Foto Diego Pintos
Foto Diego Pintos

Por mi vieja que fue señalada con el dedo por tener hijos con un tipo separado, por el jefe que me pidió que me acostará con él para tener un aumento de sueldo, por el chico que me apoyó su miembro erecto en el colectivo, por el hombre que me mostró su pene cuando caminaba en la calle y solo tenía 6 años, por el que me tocó el “culo” en mi pre adolescencia, por el que me acosó con palabras obscenas cuando era nena, por el novio que me empujó y me dijo “feminazi”, por el novio que me trató de loca por no aceptar sus condiciones, por la amiga que opina que soy “puta”, por el que se “pajeó” mirándome en una esquina, por el taxista que no me dejó bajar del auto, por el pibe que me trató de histérica por no querer tener sexo con él, por la amiga que me tilda de feminista, por la amiga que piensa que hay mujeres “roba maridos”, por mi crianza machista, por el patriarcado que no me da libertad, por todas las minas que mueren cada día quemadas, golpeadas o con un tiro de su “amado”, por todas las minas machistas, por todo eso YO PARO.

Andrea es artista plástica, profesión que le cuesta por ser mujer e independiente. Como pintora, muchas de sus obras fueron compradas por hombres “de los cuales el 80 % termina tirando un SMS medio raro”, comenta. Su mirada ante la violencia de género comienza desde el propio oficio: “Hice una exposición hace algunos años donde planteaba ¿por qué siempre se pintaba a mujeres desnudas? Casualmente, estas mujeres eran retratadas por pintores, hombres. Es que ese era el rol de la mujer: Ser vista, ser deseada y ser objeto, hasta de la propia pintura”, y agrega “¿cuántas mujeres pintoras conocés?: Frida. ¿Hombres?: miles. Eso, no es por pura casualidad”.

Para la artista el paro es importante “porque hay que unificar la lucha y entender que no estamos solas, y sobre todo, para poder hacer visible el reclamo. Me parece fundamental que sea internacional porque considero que no hay un solo país con igualdad de género”. Y continúa:“Yo me divorcié hace años y en el convenio de tenencia compartida firmé que mi ex marido no me pase cuota alimentaria. Ni él me pasa, ni yo a él. Porque, también, eso es igualdad. Estamos los dos el mismo tiempo con nuestra hija. Ella vive en dos casas, entonces me parecía muy injusto pedirle dinero”.

Andrea tuvo una relación violenta años atrás y siente que si por aquella época hubiera tenido más fuerza el “Ni una menos”, esa pareja “hubiera durado menos tiempo” ya que ella sola “no podía salir” de ese vínculo. Y finaliza: “Tenemos que dejar de normalizar situaciones de machismo cotidianas. Las minas somos las primeras en defenestrarnos. Nosotras somos más machistas que ellos. Nacimos en un sistema patriarcal. Desde normalizar que los varones no pueden levantar la mesa, hasta que las nenas tienen que jugar con la Barbie. Yo tuve que re aprender muchas cosas antes de poder darle algún tipo de ejemplo a mi hija. Tuve que desprogramarme”.

Ileana trabaja como diseñadora independiente, ella -al igual que muchas mujeres- ha sufrido el abuso laboral, salarial y cotidiano que ejerce el micromachismo hacia las jóvenes que salen a emplearse fuera de su casa: “La importancia del paro de mujeres es para hacer visible el trabajo femenino dentro y fuera del hogar, así como también, la vulnerabilidad de las víctimas de femicidio y la completa ausencia del Estado en proteger nuestros derechos -como mujeres y como trabajadoras-. Es fundamental que se visibilice nuestro trabajo en todos los ámbitos y la importancia de nuestras tareas, ya sea desde el cuidado de nuestras familias como el que realizamos día a día para el funcionamiento de la sociedad”.

Ana es licenciada en Letras y fue delegada gremial. Da pelea ante cuestiones sociales y laborales y vive la desigualdad y el machismo en la cotidianidad de sus funciones.

También opinó sobre la importancia del reclamo y movilización, marcando: “Las mujeres estamos parando contra la violencia de género, para que dejen de matarnos. Para que el Estado instrumente políticas que nos protejan y que resguarde a las víctimas y a sus hijos”. Y agrega: “Marchamos para que se reconozca nuestro trabajo en igualdad de condiciones que el de los hombres. Queremos más mujeres en puestos jerárquicos en empresas, en ministerios, en el Congreso y en sindicatos. Queremos que no nos echen cuando quedamos embarazadas y que los lugares de trabajo nos provean de licencias maternas y paternas acordes, así como guarderías y lactarios. Paramos para exigir aborto legal, seguro y gratuito”.

Por último encontramos a una joven, empleada, mamá de dos niños, llamada Marina quién cuenta que reconoce todos los días la violencia de género “en amigas, conocidas, en la calle, en el transporte público, en los trabajos”. Y considera necesario este paro “para que comience a estar el tema en la agenda de cuestiones, de problemas urgentes a resolver. Para que se den soluciones concretas. Para poner en la agenda política que nos matan, nos maltratan y nos diferencian (o minimizan) cuando les conviene. Porque necesitamos tener una verdadera igualdad de género. Para que nos protejan y para que esto tome conocimiento público y político, por todo eso se necesita realizar un paro”.

Marina, cierra con un mensaje claro y puntual :“se necesita generar un cambio cultural que intente modificar las bases machistas en las que está plantada la sociedad global toda ella”.

Son mujeres anónimas las que aportaron su testimonio, las que paran, las que se movilizan, las que cocinan, educan, pagan las cuentas, sufren la violencia o ejercen el machismo y prolongan la actitud patriarcal. Somos mujeres, somos todas y somos parte de la sociedad.