No hay que esperar grandes catástrofes para ver la solidaridad de la gente a flor de piel, porque en todo momento vemos tragedias diarias, más silenciosas, que casi hasta se hacen costumbre como ver gente durmiendo en la calle, con lo puesto, sufriendo las consecuencias del frío. Hay quienes deciden no quedarse encerrados y salen a dar una mano con lo que puedan. Tal es el caso de Yamila, Facundo y Gladys, tres personas que no se conocen entre sí pero tienen algo en común: conciencia social.

Yamila Toci es técnica radióloga, trabaja en el centro de diagnóstico de Mar de Ajó y si bien se enteró del perchero comunitario a través de la televisión, al ver diariamente las urgencias de la gente, decidió llevar adelante su propia iniciativa: "Me pareció bueno implementarlo acá en la costa debido a las necesidades que hay y que siempre la gente se ofrece a ayudar”.

Con la autorización de los directivos, hace un mes que el perchero funciona en el hospital de la ciudad. "La gente se lleva pero también dona bastante. Eso hace que siga persistiendo", remarcó. En este sentido, agregó que “al hospital viene gente de todas las localidades por ser el más completo y como es un lugar de atención sanitaria vienen los que más necesitan".

El perchero está de lunes a viernes a partir de las 8:30. "Uno nunca sabe cuando puede estar del otro lado", afirmó Toci. Por último, destacó que "es muy gratificante poder poner un poco de amor en esta sociedad, es un mimo a esas personas que la están pasando mal".

Por la estación de Ramos Mejía pasan decenas de miles de personas diariamente que utilizan el Sarmiento como vehículo para dirigirse hacia el centro o hacia el oeste del conurbano. En las últimas dos semanas, una persona cobró notoriedad en Facebook con el solo hecho de poner una manta y ropa que era suya para que la gente se la lleve. Facundo Sabio tiene 26 años, un hijo y utiliza el tren para ir a su casa de San Antonio de Padua. Sus viajes diarios por el ramal lo llevaron a ver siempre el mismo panorama desolador: personas durmiendo en la calle que pasaban frío. "Siempre me gustó ayudar y siempre que puedo les doy plata. En este caso tenía ropa de más, fuí y la regale y eso se convirtió en viral. Un montón de gente se acerca a dar ropa y voy regalando lo que puedo", afirmó. Como la movida tomó más impulso de lo que Facundo Sabio podía imaginar se armó un cronograma: "Trato de ser siempre muy ordenado, le tengo que dedicar todas las semanas dos horas a esto y si crece tendré que dedicarle más tiempo. "La gente ya me reconoce, es muy loco. Me da la ropa por la calle", dijo sorprendido.

"¿Tenés frío? tomá una prenda, ¿querés ayudar? dejá una" es la idea en la que se basaron para poder ayudar Yamila, Facundo y Gladys.

Facundo es maestro de plástica en escuelas primarias, y como el panorama está complicado para poder ejercer su profesión, trabaja también como delivery en un local de comidas de Capital. Sin embargo, pese a las dificultades confía en que su situación mejorará. “Todo vuelve, yo hago esto por mí, es un principio espiritual: pienso que si doy, de alguna manera eso también me vuelve con agradecimiento del otro. Soy una persona exitosa espiritualmente", remarcó.

En Mataderos, la tierra de Chicago, de Justo Suárez y de los frigoríficos, cuatro vecinas tampoco son ajenas a las necesidades de los demás. Desde hace tres meses que instalaron un perchero comunitario sobre la emblemática avenida Juan Bautista Alberdi, casi esquina Lisando de la Torre.

Gladys Morel es una de estas vecinas, vive en el barrio hace 29 años y contó que "es mucha la gente que se acerca, incluso a veces tenemos que decirles que no se puede llevar una bolsa entera porque son muchas las personas que van a buscar ropa y tratamos de que todos tengan algo". Remarcó además que lo que más se necesita es calzado porque "la gente en la calle no tiene la posibilidad de arreglarlos".

"Nosotros estamos de lunes a lunes acá. ahora pusimos un horario para poder recibir la ropa, acomodarla y al final del día guardamos lo que queda. Por suerte, la gente es muy solidaria y toma conciencia de que hay gente que está sufriendo", sostuvo.

Eduardo Galeano decía que “mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”. Estos tres casos son la confirmación de que el escritor uruguayo tenía razón.