Estamos a tan solo tres días de una experiencia histórica. En más de 100 años de democracia representativa desde la Ley Saénz Peña, por primera vez la derecha ocupa por el voto popular el sillón de Rivadavia.Desde 1916 a nuestros días nunca una opción de derecha que propone como ideario el libre mercado se hizo con el gobierno por medio del sufragio ciudadano. Desde Uribúru en septiembre de 1930 hasta la última dictadura iniciada en marzo de 1976, el establishmen necesito de los golpes de Estado.
El menemato fue posible con una suerte de golpe económico que generó la desestabilización via hiperinflación del gobierno de Alfonsín. En las elecciones de 1989 las consignas programáticas del caudillo riojano por las cuales obtuvo el triunfo electoral fueron la Revolución Productiva y el Salariazo.Esa experiencia neoliberal se dio haciendo todo lo contrario a lo prometido. Así fue que luego de unos meses de sendas crisis y cambios de Ministros de Economía, con la llegada de Domingo Cavallo, el experimento de la Convertibilidad suplantó las promesas electorales distribucionistas, transformándose en la concreción de un profundo Plan de Privatizaciones, hipotecando la soberanía y cumpliendo con las asignaturas pendientes de Martínez de Hoz.

La ilusión de un país sin chimeneas donde la precarización de las relaciones laborales garantizará el incremento de la tasa de ganancia empresaria sobre la paulatina pauperización de importantes sectores de la población, fue una de las variables determinantes del fracaso de un plan que tomó a los trabajadores como material descartable. La ficción del Todo por $2 de la industria del conteiner y como contracara la expulsión de ciento de miles de trabajadores, excluidos de un aparato productivo incapaz de competir con la invasión de productos a bajo costo. La trampa de la paridad cambiaria en la Convertibilidad culminó con una crisis que implosiónó en el gobierno de la Alianza con las insubordinación social del 19 al 20 de diciembre de 2001, el Corralito, la pérdida de los depósitos de ahorrístas y una deuda externa que superaba el 100% del PBI. En 2015, las políticas neoliberales de libremercado, apertura de la economía y ajuste fiscal,excepcionalmente, tuvieron el apoyo de la mitad más uno del electorado.

El 10 de diciembre se inicia un nuevo ciclo, con la esperanza de más de la mitad de los ciudadanos que por diversas razones llegaron a la conclusión de la necesidad del cambio. Apostaron a una opción cuyo eje discursivo fue el Cambio, sin aclarar el contenido, pero con modernas técnicas publicitarias que fueron instalando en el imaginario de importantes sectores de la población que era posible una vida mejor alejándose de la opción de la continuidad, que no era otra que el FPV.

La continuidad como significante vacío se convirtió en insuficiente. La idea fuerza de no perder ninguno de los derechos adquiridos, desde la AUH para los sectores más vulnerables o las diversas conquistas alcanzadas en estos últimos 12 años kirchneristas, que junto a otros de América Latina entendieron que la salida a la peor crisis económica política y social en su historia, era con políticas económicas contrarias a la ortodoxia propia de los organismos internacionales de crédito.

A partir del jueves, los slogans de campaña darán lugar a las políticas concretas. Lo cierto que a diferencia de otras etapas históricas el escenario heredado según determinados indicadores económicos, no es justamente el de una situación de crisis. Si comparamos las exiguas reservas que recibió Kirchner en 2003 o el drama de una sociedad profundamente pauperizada, con índices de desocupación y pobreza extremas, toda semejanza se torna maniquea. Reservas de 25 mil millones, con una deuda externa de tan solo el 40% del PBI, en un país desendeudado. Un índice de crecimiento en el caso de la construcción superior al 7% en relación al 2014 y una curva de crecimiento expresada con subas y bajas en los últimos cuatro años, pero con más de un lustro de tasas de crecimiento elevadísimas, niveles de consumo sostenido en diversidad de rubros, y una desocupación por debajo del 6 por ciento. A pesar de esta realidad económica, las nuevas autoridades, refuerzan la noción de “no saber con certeza cuál es la realidad heredada por los gobiernos kirchneristas”. A partir del 10 de diciembre es muy factible que se intente instalar la idea fuerza de "crisis", para crear las condiciones por las cuales la ciudadanía acepte como inexorable no solo una mega devaluación,sino los efectos de la pérdida de poder adquisitivo de sus ingresos. La historia de la década de los '90 fue rica en dispositivos de disciplinamiento social. Lo paradójico es que si fuera de tal magnitud la crísis, las prioridades política del nuevo gobierno deberían garantizar las condiciones de existencia de las grandes mayorías afectadas ante tamaña devaluación. O sea todos aquellos que viven de su salario y los que apenas sobreviven con los subsidios sociales tendrían que ser la principal preocupación del equipo gobernante. No definir como prioritarias dichas cuestiones es en sí, aunque no se diga , una clara definición ideológica. La pregunta que tendríamos que hacernos como sociedad es quienes serían en ese caso los que se beneficiarían de la llamada mega-devaluación. Y los grandes perjudicados serán los sectores asalariados y los comerciantes e industriales ligados a la demanda del mercado interno.Lo cierto es que en distintas declaraciones desde los nuevos responsables del área económica se aseguró que se crearán las condiciones para tentar el ingreso de capitales. Estas afirmaciones se contradicen con las predicciones de consultores internacionales, neoliberales, como Ousméne Manned del fondo New Sparta Asset Management, de Londres, quien afirmó: “Es extremadamente difícil que EE UU asista rápidamente con dinero a Argentina”. O como titulaba en su edición del sábado 5, El País de España “Los inversores dudan sobre cuándo apostar por Argentina”.

Por su parte el nuevo Ministro de Trabajo aclaraba en sus declaraciones que las paritarias serán la discusión de los incrementos salariales en función de la inflación futura, generando una fuerte incertidumbre en los sectores asalariados que han visto en los últimos días la remarcación masiva de precios en los más diversos rubros, motivadas por las expectativas generadas a días de un dólar a $ 15.

En síntesis, la distancia entre slogan de campaña y la realidad después del 10 de diciembre será la principal variable que incidirá tanto en los votantes del cambio como en los defensores de la continuidad kirchnerista de ahora en más. «