En Francia ganó Bruselas y perdieron los partidos políticos
En Francia ganó Bruselas y perdieron los partidos políticos

Las encuestas no se equivocaron. Emmanuel Macron, el candidato de centroderecha y apoyado por el gobierno saliente de François Hollande, estuvo cerca de duplicar en votos a Marine Le Pen, la candidata de extrema derecha. El Liberal obtuvo un 66.1% de los votos frente al 33.9% de su contrincante. Hubo un alto nivel de abstención, del 25%, y otro tanto de nulos, 12%, excesivo para la historia electoral francesa. Esto demuestra cierto hartazgo y decepción de la sociedad para con la clase política francesa en general.

El Europeísmo le ganó al aislacionismo, la mesura discursiva sobre la inmigración le ganó a la xenofobia y a la verborragia ultranacionalista. La Continuidad con la Unión Europea venció a la ruptura. El gran perdedor: el Bipartidismo. Los Republicanos pero sobre todo el Socialismo, que quedó allá lejos en primera vuelta, con menos del 10% de los votos. La izquierda de Mélenchon tampoco supo dar esa última vuelta de tuerca para alcanzar la segunda vuelta. Pareciera ser, y así lo indica la gran mayoría de los análisis, que lo que sucedió fue lo mejor para los franceses. Aunque claramente desde el sentido común, mejor que una ultraderecha xenófoba y violenta, quien quiera que esté en frente será, por lo menos, el mal menor.

Esto parece representar el triunfo de Emmanuel Macron, teniendo en cuenta las críticas generalizadas en Francia al ajuste, el camino de reforma laboral-flexibilización- y la bajísima aprobación del gobierno saliente. El hoy Presidente electo fue ministro de Economía de Hollande hasta hace menos de un año, y se abrió en el momento justo para mostrarse como alternativa, con una gran ayuda, eso sí, de los grandes medios de comunicación y de sectores del Socialismo, más del centro. Y también, claramente, del establishment económico y financiero que sigue de cerca al hombre que encabezará los destinos de una de las potencias occidentales con capacidad nuclear.

Termina así el gobierno de un Socialismo algo contradictorio, porque se trataría de un Socialismo de tinte neoliberal, algo que suena extraño, pero así lo fue y lo vimos también en España, por citar un ejemplo. He ahí, en esas políticas de ajuste y en la insuficiente gestión para recuperar al país de la crisis financiera internacional, junto con el alejamiento de la clase política francesa de la sociedad -donde las decisiones se toman a gran distancia, en la burocracia de Bruselas- donde la crisis de los bipartidismos encuentran su explicación, por lo menos en gran parte.

Es preciso tener en cuenta que hace un año el país se encuentra en Estado de excepción, debido a la amenaza terrorista y luego de varios atentados con más de 230 muertes en un año y medio. Y lo que no es menor, pero poco se habla en estos días, Hollande había declarado hace más de un año la Emergencia Económica en Francia. Así llegaron los galos a las elecciones. Muchos de ellos movilizados en las calles, en las plazas, sindicatos en pie de lucha, trabajadores enfrentados a la fuerza pública, y con la represión presente en muchas manifestaciones.

Abundan los reclamos por una mayor distribución de la riqueza, y para que los costos de la crisis financiera internacional no la paguen los trabajadores. Pero también la francesa es una sociedad que en su mayoría no desea que la xenofobia, la fractura europea y el aislamiento sean la salida a esta crisis. Por ello también el resultado. El temor al ascenso al poder de la extrema derecha, por ahora pasa a segunda plano, aunque no desaparece.

¿Porque la izquierda de Jean Luc Mélenchon no llegó a segunda vuelta? Es para una análisis más profundo, pero desde lo discursivo, lo programático y quizá la falta de realismo electoral a la hora de enfrentar el problema verdadero de la Unión Europea, que no es la existencia de la Unión en sí, sino la forma y quienes son en realidad los que toman las decisiones y los más beneficiados, que claramente son la banca y corporaciones más que las poblaciones de los países que la integran. Pero una afirmación clara de Mélenchon parece no poder rebatirse: “La UE es un vehículo del proyecto neoliberal”.

Ese neoliberalismo que ha hecho estragos en América Latina en los años ´90 –y que parece regresar con renovada fuerza- que ha encaminado a los Estados Unidos a una crisis del Bipartidismo, llegando un outsider (ahora moderado y casi un insider) como Donald Trump al poder y que está generando también en la UE esas crisis de los partidos políticos que vemos hoy.

Pero pareciera ser que el poder establecido se renueva, oprime el botón “refresh” en su ordenador y aparece Emmanuel Macron, que termina apoyado hasta por el Socialismo una vez que Benoît Hamón-del ala más izquierdista del partido-ganó las internas. Manuel Valls, quien perdió la interna, llamó abiertamente a apoyar al hoy presidente electo.

El nuevo Presidente francés, favorable a mantener las sanciones contra Rusia, pro OTAN y si bien ha propuesto algunas medidas paliativas frente al desempleo y la crisis económica, será un continuador de las políticas esenciales del saliente Hollande, que apuntan a fortalecer la Unión Europea, pero que también incluyen las medidas de ajuste.

Francia tiene hoy un desempleo mayor al 10%, una flexibilización laboral en marcha que provoca un alto rechazo en el movimiento obrero y los sindicatos, un déficit que no logra aun cumplir los criterios de la UE y una Deuda Pública de casi el 100% de su PBI (más de 2 billones de euros). El Estado de Bienestar francés viene siendo desmantelado proporcionalmente al creciente poder de Bruselas en las decisiones sobre la vida de las poblaciones de Francia y los demás Estados de la Unión, sobre todo en donde se utiliza el Euro (19 de los 28 miembros, aunque con el proceso de salida de Gran Bretaña serán 27).

Los desafíos del nuevo gobierno son enormes, pero la continuidad de las políticas centrales, sobre todo en términos económicos y financieros, no parece vayan a tener corrección o interrupción, por lo que las tensiones sociales en Francia seguirán acompañando la vida del país, y cuando no, incrementándose. A fin de cuentas, tener como contrincante en segunda vuelta a Marine Le Pen parece haberle venido como anillo al dedo, tanto a Macron como a la Troika.

Mientras algunos medios masivos presentan a Emmanuel Macron como un posible “salvador de Francia y de la UE”, este joven presidente, el más joven de la historia después de Napoleón –aunque éste no fue presidente sino Emperador a los 35 años-, debe enfrentar una notable crisis de empleo y competitividad que vive Francia (frente a Alemania, Usa y las economías emergentes), profundizada desde el estallido de la crisis financiera internacional.

Macron apunta a “dinamizar” la economía y dotarla de mayor competitividad. Reducir el gasto público, el número de funcionarios y continuar la reforma laboral, de la manera que pueda. Son algunos de los “avances” que reclaman los mercados, el establishment. Si nos colocáramos en una posición realista y escéptica sobre la capacidad de la agrupación “En Marcha” de representar democráticamente a los franceses, podríamos imaginar que el Poder establecido de la UE ha logrado presentar a Emmanuel Macron como un mal menor frente a una ultraderecha xenófoba y violenta. Y este mal menor termina siendo, a fin de cuentas, un Neoliberalismo renovado para Francia y la Unión Europea. Esperemos no sea esa la realidad.

Finalmente, los vientos que soplan en el Mercosur, y en particular en Argentina y Brasil, impulsan a un Merocusur debilitado hacia un acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea que con Macron en el poder puede estar más cerca de concretarse. Quienes serán los beneficiados y perjudicados si es que avanza, lo veremos a medida que continúen las negociaciones. Pero en términos históricos, las relaciones de la Argentina con los países europeos no han sido precisamente acuerdos de win-win, sino más bien la concreción de una visión clásica de la división Internacional del Trabajo, donde el sur aporta materias primas, y el norte los bienes manufacturados y de agregado tecnológico.