El partido callejero de despedida de Hugo Moyano tuvo su secuela en el Congreso de la Nación. La mayoría de los bloques de la oposición, que en su momento le dieron cuerpo al Grupo A, convocaron a una sesión especial para satisfacer el reclamo del líder camionero. Parecía ser la oportunidad perfecta para colocar una cuña en lo que consideraron la primera grieta real en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pero ni aún así tuvieron éxito. Entre los legisladores del Frente para la Victoria (FPV) no hay festejos ni algarabía por la partida del otrora aliado sindical. Algunos se sienten dolidos por los términos usados para certificar la ruptura, pero entienden que fue Moyano y no el gobierno el que destruyó los puentes y se preparan para continuar sosteniendo el modelo que, afirman, es lo único que importa.
El paro y la movilización del miércoles pasado era toda una incógnita para los legisladores del oficialismo, había señales de debilitamiento, pero la única forma de constatar que no significaría una herida para el gobierno era que llegara el día. Mantuvieron sus tareas habituales, mirando siempre de reojo los movimientos sindicales. Estaban convencidos de que los opositores no obtendrían el quórum para la oportunista sesión. Y así sucedió. El día después sirvió para analizar y evaluar lo que dejó la escuálida movilización convocada por Moyano.
Los legisladores kirchneristas valoran cada día más la acertada decisión presidencial de haber armado las listas de diputados de 2011 sin presiones sectoriales (léase sindicales), que hoy habrían generado más de un dolor de cabeza en la conducción del gobierno y los bloques parlamentarios. Algunos consideran que hubo una cuota importante de azar en esa determinación. Otros, más cercanos a los despachos de la Casa Rosada, consideran que esta disputa estaba en el horizonte del gobierno y que CFK no dejó pasar la oportunidad de armar el bloque de diputados que necesita para estos años.
Así, la pequeña representación sindical que tiene el bloque de diputados del FPV se ha reducido. El diputado Héctor Recalde no sólo no participó de la movilización a Plaza de Mayo, sino que tuvo protagonismo en la sesión ordinaria de la tarde del último miércoles. Ese día se aprobaron leyes que benefician a los trabajadores. En esa sesión, los que se opusieron a esas normas fueron los diputados macristas que apoyaron el paro de Moyano.
De los otros dos legisladores cegetistas, el más complicado es Facundo Moyano. La sangre no es agua, dice un viejo refrán, y para este caso viene perfecto. El dilema es que si el hijo legislador de Moyano tiene la esperanza de crecer políticamente, la posición de su padre lo entrampa y lo aleja de ese camino. La soledad en un bloque numeroso como el del FPV suele ser complicada y dura. En la bancada oficialista no le pedirán la renuncia pero habrá que ver cómo reacciona cuando sus compañeros de bloque insistan en no tratar su proyecto que eleva aún más el piso del mínimo no imponible. Su destino podrá ser un bloque unipersonal o con la sola compañía de Omar Plaini. También le queda la alternativa de sumarse al peronismo federal, esos que su padre supo combatir durante el menemismo. No es necesario que tome ya una decisión. Pero ese momento llegará, no cabe la menor duda.
La salida de Moyano y la calma que siguió a su partida, afirma la sensación que hay entre los legisladores K y que dice que si bien el dirigente sindical era importante en el mundo kirchnerista, lo cierto es que no era imprescindible. No es el primer caso y la lista se engrosa. La partida de Roberto Lavagna en su momento podría haber sido considerada como un duro golpe para el gobierno de Néstor Kirchner, pero no lo fue. Es más, los Kirchner demostraron que ya no importa quién está en el Ministerio de Economía y mucho menos que esa cartera vale tanto como el sillón presidencial. En la nómina de los que alguna vez se pensaron como imprescindibles está el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Hace cuatro años que se fue y el gobierno no tambaleó.
Lo de Moyano es reciente, pero no hay elementos que digan que no correrá con la misma suerte de los que integran la lista de los falsos imprescindibles. La diferencia, en todo caso, es que Moyano sí compartía una porción de poder con los Kirchner. Tenía, como dicen algunos legisladores del FPV, algunas acciones, pero no supo comprender que lejos estaban de ser suficientes como para a aventurarse a intentar un cogobierno.
Mientras se desarrollaba una disputa que parecía que tendría impensadas consecuencias, abajo, en el mundo opositor algunos creyeron ver una luz de esperanza. Avanzaron con una sesión especial pero apenas llegaron a ser la mitad de lo que exige el reglamento para habilitarla. Una vez más responsabilizaron al oficialismo por haberse negado al debate. Ya se lo dijo más de una vez pero vale la pena insistir. Entre 2010 y 2011, la oposición no sólo era numéricamente superior al FPV, sino que además tenía el control de la comisiones. Sin embargo, en esos dos años nunca se le ocurrió debatir un proyecto que modifique el impuesto a los altos ingresos. El oportunismo no les generó ningún beneficio y para colmo Moyano no tuvo mejor idea que excluir de la movilización a cualquier otra organización o partido que no le respondiera de manera absoluta. Allí quedaron, pedaleando solos y en el aire.