Con posterioridad a los crímenes que asolaron París el viernes 13 de noviembre por la noche, tras el horror de decenas de  vidas segadas por la violencia irracional, el discurso del presidente François Holland rememoró otros momentos no muy lejanos. "Francia está en guerra contra el yihadismo islámico." Sus palabras trajeron  al recuerdo las que George W. Bush, con posterioridad a los sucesos de las Torres Gemelas, que marcó el inicio  de la llamada guerra global contra el terrorismo que trajo aparejada la invasión a Afganistán y luego a Irak. A 14 años de tal cruzada occidental, el mundo  sigue siendo aún mas  inseguro que el de entonces.

Esta guerra no comenzó con los asesinatos de enero en la redacción de Charlie Hebdo, ni su segundo acto fue la carniceria del viernes 13 de noviembre en París.

Ante el camino del guerrerismo planteado por el Ejecutivo francés y sus aliados, decenas de asociaciones y múltiples personalidades fijaron su posición, a través  de distintos manifiestos que además de repudiar el terror se niegan a pensar que la salida a tamaña irracionalidad, pasa por profundizar el camino belicista para garantizar la seguridad de la sociedad gala. Bajo el título "No vamos a ceder", la última semana se conoció un manifiesto contra la guerra, firmado por decenas de asociaciones sociales y numerosos colectivos defensores de los DD HH, que mostraron  su preocupación por el camino emprendido por el Ejecutivo francés, tanto en el incremento de los bombardeos en territorio sirio, como en el marcado recorte de libertades que se ha instalado a través del estado de excepción, negándose a aceptar como única e idónea la salida guerrerista. Dice: "Desde 1986, con el pretexto de luchar contra el terrorismo, se van acumulando las leyes que otorgan poder a las fuerzas del orden, que ponen en pie una justicia de excepción y que restringen nuestras libertades. La adopción de nuevos dispositivos legislativos, incluso de carácter constitucional, exige plantear la cuestión de su eficacia y del atentado añadido a las libertades que suponen. Antes de modificar la legislación y de otorgar mayores poderes al Estado, es preciso que este se interrogue sobre las razones que no han permitido evitar semejante abominación. La respuesta de las autoridades, de contenido marcial, no garantiza nuestra seguridad ni, mucho menos, respeta nuestras libertades. Querer privar de su nacionalidad, incluso a las personas que han nacido en Francia, es emitir de nuevo el mensaje de una Francia dividida. Creemos que es fundamental recordar que nada nos puede llevar a restringir el Estado de Derecho y privarnos de nuestras libertades. El estado de excepción no puede convertirse en permanente, y las condiciones de su aplicación no deberían entorpecer la democracia social, el ejercicio de la ciudadanía y el debate púbico."

También es cierto que esta guerra no comenzó con los asesinatos de enero en la redacción de Charlie Hebdo, ni su segundo acto fue la carniceria del viernes 13 de noviembre en París, en las cercanías del Estade de France, o en el interior de la Sala Carrillón. Desde hace cuatro años en territorio sirio, aunque invisibilizados, mueren en promedio más de 100 seres humanos por día, en su mayoría civiles inocentes.

La intervención militar de Francia como aliada de EE UU, al proveer de armamento a la oposición política del gobierno de Bashar al Assad, en  Siria, sumada a las incursiones aéreas, ayudó a que se produjeran más de 300 mil muertos. Además del desplazamiento de 8 millones de personas que han huido de la guerra a otras puntos de Siria, y a 4 millones de refugiados que debieron abandonar todo, dejando sus viviendas destruidas, buscando protección, en particular en el Líbano, Jordania, Irak, Turquía o Egipto. Alrededor de 1,1 millones están en el Líbano, más de 612 mil en Jordania; 832 mil en Turquía y 217 mil en Irak, mientras que Egipto acoge a otros 138 mil. Los  desplazados  en el interior del territorio sirio son más de 8 millones, sobre una población total de 23,4 millones. Este terrible drama es  invisibilizado por la prensa occidental y recién toma los titulares de los principales periódicos y las pantallas de las cadenas informativas ante la masiva llegada de migrantes a las costas de Europa, arriesgando sus vidas a través del Mediterráneo. 

Como quedó expresado hace unos pocos días atrás, paradójicamente cuando Tony Blair, uno de los protagonistas que llevaron a la alianza encabezada por EE UU  a una guerra innecesaria hace décadas en Irak, pidió perdón por haber iniciado la guerra de Irak , que trajo el caos regional, uno de los factores que contribuyó a la aparición y desarrollo del grupo islamista Estado Islámico, que hoy tiene en vilo al escenario mundial. 

En el caso francés, no sólo se tendrá que reflexionar sobre las responsabilidades compartidas con otras potencias, que ayudaron a la gestación del mencionado caos regional. Sino que habrá que replantearse el modelo de sociedad que fronteras adentro, durante décadas, ha posibilitado la gestación de tamaña violencia por jóvenes connacionales. Que, según algunos cientistas sociales, fueron dando señales en forma embrionaria, hace sólo diez años, de su malestar en relación a la situación social en la República francesa. Con la sublevación de la Banlieue en las barriadas periféricas de París y las principales capitales de toda Francia, los síntomas de una disfuncionalidad entre los jóvenes descendientes de migrantes, que expresaban con la quema de vehículos y enfrentamiento con las fuerzas de seguridad su malestar  ante la mano dura de la policía. Denunciaban su profundo malestar ante una sociedad que los tomaba como ciudadanos de segunda.De los miles de jóvenes que ingresaron en los últimos años  a las cárceles en Francia por robos menores, el 40% son descendientes de inmigrantes atravesados por una profunda insatisfacción, en un sociedad que los segrega. Al ingresar en las instituciones carcelarias, conviven  con referentes del yihadismo radical, que dotan de sentido religioso al sinsentido de una sociedad de consumo que en su  marcada desigualdad social  hace de dichos jóvenes rebeldes presa fácil en una suerte de posgrado de embrionaria radicalización a potencial yihadismo. Lo cierto es que el problema que viven varios países europeos, y en especial Francia, no se solucionará con más violencia.  Como dice en su declaración "Ciudades en pie de paz”, el teniente alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello "No es con bombardeos indiscriminados, atizando la islamofóbia o limitando derechos y libertades básicos, como se acabará con el terrorismo. Por el contrario, para conseguirlo es fundamental pensar una respuesta eficaz pero asimétrica, que no conduzca a una espiral interminable de belicismo y sufrimiento.