permiten dudar, con fundamento y razón, de la imparcialidad de esos testimonios."

El juez dudó de los testigos y también de la propia mujer de Cabello, Camila Magallanes, quien describió cómo Ayala –de acuerdo con su relato– le disparó cuando estaba en el suelo. "Su testimonio se debe valorar teniendo en cuenta el estado que se encuentra por la situación padecida por el padre de su nena."

Anoche, la familia marchaba en La Boca, repudiando el fallo y pidiendo justicia.