Villa 31, Retiro.
Villa 31, Retiro.

Después de años de reclamar por la urbanización y la sanción de leyes que obligan al ejecutivo a accionar sobre el tema, el Gobierno finalmente ha debido actuar. Esto de por sí ya representa un triunfo de la organización de todos los vecinos y vecinas que hace décadas luchan por acceder a los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. Sin embargo, es importante atender a los detalles de los diferentes proyectos que se están tratando y remarcar cuestiones que resultan fundamentales para que el proceso de urbanización sea exitoso en la Ciudad de Buenos Aires.

En el caso de la Villa 20, si bien podría mejorarse, creemos que el proyecto constituye un modelo a seguir para la urbanización de otros barrios de la Ciudad. A pesar de que algunas cuestiones importantes quedaron fuera de este proyecto (como la simultaneidad de obras entre vivienda nueva y consolidación del barrio, la apertura de una línea de créditos específica para familias que quieran relocalizarse fuera del barrio y la asignación de un porcentaje anual de presupuesto destinado a Villa 20), incluye un punto muy destacable: prevé la conformación de una mesa de gestión participativa, lo que asegura la inclusión de los vecinos y vecinas del barrio en la toma de decisiones y el control de los avances del proceso de urbanización.

Después de años de reclamar por la urbanización y la sanción de leyes que obligan al ejecutivo a accionar sobre el tema, el Gobierno finalmente ha debido actuar.

No es el caso del proyecto para la urbanización de la Villa 31. El proyecto del ejecutivo no respetó el proyecto elaborado en el marco de la ley 3343 por la mesa de participación del barrio, dictamen que hace varios años el PRO no quiere tratar en la Legislatura de la Ciudad. Además, para que la integración sea real y la villa se transforme en un barrio más de la Ciudad, debe realizarse una urbanización que prevea las mismas condiciones que en el resto de la ciudad: calles, avenidas, veredas, servicios y espacio público. Las obras no contemplan la apertura de calles formales, con cordones ni veredas, tal como funcionan en cualquier barrio. Desde el punto de vista del urbanismo, ésa constituye la mayor dificultad para una integración real. Asimismo, debe destacarse que el financiamiento internacional de las obras no debería ser necesario en una ciudad que posee el presupuesto per cápita más alto del país. En contraposición, la costosa construcción de un kilómetro y medio de la nueva autopista Illia resulta una obra innecesaria a la cual se le destinan recursos que se podrían invertirse en hacer intervenciones de mayor calidad dentro del barrio.

El caso del barrio Rodrigo Bueno, cuyos habitantes luchan hace más de una década por conseguir la urbanización, también constituye un logro de la organización popular. Finalmente, el Gobierno de la Ciudad debió firmar un compromiso ante la Justicia para presentar un plan de urbanización en 60 días. Si bien esto representa un logro histórico, es fundamental que ese plan respete la participación vecinal en todo el proceso. Del mismo modo, sería crucial que el Gobierno de la Ciudad también le dé intervención a la Legislatura, dado que el poder legislativo no está siendo tenido en cuenta en todos estos procesos.

También me parece importante mencionar el caso de El Playón, asentamiento en Chacarita en el que hoy viven más de 2500 personas. El jueves de una reunión en el barrio junto a vecinos y vecinas y hay gran preocupación porque el Gobierno de la Ciudad expresó su voluntad de urbanizar pero no existe información respecto al plan de obra ni a las condiciones en las que esta urbanización se llevaría a cabo.

Es crucial no perder de vista que el éxito de los procesos de urbanización e integración social y urbana depende de mucho más que una ley o un compromiso firmado. La ley 1770, que contempla la urbanización de la Villa 20, existe hace más de 10 años y nunca fue respetada. Por eso, es importante continuar acompañando a los vecinos y vecinas de las distintas villas para que la ley no quede como letra muerta y la urbanización pueda convertirse de una vez por todas en una realidad.