Un hombre mira una pared con binoculares. A su alrededor se extiende un paisaje con pinos y montañas color magenta y un cielo azul. Pero él –con sombrero y saquito y bigote, como un inmigrante que recién bajara de un barco que lo dejó en tierra extraña- tiene la mirada puesta en la pared. Parece que ahí está lo verdaderamente importante. Es más difícil aún que el hombrecito advierta que a sus espaldas humea una taza sobre un plato sostenido por ocho patas peludas, una posible evocación de esa idea de que el mundo era un plano sostenido por elefantes o llevado a lomo de tortuga antes de que se comprobara su redondez. La ilustración -del mendocino Federico Calandria- fue elegida como tapa de Informe: historieta argentina del siglo XXI. Realizado por la Editorial Municipal de Rosario, este ambicioso (y hermoso y necesario) volumen reúne el trabajo de veinte autores casi todos nacidos en la década de 1980. Las historietas incluidas son inéditas en su mayoría o fueron publicadas hace un tiempo en Internet o circularon en ediciones impresas de escasa tirada. O sea que para advertir la riqueza y complejidad de ese mundo fue necesario volver a mirarlo con detenimiento, retrató Tiempo Argentino.

"Informe apostó por producir un tipo de libro que requirió observar con atención y establecer un recorte que atrapara, por un momento, a un grupo de autores más o menos emergentes, por lo tanto en pleno movimiento", dice el poeta y editor José Sainz, a cargo de la selección y armado del libro. Y agrega: "Casi todos los integrantes del campo de posibilidades que fuimos encontrando publican en papel casi siempre en cantidades mínimas o muy reducidas, imprimiendo sus fanzines, repartiéndolos en tiendas y ferias y fiestas y festivales, subiendo sus dibujos y sus tiras y sus páginas a Facebook y a sus blogs y tumblrs, colaborando con proyectos editoriales o poniendo en marcha los propios. Es decir, llevan produciendo sus historietas en medio en silencio, desde los bordes, como si estuvieran criando espías."

Quienes participan de Informe son Berliac, María Victoria Rodríguez, Sofía Gómez, Andrés Alberto, Manuel Depetris, Lucía Brutta, Marianoenelmundo, Pedro Mancini, effýmia, Pablo Boffelli, Pablo Guaymasi, Natalia Lombardo, Camila Torre Notari, Pablo Vigo, Javier Velasco, Natacha Vollenweider, María Luque, Lucas Mercado, Estefanía Clotti y Nicolás Mealla. Se trata de historietistas de distintos lugares del país –por ejemplo, Rosario, Buenos Aires, Bahía Blanca, Santa Fe, Córdoba, Chaco y Paraná- cuyo denominador común, se dijo, es que nacieron todos alrededor de 1980. "El corte generacional, que como cualquier otro es confuso y ligeramente caprichoso y no siempre definitivo, funcionó, primero, como un filtro para diferenciar los proyectos autorales que forman parte del libro de otros más consolidados y con un recorrido prolongado; es decir, menos emergentes. Nuestra apuesta fue, justamente, mostrar lo emergente. Y por otro, queríamos trabajar con el primer grupo que empezó a producir y a publicar con las herramientas digitales a mano, donde Internet se transformó en un canal de circulación fundamental", explica.

¿Cuáles son las implicancias del vínculo con lo tecnológico como denominador común? "La antología reúne trabajos de autores que circularon muy poco en papel pero encontraron en la publicación digital una manera de resolver esa limitación. Esto sirvió como plataforma de testeo y de rebote para la obra propia que no encontraba en su momento lugar en diarios ni en revistas ni en libros", responde Sainz. Los historietistas supieron, entonces, transformar esa limitación en una zona de libertad creativa. Así, cada quien empezó a indagar las posibilidades del lenguaje gráfico en función de su deseo, de sus recursos, de sus influencias, de sus ganas. El resultado es un conjunto heteróclito de historias que investigan la cantidad de mundos posibles que caben en éste. Torre Notari –autora de "Lo termino cuidando yo"- relata la pasión de una chica por ciertas mascotas que aparecen en la casa y desatan la furia materna. "Es absolutamente autobiográfico", reconoció ella en la presentación del libro que se hizo en Espacio Moebius, en Almagro. Vollenweider –nacida en Río Cuarto pero residente en Hamburgo- es autora de "Tonga", con dibujos en blanco y negro perfectamente mudos e inquietantes. Guaymasi –editor de la imperdible revista Culiau!- relata la vida de un alienígena en una barrio popular cordobés que termina bailando cuarteto en uno de esos fervorosos recitales que se hacen en aquella zona. Mancini –que este año publicó un gran primer libro: Alien Triste- creó un personaje hermoso y oscuro, un chico con cabeza de pájaro y capita de superhéroe, que toca la batería en una banda y extraña a su abuela. Gómez no duda en meter a Tintín y su perro Milú en viaje de peyote. Effýmia –autora trans fallecida en 2014- relata la dificultad de asumir una nueva identidad de género. Y Luque –cuyo cómic habla de una chica que vive de cuidar casas ajenas-, en aquella presentación en Moebius dijo, como aporte sobre el estado actual de la historieta de autor: "Ojalá existieran muchos más espacios donde publicar y lugares de circulación, pero es bastante difícil. Sí me parece que está buenísimo que haya un montón de personas produciendo sin ningún tipo de interés o sin buscar en ello más nada que el hecho de estar dibujando y compartirlo".

Éstos son algunos ejemplos que demuestran cuán viva y desprejuiciada es la historieta actual; al menos, la que aparece citada en Informe. De manera paralela, quien se detenga en la biografía de los autores –y de las autoras, que en el libro tienen un lugar preponderante- advertirá que mucha de la gente que confluyó en esta publicación ya venía realizando proyectos comunes entre sí.

Y a la vez, todos esos fanzines, emprendimientos editoriales, blogs que aparecen mencionados terminan configurando un territorio paralelo donde el lector puede perderse para emerger con un puñado de buenas historietas y referencias que le permitan seguir descubriendo un universo inagotable y aún bastante secreto. "Ahora hay determinadas estructuras que permiten dialogar con otro público y pensar como posible la ampliación de su campo de impacto, es cierto. De todos modos, la historieta sigue siendo una lengua subterránea, como un sistema expresivo alienígena que todavía no está naturalizado, que se piensa como accesible para un grupo muy específico que cuenta con las herramientas para descifrarlo. Hay cada vez más esfuerzos por revertir esto, como los festivales más grandes y aún este libro. Pero todavía no consigue ir mucho más allá de su expansión inmediata", observa Sainz. La ventaja, en este contexto, es que "resulta más sencillo, perdido por perdido, ser mutante y experimental y deforme: la limitación funciona como un antídoto contra la estandarización y el estancamiento del lenguaje".