Las agresiones con piedras, cócteles molotov, excrementos y animales muertos contra las casas de quienes pretenden recibir refugio en Gran Bretaña, se han convertido en algo común en Middlesbrough, una vieja y apacible ciudad de trabajadores ferroviarios del nordeste de Inglaterra, hacia donde el gobierno conservador de David Cameron derivó a miles de migrantes. Lo que ocurre es que, como en los años del nazismo en Alemania, las viviendas de los refugiados –en su mayoría procedentes de Siria y Europa del este– tienen sus puertas pintadas de rojo para distinguirlas de las demás, consignó Tiempo Argentino.

El diario conservador The Times, de Londres, denunció ayer que se trata de un verdadero caso de “apartheid”: 155 de las 168 casas ocupadas por demandantes de asilo están identificadas de la misma manera. La medida discriminatoria fue denunciada en el Parlamento local como “un odioso caso de xenofobia similar al aplicado en la Alemania nazi, cuando el régimen de Adolf Hitler, obligaba a los judíos a pintar una Estrella de David amarilla en las puertas y ventanas de sus casas y lugares de trabajo”.

De esta forma, las viviendas en las que están alojados los refugiados se diferencian fácilmente, y pueden ser objeto de acciones de los grupos racistas, que las han atacado con frecuencia tirando piedras, huevos, excrementos, animales muertos y artefactos incendiarios, escribiendo frases xenófobas o dibujando en las paredes el logotipo del Frente Nacional, el partido británico de extrema derecha. Las casas pertenecen a una empresa llamada Jomast, que a su vez trabaja para el grupo G4S, que gestiona una serie de licitaciones para la Home Office en el ámbito de la seguridad.

Ante la gravedad de la denuncia, el gobierno de Cameron decidió al fin intervenir, después de casi dos años de conocida la primera denuncia. El subsecretario de Inmigración, James Brokenshire, se manifestó “muy preocupado” y anunció que ordenará una investigación. En tanto, el grupo G4S dijo que el color uniforme en las puertas de las casas ocupadas por los migrantes es una “pura casualidad” y dijo que “inmediatamente ordenará que las puertas sean pintadas de otro color”. Un legislador local dijo que “tanta hipocresía es asqueante”.

Middlesbrough es una ciudad del noreste británico que hoy cuenta con unos 140 mil habitantes y se desarrolló a la sombra del ferrocarril. En el siglo pasado fue un importante polo industrial, una estructura productiva que prácticamente desapareció durante los devastadores años neoliberales de Margaret Thatcher (1979-1990) al frente del gobierno británico. Su índice de desempleo más que triplica la media nacional –21% contra 6,5%– y pierde población aceleradamente, una historia que se repite en muchas urbes inglesas del norte que otrora fueron polos fabriles.

Allí han sido instalados centenares de inmigrantes que llegaron en los últimos años pidiendo asilo político y quizás no casualmente fueron enviados por el gobierno a ese territorio ocupado por una población empobrecida y hostil. Ahora, el color rojo se convirtió en un llamador para los ataques racistas. Tras dos años de denuncias, primero aisladas y ahora más visibles, porque el The Times es un diario de circulación nacional y gran tirada, el gobierno anunció que, al fin, tomará cartas en el asunto. Ocurre que Andy McDonald, el nuevo diputado por Middlesbourgh, enfrentó duramente en el Parlamento al titular de la cartera, a quien llegó a decirle que lo haría responsable del accionar de las pandillas de ultraderecha que atacan a los migrantes.

El alojamiento de los refugiados fue encargado a Jomast, una subcontratista de la multinacional de seguridad G4S. Stuart Monk, propietario de Jomast, se defendió diciendo que es “ridículo” que se los acuse de utilizar el rojo para identificar las viviendas de los refugiados. “Usamos esa pintura en todo tipo de propiedades”, dijo, pero The Times y la ex concejal Susanne Fletcher comprobaron que el rojo sólo es utilizado por la empresa en las casas que están destinadas a dormitorio de los demandantes de asilo.

“No nos tomen por tontos, todo el mundo lo sabe: el rojo es Jomast. ¡Cambien el color!, cualquier cosa menos rojo”, dijo al servicio noticioso de la BBC de Londres el ciudadano iraní Mohammed Bagher, que llegó hace tres años y ha sufrido varios ataques en su vivienda y hacia su persona.”Nos tratan como los nazis trataban a los judíos”, agregó.

Francia: más acciones antiislam

El antisemitismo está históricamente presente en Francia, pero durante el año que pasó las acciones xenófobas se direccionaron más hacia los musulmanes. “Se triplicaron en 2015, un año trágico en materia de terrorismo”, dijo ayer el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, en una entrevista con el diario La Croix. El ministro resumió al matutino católico las tendencias del año pasado, cuando “se vio una disminución del 5% de los actos antisemitas. Fueron 806, mientras los antimusulmanes se triplicaron, para rondar los 400”. Según el presidente del Observatorio Nacional contra la Islamofobia, Abdallah Zekri, el saldo preciso fue de 429 entre acciones y amenazas, un récord absoluto.

El balance del ministro francés se conoció cuando en Viena el gobierno austríaco anunciaba que establecerá un límite tajante al número de refugiados que recibirá el país en los próximo cuatro años, una cantidad que no sobrepasará el 1,5% de la población y que para 2016 será de menos de la mitad de las 90 mil personas que solicitaron asilo durante el curso del año pasado.