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Puja geopolítica y por el poder mundial detrás del conflicto en Corea del Norte

Alejandro Laurnagaray de Urquiza

Una disputa que crece en la agenda internacional pero cuyo trasfondo a veces escapa a quienes habitamos en estas latitudes.

Foto: Kim Wing summialo
Foto: Kim Wing summialo

Papa Francisco: “vivimos una guerra mundial por partes, una guerra de intereses, por dinero, por los recursos de la naturaleza y por el dominio de los pueblos”

Portaaviones por doquier, submarinos nucleares, pruebas misilísticas, escudos antimisiles, ejercicios militares de envergadura histórica, retórica de guerra inminente, amenazas, avances y retrocesos, tensiones, presiones, sanciones, retórica de destrucción masiva. Hemos visto en este último tiempo, y más desde la llegada de Trump a poder, una escalada en las tensiones con Corea del Norte. Se trata de un juego peligroso en la península coreana, donde hay mucho más en juego.

Allí donde Corea del Norte y Corea del Sur han vivido en gran tensión –con altibajos- en los últimos 70 años, las principales potencias del mundo tienen gran interés económico y geopolítico. Estados Unidos y China (1ra y 2da potencias mundiales), Rusia y Japón –que hace poco modificó su constitución digitada por EEUU en 1945- para poder volver a librar guerras en el exterior, algo que se auto-limitaba por su propia Carta Magna, hacen su juego allí para resguardar sus intereses estratégicos-y expandirlos-, un juego que no se limita a la paz en la península.

Estados Unidos tiene una seria preocupación de la expansión de los intereses Chinos en toda el área del Asia-Pacífico, y en el mundo. Tenemos aquí una clara puja por el poder mundial. La misma gestión Obama ha determinado que su Doctrina de Seguridad Nacional determinaba su interés mayor en esa zona. “El centro de gravedad de la política y economía mundial se ha trasladado del Atlántico hacia el Asia-Pacífico”, suele escucharse desde hace años en centros de estudio, intelectuales y militares norteamericanos. No olvidemos el fallido Tratado Transpacífico, que Usa impulsaba para limitar la influencia China y que Trump descartó.

Corea del Norte viene a ejercer en esta puja por el poder mundial varias funciones. Fue (y es) un eslabón clave de la histórica lucha ideológica, geopolítica, económica y militar de la región durante la Guerra Fría. Comprobamos que en estos últimos años ese enfrentamiento mundial que parecía ya terminado vuelve a recalentarse. Y la tensión en la península coreana es un claro ejemplo, como así también lo es el conflicto en Ucrania, la guerra en Siria, la tensión en Turquía, y porque no, tensiones en América Latina, etc.

Pero aquí la gran diferencia con ese pasado, la fortaleza alcanzada por la República Popular China, país que ya comenzó a disputar la hegemonía a los Estados Unidos en medio de esta transición hacia un Multipolarismo, que devendrá tal vez en el futuro en un imperialismo Chino, erigido a lo largo del SXXI. Tengamos en cuenta que China tiene un mayor potencial que la que ha tenido la Urss durante la segunda mitad del SXX para disputarle el poder mundial a Usa.

Detrás del conflicto y las tensiones con Corea del Norte encontramos esta puja, una pujar por el poder mundial, donde las placas tectónicas del Sistema Internacional están en pleno movimiento, buscando reacomodarse en medio de los tironeos, tensiones, amenazas y estallidos, en medio de negociaciones entre las mayores potencias y sus zonas de influencia. Esta es la Guerra Mundial por partes de la que habla el Papa Francisco.

Tampoco son menores ni hay que menospreciar las negociaciones en la ONU y los encuentros bilaterales que se llevan a cabo para intentar llegar a buen puerto.

Lo cierto es que Estados Unidos viene perdiendo la batalla por mantener el Unipolarismo alcanzado luego de la caída del muro de Berlín y la desintegación de la URSS. China, Rusia y otros jugadores como la India, quieren un mayor protagonismo, mientras vemos a una UE algo atareada ocupándose de sus conflictos políticos y económicos internos. Pero Estados Unidos mantiene aún su preponderancia, debido fundamentalmente a su carácter de potencia nuclear y su enorme gasto militar, muy superior a los 10 que la siguen sumados (anualmente gasta en seguridad la suma similar a un PBI argentino, más de 600 mil millones de dólares, China gasta alrededor de 150 mil millones y Rusia algo menos de 100 mil millones).

Estados Unidos es un imperio en decadencia, pero aún define su interés nacional en cualquier parte del mundo, en todas las regiones, y eso precisamente choca con los objetivos de las potencias emergentes. China, con una diplomacia ya profesionalizada y a su vez con gran expansión desde lo práctico en lo económico y relacionado con la inversión, viene a disputar esa preminencia. Rusia, también hace lo suyo y otros emergentes en menor medida.

En ese sentido, al país dirigido hoy por Donald Trump se le presentarían tres opciones. Transitar un camino de adaptación dejando mayor lugar a china y otros, emprender una contraofensiva hasta llegar al uso de la fuerza para mantener su preponderancia, algo que acarrearía consecuencias catastróficas para la superviviencia humana. Y una tercera, negociación y garrote, diplomacia y acción militar, que es lo que estamos viendo emerger, por lo menos, en este último tiempo.

Corea del Norte ha sobrevivido desde los ´50 y tuvo cierto desarrollo hace unas décadas gracias al histórico apoyo de la Urss, y hoy sobrevive, aunque muy atrasada y empobrecida, gracias al apoyo de China, y en menor medida de Rusia y otros. Cerca del 90% del comercio de Corea del Norte es con China. Y desde una óptica geopolítica, es poco probable que China permita que USA triunfe en una guerra total contra Corea del norte y coloque un gobierno afín a sus intereses. Tener a Estados Unidos en su frontera no le hará ninguna gracia.

China y Rusia también podrían soltarle la mano a Corea del Norte y negociar un nuevo status quo con Estados Unidos y sus aliados regionales. Esto parece poco probable, pero en este mundo de gran inestabilidad e imprevisibilidad, todo es posible. Por otro lado, esta efervescencia y la escalada de tensión le brinda también a Estados Unidos la excusa justa para mantener una presencia militar –hoy creciente- en una región cada vez mayor importante para los intereses económicos norteamericanos, y de las grandes empresas del país.

En este sentido, la capacidad de negociación de China es clave en este conflicto. China tiene en sus manos las herramientas para la supervivencia del régimen de Kim Jong-un. Pero es el poderío chino puede ser en realidad la principal preocupación de la administración norteamericana, más allá de lo puntual, que es la desnuclearización de Corea del Norte. Para esto último hubo ya en la historia reciente algunos acuerdos, fallidos todos. Por otro lado, tanto a China como a Rusia, les conviene el Statu quo actual en la península.

Puntualmente, es claro que Estados Unidos no quiere otro país con capacidad nuclear, sobre todo porque no es aliado suyo, y a su vez Corea del Norte no quiere terminar como Iraq, Libia o Siria y ve su supervivencia en peligro si no adquiere capacidad nuclear.

Si observamos la historia, Corea del Norte inició el conflicto de principios de los ´50 con la invasión a corea del sur, lo que implicó la intervención de los aliados encabezados por Estados Unidos que hicieron retroceder a los norcoreanos hasta invadirlos en su territorio. Esto significó la intervención directa de China, además de la que la Urss ya llevaba adelante. China Popular envió cerca de 400 mil soldados que hicieron retroceder a los aliados hasta el paralelo 38 y finalmente todo terminó en un armisticio –nunca se firmó un tratado de paz-. Técnicamente, la Guerra de Corea no finalizó.

Hoy, Usa y Corea del Norte siguen agitando la histórica tensión, renovada por la administración Trump, que también ve mejorar su imagen interna con cada incursión interna, por lo menos hasta ahora. China llama a la calma mostrando una actitud diplomática, mientras avanza en la disputa económica y geopolítica con Estados Unidos. Rusia se suma a los pedidos de disminuir la tensión mientras mueve sus fichas en sus zonas de interés. Mientras que la posibilidad del reinicio de un enfrentamiento armado 64 años después de la interrupción de los combates, con la terrible posibilidad de que se utilicen armas nucleares, hoy está latente y la imprevisibilidad parece estar a la orden del día.

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