"Soberbios, díficiles y despreciativos" o las relaciones del gobierno con horticultores y granjeros en tres palabras.  Tras las marchas sucesivas de los campesinos, del pasado 24 y el 26 de abril, no se logró conmover ni mover (a realizar políticas para el sector) a los funcionarios del ministerio de Agroindustria que oscilan entre la miseria de un presupuesto anual de 50 millones y el desdén a los portavoces de una problemática que afecta a miles de familias en todo el país.


"Son soberbios, difíciles y despreciativos. Siguen con el discurso de la herencia y que lo hecho por el gobierno anterior no sirve. Ahora quieren reflotar dos programas -el Registro Nacional de la Agricultura Familiar y el monotributo- pero vaciaron la SAF porque sólo tienen 50 millones de presupuesto para todo el país", contó Mercedes Taboada, una horticultora de Florencia Varela e integrante del Movimiento Nacional Campesino Indígena-Vía Campesina.


Con un pliego de demandas, que incluye 100 mil salarios sociales complementarios, granjeros, horticultores, pescadores artesanales, indígenas de distintos puntos del país convergieron en la Plaza de Mayo donde repartieron entre el lunes y el miércoles 60 toneladas de verdura de estación pero, otra vez, el resultado de la reunión, forzada, con el gobierno no satisfizo.

Creédito: MNCI prensa
Creédito: MNCI prensa


Taboada sigue en la lucha como el resto de sus compañeros que hace dos meses en el ministerio de Agroindustria fueron recibidos por el secretario de Coordinación y Desarrollo Territorial, Santiago Hardie pero el último miércoles los encargados fueron el subsecretario de Ejecución de Programas para la Agricultura Familiar, Juan Manuel Pomar (técnicamente a cargo de la SAF) y por el subsecretario de Coordinación Política, Hugo Rossi, al que nos caracteriza como: "Un pibe jovencito, soberbio".

"No puedo entender lo que hacen, salí de la reunión con dolor de cabeza, mi cara lo decía todo. Les planteamos todo lo que se podría hacer pero no se les mueve un pelo y es evidente que quieren vaciar el área. Siguen con lo mismo, que no hay plata que está quebrado el gobierno nacional y la provincia (de BsAs) y que tienen 50 millones para todas las provincias", me cuenta Mercedes con dolor pero nunca con resignación.


El 5 de febrero pasado fue un día fatídico para miles de familias que viven en los cordones agrícolas de La Plata (el más grande del país), Berazategui, Florencio Varela, Berisso y también Mar del Plata. Un temporal que incluyó vientos de hasta 110 km por hora arrasó con cultivos, inundó predios, tiró árboles y básicamente arruinó en 500 millones de pesos a los pequeños productores que se movilizaron en busca de ayuda a los estados pero tampoco hubo muchas soluciones.


"Pusieron 16 millones para rollos de nylon a repartir entre 3500 familias, no llega ni a medio rollo para cada uno", nos dice entre mate y mate. Pero esa situación apenas fue una parte de los problemas muy serios de los afectados que incluyó además: cortes de luz, pérdidas de cultivos por falta de riego. Esto se se suma a otros problemas estructurales como la imposibilidad de acceder a créditos y por lo tanto a la compra de la tierra.

La cuestión de los pequeños productores agrícolas, estamos hablando de los que día a día cosechan la lechuga, la zanahoria y el tomate que se consume en cada hogar del país, no puede tener un presupuesto de apenas 50 millones de pesos cuando la Ley de Agricultura Familiar 27118 sancionada en diciembre del 2014 preveía -aunque luego arteramente desapareció de la norma- un presupuesto de 1500 millones de pesos.

"No somos mendigos y tampoco estamos en la búsqueda de subsidios ni limosnas. Planteamos soluciones que no son escuchadas", así Mercedes repite como son los funcionarios de Cambiemos: soberbios, díficiles y despreciativos. 

*Periodista y Escritora. Experta en Pueblos Originarios, Medio Ambiente y Agricultura Familiar. Trabaja en la agencia de noticias Télam. Twitter: @Albafwa