"Que cada cual venga y se manifieste como quiera. Nosotras creemos que mostrar el cuerpo no es malo. No es de puta ni es violento, porque nuestro cuerpo es nuestro y si queremos estar tapadas de pies a cabeza, podemos hacerlo y si queremos estar desnudas, también. Por hacer un topless nadie te puede abusar, o violar. Nuestros cuerpos pintados hablan y tienen una carga simbólica muy grande en contra de la cultura de la violación", explica a este diario Natacha Urman, una de las organizadoras de la Marcha de las Putas. Se realizó en el día de ayer en Plaza de Mayo con una importante convocatoria, mayor a la de años anteriores, que empezó a gestarse en las redes sociales y terminó pasadas las 6 de la tarde frente al Congreso.

Según consignó Tiempo Argentino, la Marcha de las Putas (Slut Walk) es la adaptación local de una iniciativa surgida en abril de 2011 en Canadá como respuesta a los dichos de un policía, Michael Sanguinetti, quien durante una disertación ante universitarios dijo que las mujeres "dejen de vestirse como putas si no quieren ser violadas". En este caso, sirvió como punto de partida a distintos repudios de temática libre contra toda forma de violencia.

"Queremos que se entienda que la mujer también es un ser humano. En mi caso, vine desde Morón a manifestarme. Porque no siempre la violencia contra una mujer la ejerce un hombre".

"Las mujeres vivimos distintas formas de acoso desde que somos chicas, el acoso callejero es una de ellas y a partir de ahí vamos adoptando ese lugar de cosificación. El lema de este año es: cultura de la violación, el problema es colectivo, la solución también, y llamamos a involucrarnos en la problemática, más allá de si la vivimos o no, en carne propia", dice Urman.

En la plaza, desde temprano, los cuerpos desnudos hablaron. Malena (20) tenía el cuerpo escrito con lápiz labial rojo y frases desprolijas que le cubrían la espalda, las piernas, los pechos. "Quiero provocar, quiero llamar la atención, yo puedo vestirme como quiera, pero no por eso nadie puede venir a tocarme, o a hacerme algo que yo no quiera. Hace poco volvía de bailar y me agarrí un chabón que me quiso abusar. Yo luché y grité hasta que unos vecinos me defendieron. Hice la denuncia, pero fue como si no hubiera hecho nada. Me indagaron: ¿por qué volvía sola de ir a bailar?, ¿por qué iba vestida así? A nadie le importaba cómo iba vestido el tipo."

Cintia (22) llegó desde el mediodía con su amiga Yolanda (23) y se sentaron frente al escenario donde se vieron distintas performances. Yolanda explica que ante esta realidad tampoco ayudan las redes sociales, más bien lo contrario. "Envié y compartí varias capturas de pantallas al Facebook de la convocatoria, mensajes que justificaban el acoso sexual. Pero también quise venir hoy y poner el cuerpo, para que la violencia no se siga naturalizando."

Dice Cintia: "Queremos que se entienda que la mujer también es un ser humano. En mi caso, vine desde Morón a manifestarme. Porque no siempre la violencia contra una mujer la ejerce un hombre. Mi mamá me trató de puta cuando se enteró que salía con un hombre 16 años mayor. Me dijo: me das asco, sos una puta, jamás voy a sentirme orgullosa de vos."