El consumo masivo es la conducta más clara para describir la situación socioeconómica de un país en un determinado momento. Desde principios de este año y con un incremento importante a partir de finales de noviembre a hoy, las compras en supermercados y en otros rubros de la alimentación (panificados y carnes) han cambiado el eje: por el alza de precios que se dio pre y post devaluación, la gran mayoría de los consumidores se volcó a remplazar primeras por segundas marcas. Asimismo, se disparó el gasto familiar en supermercados mayoristas. Es que la diferencia lo justifica.

Según datos de las grandes cadenas a los que accedió Tiempo Argentino, hay una diferencia de valores promedio del 20 por ciento. Con una particularidad, no hay resignación de calidad porque muchas de las segundas y terceras marcas han mejorado la producción; y porque las marcas propias de los supermercados las fabrican las mismas grandes empresas de la alimentación. 

Las cifras que manejan los comercios que integran la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), correspondientes a los últimos tres meses del 2015, indican que justamente las marcas propias de los súper fueron los más dinámicas en todos los segmentos, es decir, las consumieron desde los sectores bajos y medios hasta los altos. Con la consideración de que los sectores más humildes, a la hora de optar, señalaron sólo la variable precios como central en la elección; mientras que el resto evaluó calidad similar en los productos de precio más bajo.

Si se miran las góndolas, en los grandes hipermercados, las segundas marcas representan sólo el 10% de la oferta total. En comercios de proximidad, barrios y locales como los de la cadena Día, es el 80% del total ofrecido. Entre segundas marcas y marcas propias de supermercados, lo más demandado por estos días en los comercios son las conservas de pescado (atún, etcétera), frutas en conserva, verduras congeladas, snacks, leche, jabón, pastas y cereales. Todavía subsisten, dentro de esos rubros, productos de la antigua canasta de Precios Cuidados. Justamente, el plan de valores de referencia estableció alternativas de precios más bajos para un mismo producto. Y si bien no se ideó para contener la inflación, sí logró generar un hábito de comparación de precios entre los consumidores. Buena parte del fenómeno de crecimiento de compra de segundas marcas se explica por este programa. La duda está puesta ahora en cómo responderá el macrismo al monitoreo de la nueva etapa de Precios Cuidados. Los comercios y proveedores, en su mayoría, los desprecian a los acuerdos de precios y ya afirmaron que no bajarán los valores.

Coto tiene casi 600 productos alimenticios que importa y que llevan la marca del súper o Ciudad del Lago.

Más allá de las quejas de las empresas, sobre todo las alimenticias nucleadas en la cámara Copal, la venta de segundas marcas no es una pérdida de negocio para ellos: en su gran mayoría, ellos mismos fabrican las alternativas a las primeras marcas. Inclusive aquellas que comercializan los supermercados bajo su propia denominación. En el caso de la estadounidense WalMart, la leche Great Value (marca del super), la produce Sancor. En la misma línea, casi todos los atunes salen de la planta de La Campagnola. 

Por su parte, Coto tiene casi 600 productos alimenticios que importa y que llevan la marca del súper o Ciudad del Lago, también de esa empresa. En el caso de los aceites, Aceitera General Deheza suele aportar muchos de los productos de segunda línea.

Carnicerías y panificados

Alberto Williams, de la Asociación de Propietarios de Carnicerías de Capital, explicó que también hay reemplazo en carne, donde hubo subas superiores al 40 por ciento. “Compran lo que les rinde más, hoy llevan más milanesa, picada y churrasco sin hueso que peceto, matambre y colita”, detalló el carnicero. Lo que parece resistir a pesar del precio es el consumo de asado y vacío, que sigue con retracciones menores.

El fenómeno en carnicerías tiene otro problema: los precios de otros productos, como el pollo o el cerdo, subieron casi a la par de la carne, ergo, no hay reemplazo. El pollo, según Williams, estaba en $ 320 el cajón de 20 kilos antes de la devaluación, hoy se paga $ 570. Ambos cortes alternativos rinden menos que la carne vacuna.

La decisión del Gobierno nacional de quitar las retenciones a las exportaciones de trigo y otros granos terminó impactando en el precio del pan. Para Rubén Salvio, ex titular de la Federación de Industriales Panaderos de Buenos Aires y actual jefe de la seccional Quilmes, “hubo subas especulativas por parte de la gente del campo, y en consecuencia los molinos nos subieron”. Esa cadena derivó en un aumento de la bolsa de harina, que pasó de $ 120 a 270 en el último mes. Así, el kilo en barrios de clase media se consigue a entre $ 20 y 30. “La demanda suele bajar naturalmente en verano, ya cayó un 25%, pero creo que si después de esta especulación no volvemos atrás los precios, vamos a tener aún menos compradores”, detalló Salvio.

En España

En Argentina, desde principios de año a esta parte y con más acento luego de la devaluación, el consumo siguió en baja pronunciada.

Si bien a nivel local no se atraviesa una crisis grave, en España este tipo de alternativas de segundas marcas explotó a mediados de 2015. 

Impulsadas por el bajón general de su economía: en 2014, la cuota de mercado de estas marcas era del 34%, hoy creció 10 puntos más.