Foto Diego Pintos
Foto Diego Pintos

La semana pasada, desde esta columna, advertíamos que el 2016 había sido el peor año para los periodistas desde el retorno de la democracia a la fecha. Repasemos: más de 2000 puestos de trabajo caídos, ajuste, precarización y una amenaza latente de hacer desaparecer el convenio de Prensa.

Es hora de hablar de nosotros. Nosotros y el tsunami. Somos bravos, eh. Bravos en el amplio sentido del término. Bravos para dar pelea y bravos para salir de nuestro ego. La vanidad, acaso como en pocos oficios, nos complica para mirar más allá del ombligo. Se nos hace difícil juntarnos, se nos vuelve cuesta arriba siquiera reunirnos para hablar de lo que nos pasa. En las redacciones somos muchos, cada vez más. Pero no somos todos. En la calle, el termómetro sigue destemplado. Se nos caen compañeros, que no son números. Y pregunto cómo convivimos con esas ausencias.

La respuesta justifica el prólogo y abre el telón a la esperanza posible. Convivimos con esas ausencias porque, ya quedó escrito, también somos bravos para la lucha. Y esa lucha no tiene, acaso, escenario más significativo que el de Canal 13 y TN. El miércoles 14 de diciembre, trabajadores de Artear van a las urnas a elegir delegados del Sindicato de Prensa de Buenos Aires, SiPreBa. La participación del gremio es decisiva: logró, por primera vez en muchísimos años, sentarse a la mesa con la gerencia de Recursos Humanos para intentar un camino mejor. Esta mesa de negociación tiene antecedentes hostiles para con la libertad sindical en la empresa, derecho amparado por nuestra Carta Magna.

En 2008 la empresa despidió a dos delegados electos. Estos trabajadores, Marcelo Moreira y Ricardo Junghans, no aceptaron indemnización ni arreglo extra judicial. Batallaron para ser reincorporados porque su despido había sido ilegal y arbitrario. La Justicia le dio la razón a Junghans, que recuperó su puesto. Esa misma Justicia no decidió aún sobre el caso de Moreira. Desde entonces, la organización de los trabajadores en un sindicato tuvo severas restricciones. Hoy, de 300 periodistas allí, solo 40 desarrollan tareas según establece el Convenio. El resto no goza de los derechos que establece la legislación, entre ellos el de la negociación de salario, el pago de francos y feriados y horas extras. Debe aclararse: este panorama no es propio de Canal 13, se repite en otras empresas de la gráfica, la televisión y la radio.

¿Por qué destacar entonces los comicios del canal de Constitución? Porque con delegados del SiPreBa, el gremio agrupa los dos canales privados más importantes del país (Telefe y El Trece) más la TV Pública, fortaleciendo la organización. Porque Daniel Raichijk y Brian Psenne reivindican mandato tras aporte valiosísimo. Porque se suma Nacho Marcalain, camarógrafo, uno de los tantos que escuchó del sindicato en charlas interminables esperando en Comodoro Py o en alguna cobertura policial. Y porque se incorpora Silvia Martínez Cassina, conductora, de valientes y comprometidos antecedentes también.

Hay que decirlo sin dudar: la maldita “grieta” no es ni debe ser entre trabajadores. La suerte de los compañeros de Canal 13 y TN es, así, la suerte del resto del colectivo de periodistas. Su actitud es la tabla de náufrago en el tsunami. Celebremos la noticia entra tantas malas que nos trajo el almanaque. Y en medio de la larga sombra sepamos que la organización sigue avanzando, crece desde el pie.