Opinión: "El Estado desatiende a los más débiles entre los débiles"
Opinión: "El Estado desatiende a los más débiles entre los débiles"

Son treinta mil. Y el Gobierno los niega. Son niños, jóvenes, adultos y ancianos, todas personas con discapacidades, abandonados por la burocracia oficial y la desidia. El Foro para la Promoción y defensa de los derechos de las personas con discapacidad denuncia al Ministerio de Salud de la Nación por poner en riesgo el cuidado y la atención de un colectivo doblemente vulnerable: por su condición y por su situación económica.

El Padre Pablo Molero es vocero del Foro y titular de la Comisión de Personas con Discapacidad de la Arquidiósesis de Buenos Aires. El sacerdote lanza un dramático llamado a las autoridades por el mal funcionamiento del programa “Incluir Salud”, que adeuda a los prestadores fondos por $ 4.500 millones de pesos. “El sector está desfinanciado, desde hace 5 meses no recibe un solo peso del Estado. Intentamos hablar varias veces con el Gobierno pero no nos dan respuestas”. El silencio de los funcionarios no es salud. Literalmente. Están en riesgo personas que no pueden ni merecen perder ni un minuto de atención médica y psicológica.

Cuenta Molero: “Los transportistas han dejado de trasladar gente a los tratamientos, a los centros de día y a las escuelas. No se pueden pagar sueldos al personal de residencias y hogares, colapsa la estimulación temprana y hay severos trastornos en la entrega de prótesis, medicamentos e insumos”. El Foro admite que el problema ha tenido vaivenes en todas las administraciones anteriores, pero recalcan que “con este nuevo Gobierno la brecha se ha hecho mucho más grande, hace tiempo que no teníamos un atraso tan significativo, que se suma a otras deudas impagas, como las del PAMI o las obras sociales”.

El Estado desatiende a los más débiles entre los débiles. Explica el Padre Molero que “el Programa Incluir Salud atiende a personas que tienen pensiones no contributivas, generalmente esos beneficios están dirigidos a personas en situación de pobreza, no solamente de discapacidad; claramente esta situación afecta a los sectores más desprotegidos, a los más carenciados, la mayoría de los que pertenecen al Programa son personas de bajos recursos”. Hay, también, cien mil empleos afectados directa e indirectamente.

A un chico no lo pasa a buscar el micro para ir a la escuela. A un joven no lo atienden para rehabilitarse. Otro no recibe la estimulación temprana, y si deja pasar el tiempo, jamás recuperará esa chance de desarrollarse. Un anciano espera y espera una prótesis que le conceda una mejor calidad de vida. Otro necesita un medicamento que no llega. Chicos, jóvenes y grandes en cada hogar, en cada centro de día, en cada residencia, tienen sí la dedicación de profesionales, pero esos trabajadores hace medio año que no cobran o cobran con retraso.

Estos también son Derechos Humanos vulnerados. Y el único “curro” lo hacen con los más débiles.