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Hacia la resurrección de Haití

El huracán Matthew dejó un tendal de 300 muertos y más de 2 millones de personas afectadas, en una región que ya venía padeciendo una catástrofe humanitaria. ¿Cómo abordar una asistencia organizada y de largo aliento para esta nación que combina de manera abrumadora desastres naturales, hambre, epidemias y vulnerabilidad en todo sentido?

Foto Télam
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Todos fuimos Charlie Hebdo, París, Niza o Bruselas cuando algún sangriento atentado irrumpió violentamente en sus vidas cotidianas. Pero ¿cuántas veces somos Haití? El huracán Matthew, que hace pocas semanas azotó a esa isla plagada de desventuras, dejó un tendal de 300 muertos y más de 2 millones de personas afectadas, en una región que ya venía padeciendo una catástrofe humanitaria de proporciones.

Uno de cada dos haitiano sufre desnutrición. Sobrevivir a la niñez es una proeza. El cólera y el hambre ensombrecen cualquier perspectiva de futuro, en una nación donde es palpable la falta de Estado y la insuficiencia de la solidaridad internacional.

En las últimas horas pasó por Haití el secretario general saliente de las Naciones Unidas, Ban-Ki Moon, y recibió más demandas de las que puede efectivamente atender. De hecho, el país no había llegado a recuperarse del terremoto de 2010 cuando este nuevo tornado echó por tierra gran parte de los esfuerzos de ayuda.

Tres años consecutivos de sequía, que provocaron la pérdida de más del 60% de las cosechas, y una caída del salario juvenil superior al 50% en los últimos cinco años son indicadores rotundos de que la situación económica es crítica, más allá del vacío institucional y las protestas generalizadas de la sociedad.

¿Cómo abordar una asistencia organizada y de largo aliento para esta nación que combina de manera abrumadora desastres naturales, hambre, epidemias y vulnerabilidad en todo sentido?

Los recursos internacionales que llegan para paliar las emergencias se agotan rápidamente hasta que sucede la siguiente catástrofe. Y por otra parte, hay relevamientos que indican que gran parte de la ayuda termina en manos de empresas internacionales instaladas en el país. Algunos expertos recomiendan poner el foco cuanto antes en la atención de la desnutrición infantil, como un puente para que el futuro resulte menos crítico y sea posible explorar una planificación más ordenada de la atención de los restantes flagelos.

¿Pero es posible enfrentar problemas aisladamente, sin una coordinación general que evite que quienes lideran la asistencia se vean en la posición de sofocar incendios de manera permanente?

La reconstrucción de áreas devastadas; la reparación de carreteras; obras preventivas frente a los huracanes y la planificación general de los emprendimientos públicos son desafíos encarados apenas parcialmente.

Los recursos internacionales que llegan para paliar las emergencias se agotan rápidamente hasta que sucede la siguiente catástrofe.

Todo está por hacerse, pero importa también el camino elegido para la reconstrucción. Reducir las desigualdades, promover mayor inclusión y trazar metas de desarrollo económico y social son exigencias para un Estado que debe ser más protagonista y orientador.

Los haitianos necesitarán una acción internacional de amplio alcance para dar el primer paso en la resurrección. Un país con crisis humanitaria merece especial atención de la comunidad global, con políticas especiales de organismos multilaterales que permitan redoblar la asistencia. Pero la gestión debe ser liderada por los propios haitianos y con una orientación especial a generar las condiciones para que el país pueda poner en marcha su economía y superar largas décadas de postergación.

*El autor es periodista especializado en Política y Economía Internacional, consultor en Comunicación y Asuntos Públicos y pertenece a la Fundación Embajada Abierta.
 

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