Desde la crisis financiera de 2008 en los Estados Unidos la ola recesiva impactó en las economías del Viejo Continente. La expresión de dicha crisis irrumpió principalmente en diversos países del sur europeo, en países como Grecia, España y Portugal, Italia que fueron los más afectados.

Este nuevo escenario se llevó puesto a varios gobiernos de distinto signo político desde Silvio Berlusconi en Italia, el conservador Costas Caramanlis Giorgos Papandreu en Grecia, y la derrota electoral de diciembre de 2011 del PSOE en España. Para afrontar los efectos de la crisis, desde Bruselas se dictaron directivas a los distintos gobiernos de la Unión Europea. Desde 2009, los llamados de "austeridad", fue el eufemismo que se convirtió en el común denominador de los planes de ajuste del gasto público, con objetivos extremos que imponían no superar el 3% del Producto Bruto Interno. Estas políticas implementadas por los distintos gobiernos más allá de su color político. Es el caso del conservador Pedro Passos Coelho o de Mariano Rajoy en España.  Consolidaron lo que en la izquierda europea se denomina los "pobres estructurales", conformados por los principales perjudicados de las políticas de recortes en materia de sanidad, educación y la implosión de la burbuja inmobiliaria que dejo a los deudores hipotecarios significativo número de trabajadores y sectores medios a merced de los intereses usurarios de la banca y los agentes inmobiliarios.

A pesar de ser realidades distintas, no se descarta que la salida a la actual situación política española , pueda ser a la portuguesa.

Los miles de desalojos, en el caso del Estado Español, trajo aparejado la conformación de distintos movimientos ciudadanos como Stop-Desahucios, que con gran incidencia  en diversas regiones de la península ibérica encaró la resistencia  contra la usura financiera y la estafa inmobiliaria. En el caso de esa región a diferencia de la situación persistencia en Grecia, el triunfo electoral de las fuerzas conservadoras con amplia mayoría parlamentaria generó una abrupta profundización de los planes emanados desde Bruselas, y facilitó ese escenario la profunda debilidad  ,tanto del PSOE como del Partido Socialista Portugués, organizaciones políticas deslegitimadas ante el electorado por haber gestionado los comienzos de la crisis y haber  dejado librado a la auto-organización a los afectados el futuro de la potencial resistencia.

Si bien tanto la extensión como la profundidad de la resistencia ciudadana en el país lusitano fue más débil, las últimas elecciones parlamentarias ocurridas en 2015, expresaron el nivel de desgaste de la coalición de derechas perdiendo la mayoría absoluta, haciéndole imposible la conformación de un nuevo  gobierno de derechas en Portugal. Frente a estos límites impuestos por el electorado y una audaz alianza de la segunda fuerza electoral el Partido Socialista Portugués, y fuerzas anti-austeridad como el Bloco de Ezquerda y el histórico Partido Comunista Portugués, heredero de la Revolución de los Claveles de abril de 1974, finalmente ocurrió lo imprevisible la conformación de un gobierno del PS y de varias fuerzas de izquierda que, una vez que pudieron limar diferencias, fueron capaces de conformar un programa común que les permita poner freno a los planes de profundización del ajuste social pergeñados por la troika, que conforman la Comisión Europea, Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Esta alternativa a la portuguesa, impensada luego de la derrota infligida por los acreedores y por la troika al pueblo griego, al imponer la profundización de los planes de ajuste salvaje al gobierno de Syriza, encabezado por Alexis Tsipras, ignorando la voluntad popular del referéndum que se opuso concretamente a los planes de Austeridad. Ese episodio constituyó un verdadero chantaje a la democracia griega al dejar sin liquidez los bancos y generar un verdadero golpe  bancario, que ante la falta de reservas hacía imposible implementar cualquier plan alternativo a las imposiciones de los acreedores europeos.

Esta controvertida experiencia no pasó inadvertida en las fuerzas a la izquierda del Partido Popular en el Estado Español. Tras la ruptura del bipartidismo, en las elecciones del 20 de diciembre sucedió claramente que el partido de Mariano Rajoy, como preveían las encuestas, perdió un importante caudal de votos, superando tan sólo por un exiguo 6% al Partido Socialista Obrero Español, que a su vez finalizó con el aliento en la nuca de la fuerza anti-austeridad Podemos, heredera de la insubordinación ciudadana de los Indignados de 2011 y de los distintos movimientos sociales expresados en las Mareas por la Sanidad Pública, el presupuesto educativo y la resistencia contra las reformas laborales y la lucha contra los desalojos masivos tras la implosión de la burbuja inmobiliaria.

El cuadro de situación se completa con el crecimiento de fuerzas anti-centralistas en Galicia, el País Vasco y un crecimiento significativo del voto en las ciudades de Madrid y Barcelona por fuerzas de izquierda anti-austeridad. El resultado del actual rompecabezas político en el Estado español, es la imposibilidad de la primera minoría, el Partido Popular de  poder salir airoso en una sesión de investidura que permita formar gobierno en una supuesta gran alianza con el Partido Socialista Obrero Español y de Ciudadanos. O tan sólo formar salvar la ropa en solitario con la abstención de las fuerzas opositoras.  En las últimas semanas quedó finalmente en claro que el partido liderado por Pedro Sánchez, el PSOE, no dará su voto a ninguna opción planteada por los conservadores del PP.  Y si bien en el horizonte posible el fantasma de una nueva contienda electoral para el mes de mayo o junio, describe el nivel de paridad de las fuerzas conservadoras y el movimiento en  crecimiento de los opositores a la austeridad de Bruselas.

A pesar de ser realidades distintas, no se descarta que la salida a la actual situación política española , pueda ser a la portuguesa.

Aunque el punto que impide dicha posibilidad hoy sea casi inalcanzable, ya que la postura programática de la alianza Podemos, encabezada por el joven politólogo Pablo Iglesias, considera innegociable la propuesta de referéndum, como salida política a la crisis de gobernabilidad existente hoy en la Comunidad Catalana,  basándose en el concepto de  auto-determinación de los pueblos de España. Verdadera divisoria de aguas entre la nueva izquierda y las concepciones defendidas por el Partido Socialista Obrero Español, que considera que el solo hecho que permita discutir la unidad territorialidad de España frente a las reivindicaciones secesionistas como es el caso catalán o el vasco, hacen imposible cualquier alianza con Podemos. 

Sin embargo en la última semana, al retomar la agenda internacional, el líder socialista Pedro Sánchez, privilegió como primer salida su visita a Lisboa. Estuvo reuniéndose con su colega, el jefe de gobierno portugués  Antonio Costa, artífice de la alianza impensada entre el PSP y las fuerzas anti-austeridad lusitanas. Seguramente, en su larga charla, Sánchez buceó sobre las vicisitudes de dicha alianza, impensada hace tan sólo unos meses atrás. Toda una señal han sido sus declaraciones tras la reunión con Antonio Costa, "en caso que Mariano Rajoy no logre formar gobierno intentará una gran coalición de fuerzas progresistas, para gobernar y liderar el cambio en España".

Es cierto que en España, a diferencia de su vecino peninsular, existen situaciones como la crisis del modelo de las autonomías que hacen más complejos los acuerdos de un Partido estadual como el PSOE y otras fuerzas autonómicas. El curso de las próximas semanas y el grado de flexibilidad de las posturas tanto del PSOE, como de la principal fuerza a su izquierda Podemos dilucidarán si será necesario un nuevo llamado electoral para la próxima primavera europea. Lo cierto es que este nuevo escenario, tanto en Lisboa como en Madrid, marcan los límites de las fuerzas de derecha para proseguir sus planes de ajuste estructural según  dicta la hoja de ruta de Bruselas.