Los antecedentes de Mauricio Macri en materia de Derechos Humanos son inquietantes. Su incipiente gestión de gobierno no hace más que confirmarlos: ¿qué versión de los Derechos Humanos puede corresponderle a un gobierno que interviene de facto el Archivo Nacional de la Memoria o despide a empleados públicos por su filiación política?

Justo un año atrás, en una entrevista concedida –cuándo no–, al diario La Nación, el entonces precandidato presidencial pronunció una idea-fuerza de la derecha de ojos celestes que arribó al gobierno: "Conmigo se acaban los curros en Derechos Humanos". La definición entusiasmó a una parte emblemática de su electorado. Y nótese que decimos “emblemática” y no necesariamente “numerosa”, porque la bandera de los Derechos Humanos y la sanción penal del genocidio conservan gran prestigio social, mantienen un grado importante de consenso y constituyen un logro cultural y político de los argentinos y de la institucionalidad que supimos conseguir. Ese alto estándar de nuestra democracia no cederá fácilmente, ni siquiera a través de un DNU.

Un año después, el centenario diario vuelve a adelantar la cosmovisión del macrismo en relación con ese tema: “Inició el Gobierno el plan para ‘deskirchnerizar’ la ex ESMA”, tituló, vengativo, el pasado sábado. Esa mutación ideológica comenzaría por la invitación a otras organizaciones, como Naciones Unidas y Unicef, a que muden sus oficinas al predio expropiado en 2004 a la Marina de Guerra.

¿Se pueden aceptar acríticamente semejantes anuncios? ¿A qué ONU se refiere el macrismo: a la que cuestionó a los fondos buitre, o a la escondió bajo el felpudo delitos sexuales contra niños, cometidos por soldados de las fuerzas “de paz”, en su mayoría franceses, en África, casualmente cuando Susana Malcorra era jefa de gabinete de su secretariado general? ¿Acaso querrá el macrismo que el Museo Malvinas, que tiene su asiento en la ex ESMA, tenga una “perspectiva más amplia” sobre el conflicto con Gran Bretaña y no una posición “muy dura” como tuvo el kirchnerismo, según la conceptualización de la nueva canciller?

Invocar a la ONU en materia de Derechos Humanos sin discutir la hegemonía que ejercen los países centrales que tienen capacidad de veto en el Consejo de Seguridad, es un abierto llamado a desvirtuar al carácter profundamente cuestionador de las relaciones de poder y del reparto desigual de la riqueza en el mundo que tiene toda lucha humanitaria.

En reiteradas ocasiones Hebe de Bonafini cuestionó el rol que cumplió la Organización de Naciones Unidas durante el genocidio argentino, mientras la cacería militar (con amparo judicial, complicidad mediática y consuelo eclesiástico) se estaba consumando. El primer viaje de las Madres al exterior fue en 1978, y el destino fue Estados Unidos, país donde tiene su sede la ONU. Según recordó Hebe hace más de diez años ante el periodista Alejandro Margulis, los desaparecidos eran tratados allí como un número. “Te cambiaban por trigo o por petróleo, porque las votaciones dependían de lo económico, y Rusia y Nicaragua votaron en contra de que se viniera a investigar lo que estaban denunciando porque necesitaban el trigo.”

Ese ninguneo de todas las instituciones estatales, supranacionales, y hasta de Derechos Humanos preexistentes, fue el factor decisivo para que las Madres se auto-convocaran en la Plaza de Mayo y no la abandonaran más, hasta hoy.

¿Cómo entender la invitación a que la ONU ingrese al predio de la ex ESMA, reconquistado para la sociedad democrática, sin esa imprescindible lectura crítica de los años del terrorismo estatal, y a contrapelo del discurso del poder real? ¿A qué llaman exactamente “kirchnerización” de los Derechos Humanos? ¿Acaso al nuevo prólogo del Informe Nunca Más, escrito por la Secretaría de Derechos Humanos en 2006, a 30 años del golpe?

No olvidar: aquel prólogo no modificó el anterior, sino que se atrevió a discutir con él, de cara a la verdad de los hechos históricos y a la dinámica política de su interpretación. Mientras en el texto escrito por Ernesto Sabato, intelectual orgánico del alfonsinismo y colaborador bajas calorías de la dictadura, se sostenía la tesis de los dos demonios, la nueva introducción afirmaba que “es preciso dejar claramente establecido –porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes– que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas”.

¿Será que a 40 años del golpe el gobierno planea la escritura de un tercer prólogo, que le dé la razón al primero, muy similar al célebre editorial de La Nación publicado al día siguiente del triunfo de Macri, titulado “No más venganza”? Ya lo vimos en el decreto que disolvió el Instituto Dorrego: el Estado no está para “promover una visión única de la historia”. La libre interpretación del adjetivo “única” puede habilitar el regreso de los dos demonios y hasta legitimar a un “gobierno para todos los argentinos, para el que quiere a Videla y para el que no lo quiere”, como soñó Eduardo Duhalde. ¿A qué engañosa “neutralidad” (como el llamado a la ONU o la convocatoria a que la población ayude a los inundados a través de la fundación de la vicepresidenta, y no mediante el Estado) apelará el macrismo el 9 de julio de 2016, cuando se cumplan 200 años de la Declaración de la Independencia?

Asimismo, semejante devastación ideológica, ¿comprenderá la confección de una escala para los organismos de derechos humanos, que los califique de “buenos” y “malos”, como otrora se hacía con los piqueteros que dejaban “caminos alternativos” mientras otros “se tapan la cara”?

En la nota de La Nación, a Hebe le ponen una mala nota: “Cero onda” con Macri, califican, en contraposición con Estela de Carlotto, quien “ya se reunió tres veces” con el secretario de DD HH, Claudio Avruj. Mientras la presidenta de las Madres “calificó a Macri de ‘dictador’ y convocó a la resistencia”, la titular de Abuelas, dice el diario, logró mantener a su hija Claudia al frente de la Conadi, “por su trabajo profesional”.

Hay que tener cuidado porque esas estigmatizaciones suelen tener consecuencias. Los indeseables no suelen pasarla bien. Dos días antes de esa publicación, las Madres de Plaza de Mayo denunciaron que la sede de su emisora radial fue atacada durante la madrugada, cuando un grupo de personas tiró huevos contra la puerta de vidrio e intentó forzarla e ingresar. El acto intimidatorio incluyó golpes a un sereno de la radio.

Para el diario digital Infobae, sin embargo, fue al revés: “Hebe de Bonafini denunció en la policía que le hicieron un escrache y pidió custodia”, tituló, como si las Madres hubieran reclamado ante la policía la criminalización de la protesta.

Ojalá Macri no continúe anunciando los ejes de su gobierno en materia de Derechos Humanos durante las entrevistas que concede a sus medios amigos. Si así fuera, los argentinos correríamos el riesgo de que ante una nueva invitación al living de Susana Giménez, el ingeniero se dejara llevar por la extrema cordialidad de su entrevistadora, para quien “el que mata tiene que morir”.