Sociedad

La riqueza intercultural: una mañana en una escuela wichi

Mariana Rolleri

Ante la decisión del Ministerio de Educación de la Nación de eliminar la Modalidad de Educación Intercultural Bilingüe (EIB) que se impartía en escuelas de comunidades aborígenes, una periodista de Infonews cuenta cómo es la realidad de un método que permitió bajar la deserción escolar en comunidades como la wichí. 

El hermoso mural bilingüe con la ya célebre frase de Galeano.
El hermoso mural bilingüe con la ya célebre frase de Galeano.

“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas puede cambiar el mundo”. Encontré la idílica frase de Eduardo Galeano en la escuela intercultural bilingüe Cacique Francisco Supaz del paraje Pozo del Sapo, en El Impenetrable chaqueño. Estaba escrita en un muro en castellano y en wichi.

Si a esa frase le cambiamos el adjetivo por su antónimo y le damos un giro radical a la intención original, bien ilustraría la medida del Ministerio de Educación nacional, conducido por Esteban Bullrich: eliminar las Coordinaciones de las Modalidades del Sistema Educativo, lo cual suprimiría la Modalidad de Educación Intercultural Bilingüe (EIB), según denunciaron desde el Consejo Educativo Autónomo de Pueblos Indígenas. Esta enorme decisión dispuesta desde la gran Ciudad puede cambiar el mundo; no el mundillo porteño de funcionarios políticos del Ejecutivo nacional, claro está, sino el de miles de niños que nacieron en comunidades originarias.

La bandera argentina y la whipala en el mástil junto al aljibe, en pleno ejercicio de sus funciones.
La bandera argentina y la whipala en el mástil junto al aljibe, en pleno ejercicio de sus funciones.

La escuela Cacique Francisco Supaz tiene tres niveles: inicial, primario y secundario. Es intercultural y bilingüe porque asisten chicos y maestros de la comunidad wichi y allí se enseña tanto la lengua materna de los estudiantes como el castellano. La visitamos con mi compañero en agosto del 2014 invitados por la profesora Ivana, nuestra anfitriona en El Impenetrable chaqueño.

Cristian, docente criollo del secundario, nos contó que las escuelas bilingües habían logrado bajar la deserción por parte de los chicos wichi que asistían a escuelas normales y no entendían el idioma castellano. Algo que para la cultura criolla hegemónica es normal, para las comunidades aborígenes es un derecho adquirido en la últimas décadas: tener docentes que hablen su lengua, compartan su cosmovisión, paridos en el seno de su cultura. En esa línea, fue inaugurado a mediados de 2014 el Instituto de Educación Superior Wichi en la salida hacia el noroeste de Nueva Pompeya.

Carlos, integrante del pueblo wichi, cumplía el rol de pareja pedagógica. Su tarea consistía en ayudar a los estudiantes de segundo año de secundario en la comprensión de los contenidos que enseñaban los docentes criollos de las distintas asignaturas. Traducía palabras, ideas y lo más importante, según nos aclaró, era evitar conflictos con algunos temas como por ejemplo, las cuestiones mitológicas: para los profesores criollos eran simples fantasías mientras que para los estudiantes wichi esos relatos formaban parte del sistema de creencias de su cultura.

Toda la cartelería de la escuela estaba en dos idiomas, wichi y castellano.
Toda la cartelería de la escuela estaba en dos idiomas, wichi y castellano.

Nuestra visita cayó en una ocasión especial: la Feria de Ciencias. Los alumnos circulaban nerviosos porque era día de exposición, con todo lo que eso conlleva: trabajo, público, vergüenza, conocimientos, evaluación. Si bien la timidez invadió a muchos y a duras penas logramos escucharlos, otros pibes hablaron fluido.

Uno de los chicos quería que visitemos un aula donde se proyectaba un video. Las paredes del salón estaban cubiertas por afiches coloridos con fotocopias de documentos, recortes de diarios, fotos y una frase que resumía el tema en cuestión: “Los wichi también estuvimos en Malvinas”. En la pantalla de un televisor se veía a un hombre que rondaba los cincuenta años contando en idioma wichi su experiencia en la guerra a un grupo de jóvenes, entre ellos, el pibe que nos había llevado al salón, quien oficiaba de traductor al español. Nos resultó llamativo que no realizaba la traducción de forma inmediata, sino que dejaba hablar al ex combatiente durante varios minutos, sin interrumpirlo, y aprovechaba alguna pausa para recapitular y contar en español lo dicho. “Lo más difícil – nos explicó- es que hay muchas expresiones y palabras en wichi que no tienen traducción. No sabía cómo decirlas”.

La huerta de la escuela.
La huerta de la escuela.

El estudiante nos comentó sobre lo difícil que era la integración de los jóvenes de su comunidad en la escuela. Él era hijo de un docente y trataba de ayudar a sus compañeros con el idioma y las tareas. Había heredado la vocación; nos confió que deseaba ser maestro cuando fuese grande. Lo bueno era que tenía un magisterio wichi nuevo a pocos kilómetros de su casa.

Al final del día, habíamos aprendido sobre cosmovisión wichi, sanidad animal, apicultura, flores del monte y escuchado las vivencias de un hombre que atravesó el horror de Malvinas sin siquiera entender el idioma de las órdenes. Nutrirnos así reforzó la idea preconcebida sobre que la multiculturalidad sólo genera riqueza a los pueblos, lejos del peligro que nos quieren hacer sentir desde sectores hegemónicos, poderosos y porteñocentristas. 

“Los wichi también estuvimos en Malvinas”.
“Los wichi también estuvimos en Malvinas”.

Para el Consejo Educativo Autónomo de Pueblos Indígenas, la supresión de la modalidad de EIB “vulnera la Ley de Educación Nacional N° 26.206, violando el derecho Constitucional de los pueblos indígenas a recibir una educación que contribuya a preservar y fortalecer sus pautas culturales, sus lenguas, cosmovisión e identidad étnica, para desempeñarse activamente en un mundo multicultural y a mejorar su calidad de vida”. El Estado debiera velar porque así sea. 

Noticias relacionadas
Seguinos