Hospital Fernández. Enero de 2017
Hospital Fernández. Enero de 2017

Acceder o no a un medicamento es como jugar a curar o descurar. Y listo. Después puede pasar que falten drogas para los enfermos de HIV, hepatitis B o tuberculosis. Ahí empieza otro juego, el de vivir o desvivir. Un cartel en el Hospital Fernández advierte a los pacientes que no se entregan anti retrovirales. La opción es el cambio de tratamiento o ir al sector privado. Desde esta semana, el instituto Biológico Tomás Perón de La Plata no recibe muestras de HIV y Hepatitis Virales para analizar. Un conflicto con los trabajadores paraliza el Centro Provincial de Referencia, que centraliza estudios en tierra bonaerense. Expertos en políticas públicas de salud señalaron la falta de una estrategia nacional de vacunación para dos de las novedades más importantes dentro del Calendario: la vacuna de HPV para varones y la que combate la meningitis por Meningococo. “Cada provincia hace lo que puede y algunas ni empezaron”, aseguran. Agregan que un importante lote de vacunas contra la Hepatitis B en adultos está demorado en la Aduana.

“Señor Ministro, no hay drogas para los tuberculosos”, clamó la Sociedad Argentina de Infectología al responsable nacional de la cartera sanitaria. La actual conducción respondió a dos voces: culpó a la anterior administración y activó un plan de emergencia para reprogramar la provisión. Ese mecanismo extraordinario de compra estaba previsto, en rigor, desde hace más de un año y tiene que ver con una situación especial respecto a la tuberculosis y la industria farmacéutica. Se trata de drogas muy baratas, que no resultan interesantes para el negocio. O las licitaciones quedan desiertas o se ofrecen a precios altísimos, para desentenderse. El Estado debe intervenir allí con convenios de producción, que ahora el Ministerio de Salud anuncia con pompa. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Por qué hubo que esperar 12 meses? En principio, por una carta con el logo SADI, la sociedad científica que alertó del problema. ¿Qué hubiese pasado si no hubiera habido esa carta? Esa te la debo.

La gestión de la administración pública está para resolver problemas, no para decir “no hay”, echar culpas y no garantizar respuestas. La tuberculosis es la segunda principal causa de muerte entre las enfermedades infecciosas, luego del HIV. En la Argentina se producen cada año unos 10.000 casos, de esos entre 700 y 800 terminan con la vida del paciente. Además, sin un severo control de la patología se corre el riesgo de aumentar los contagios.

Detrás de las decisiones de escritorio, de las discrecionales asignaciones y ajustes de partidas, hay gente. Porque se invirtió dinero, por caso, en vacunas contra la Hepatitis A, de 2007 a la fecha no hubo ni un trasplante de hígado por hepatitis fulminante.

No da lo mismo. Tampoco que bajara en un 90% la cantidad de casos de chicos infectados por Neumococo desde que en 2012 se comenzara con la vacunación obligatoria y gratuita. Se redujo la cifra de internados a la mitad. El sistema público de salud se ahorró 80 millones de pesos, solo en este rubro. Con la vacuna del rotavirus (diarrea) se redujeron los casos en un 40%. ¿Dónde? En las regiones del NOA y NEA, casualmente –o no- poblaciones de bajos recursos. Hasta el 2011 moría un bebé cada cinco días por tos convulsa. Desde que se implementó la vacuna, la cifra llegó a ser cinco veces menor. En los últimos cinco años, no murió por gripe nadie que se hubiese vacunado según indicación del Calendario. Con semejante influencia de una jeringa y una aguja, ¿quién piensa en restringir el acceso de acuerdo a que lo pueda pagar o no?

Ir detrás de un medicamento puede ser una cuestión de tiempo, pero jamás de suerte o dinero. La salud es un derecho y no una limosna del gobierno. ¿Cuáles son las prioridades si no apuntan a los más necesitados? Hay algunas políticas, se ve, incurables.