Entre 2001 y 2003 los argentinos consumíamos prácticamente la misma cantidad de vino que de cerveza por año. Hoy, doce años después, por cada litro de vino consumido tomamos casi el doble de cerveza. Además, en el mismo período, la ingesta de cerveza Premium pasó del 6,4% a más del 17% del total. 

Las cifras provistas por el Ministerio de Agricultura de la Nación dan cuenta no solo de la realidad inversa que afecta a ambas ramas de la industria de bebidas alcohólicas, sino que además ilustran el avance que las cervezas Premium y artesanales están logrando sobre el mercado de los vinos, canibalizando ocasiones de consumo que hasta hace algunos años eran exclusivas del producto de la vid. "En los últimos tiempos creció el quiebre de la estacionalidad. Antes se tomaba cerveza durante el verano y sobre todo cuando hacía calor, pero hoy se toma durante todo el año", asegura Pablo Querol, vicepresidente de Legales y Asuntos Públicos de Quilmes, la cervecera que tiene domina casi el 75% del mercado. "Pero además hay instancias donde antes la bebida tenía poca participación y hoy es muy fuerte con otro tipo de cervezas, más lupuladas, con más cuerpo. Antes se tomaba más con una picada, una pizza o en un asado; actualmente uno la asocia con comidas más elaboradas, ensaladas, o incluso un postre", agrega. Así es cómo, explica, hace diez años se consumían en el país 14 millones de hectolitros de cerveza al año y hoy ya se está en 17 millones, un aumento de más del 21 por ciento.

Según consignó Tiempo Argentino, el informe "El mercado de la cerveza" elaborado por el Ministerio de Agricultura en abril de 2014, el último disponible, detalla que el segmento de las Premium en el país ha ido ganando protagonismo rápidamente absorbiendo las variedades de bajo contenido alcohólico o sin alcohol. 

"Yo creo que las microcervecerías ayudan a que la cerveza como mundo se vuelva más interesante".

Amalie Albin, la responsable del informe dentro de la cartera de Agricultura, ya señalaba en 2012 que "la cada vez más amplia y diversificada oferta hizo que el segmento Premium pasara de representar apenas el 6,4% del total de las ventas en 2002 al 17,2% en el año 2011 en desmedro del segmento medio". Juan Pablo Barrale, gerente de Asuntos Corporativos de CCU, la segunda cervecera del país, comparte el dato de que el segmento Premium triplicó su participación en menos de diez años. "Eso es porque el consumidor está buscando no solo cervezas distintas sino ocasiones de consumo distintas", coincide con Querol. 

Las marcas de CCU que participan en ese segmento gourmet son la mexicana Sol, la holandesa Amstel y la chilena Kusntmann, que nació como cerveza artesanal en el país trasandino y que luego se industrializó y se volvió de exportación. 

Pero Querol también insiste en poner en ese rubro "por posicionamiento y marca" a la cerveza Imperial "que viene creciendo a una tasa del 50% por año" y "una gran parte del crecimiento está motorizada por sus cinco variantes: la Lager, la Cream Stout, la Scotch Ale, la Weissbier (de trigo) y la Amber Lager". El caso de Imperial es curioso porque inicialmente era producida por Quilmes pero fue vendida junto con las marcas Palermo y Bieckert en 2006 a un consorcio argentino liderado por Ernesto Gutiérrez como condición para que fuera autorizada su venta a la multinacional AB Inbev. Un año después, la compañía de origen chileno CCU adquirió las tres marcas y relanzó Imperial incluyendo las variantes mencionadas.

Esa estrategia fue clave para que CCU alcance, según ellos afirman, el 22% del mercado de cerveza. Poco comparado con lo que representa Quilmes, pero bastante si se compara con la escasa oferta que existe en otros países. "En la mayoría de los mercados de Latinoamérica y Europa, existe una cerveza por país que tiene un dominio más grande en sus mercados. Nosotros con el 75% no dejamos de participar de un mercado con más de 300 competidores entre microcervecerías, CCU e Isenbeck", concluyó Querol.

Una espumosa ola amarilla que no para de crecer

Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) en 1974 se consumían anualmente 77,2 litros de vino por persona. Cuarenta años más tarde, esa cifra bajó a 23,68 litros, casi un 70% menos. Los dueños de las bodegas destacan que los vinos más perjudicados fueron los de bajo precio, que en estos años sufrieron la irrupción de una gran variedad de bebidas que le disputan la mesa, entre aguas saborizadas, jugos en polvo, cervezas de distinta graduación alcohólica, las artesanales, las gaseosas comunes o sin azúcar. Muchos vieron esa tendencia y decidieron apuntar a los nichos. 

"El vino hizo muy bien en posicionarse en un consumo de conocedor y la cerveza ahora está haciendo el mismo camino", destaca Barrale de CCU. Ahí entran las cervezas Premium y también las artesanales. "Yo creo que las microcervecerías ayudan a que la cerveza como mundo se vuelva más interesante. Estimulan a que aquellos que no conocían prueben cosas nuevas. Ese es su rol: despertar el amor por la cerveza. Por eso hay que trabajar en conjunto con ellos para que crezca el mercado y no pelearnos por los nichos", enfatiza.

El informe del Ministerio de Agricultura de la Nación elaborado en  2014 se basa en un estudio de Ba-Malt, una empresa proveedora de maltas a las pequeñas elaboradoras cerveceras, para decir que "las cervezas artesanales crecen a un ritmo del 20% anual, mientras que el mercado total, dominado por las bebidas industrializadas, crece al 1 por ciento". 

Sin embargo, añade Albin, "todavía se trata de un segmento pequeño dentro del volumen total. De los 2000 millones de litros anuales que produce toda la industria, las cervezas artesanales no llegan a 10 millones de litros", es decir que equivalen apenas al 0,5% del mercado.

"Los microcerveceros actúan más como enólogos que como cerveceros", asegura Luis de Motta, director de Proceso y Calidad de Quilmes. Este maestro cervecero responsable de garantizar que Quilmes elabore siempre un producto homogéneo, reconoce el valor de los emprendimientos artesanales, pero lo diferencia de lo que son las cervezas Premium. "Al no tener toda la tecnología de control y seguimiento, no todos los días pueden hacer la misma cerveza. Por eso una de sus formas de atraer es hacer algo distinto todos los días", explica. El contraejemplo para él es la cerveza Patagonia, también elaborada por Quilmes, que cada vez es más comprada en supermercados: "Si vos ves las góndolas está arriba en precio y calidad, casi compitiendo con el vino. Porque es para la gente que busca algo especial, con cuerpo, con distintos sabores, olores. Muchos critican a la Cristal, que es la más vendida por lejos, porque pierde en la comparación de sabores –añade- pero la Cristal no se puede cambiar, porque es masiva. Para los nichos tenemos las otras cervezas".

Industria birrera

La industria cervecera genera más de 7.500 empleos directos y 140 mil indirectos. En el país hay más de 5000 proveedores y una red de más de 250 distribuidores, segun el último informe del mercado de la cerveza elaborado por el Ministerio de Agricultura de la Nación.

También es uno de los pocos países en el mundo con capacidad para cultivar el lúpulo, que solo crece entre las latitudes 35º y 55º.

En Argentina hay más de 450 mil hectáreas sembradas de cebada y se cosechan 5 millones de toneladas de cebada cervecera por año.

El consumo anual de cerveza supera los 17 millones de hectolitros. 

Por cada litro de cerveza se utilizan 3,5 litros de agua.

De Argentina al mundo

En 2006 la Cervecería y Maltería Quilmes dejó de ser argentina. Su propietaria es ahora la empresa belgo-brasileña Anheuser-Busch InBev. pero eso no afectó su presencia en el mercado local y, por el contrario, le permitió ampliar su inserción en el exterior llegando a más de 25 países. "No solamente se va a mercados en los que gusta la cerveza, sino también adonde hay muchos argentinos que viven o hay personas a las que les gusta mucho la Argentina y asocian la marca al país", explica Pablo Querol, vicepresidente de Legales y Asuntos Públicos. Ex LAN, el ejecutivo asegura que más allá del marketing, una de las claves para el éxito de la marca es que tienen "la trazabilidad completa de la cadena", desde el la cosecha del lúpulo y la cebada, la transformación de esta última en malta, la elaboración de la cerveza y la distribución final. "Nosotros hacemos nuestra cebada y la cebada que consume el resto de la industria argentina, pero la mejor es la que elegimos para nuestra Quilmes”, finaliza Querol.