Un S.O.S. en medio de despidos masivos y el mar de desinformación
Un S.O.S. en medio de despidos masivos y el mar de desinformación

La bombacha de la modelo. El “guasap” de la discordia. El convento que se cierra. El perrito con brea.  Tiramos unos pétalos de margaritas sobre el campo minado para convencernos que vivimos en un jardín florido. Pero se está marchitando el presente. Se marchita, huele mal.

Me entero y cuento. Hay un naufragio, cada día llegan señales de S.O.S. de tantos que se hunden.

Hay quince despedidos en la empresa DDM, dedicada al (sic) marketing interactivo  multicanal. Los echaron con causa, por cuestiones de “actitud”. Tienen salarios promedios de 9.000 pesos por ocho horas de trabajo. La venta telefónica da comisiones con tope de 2.500 mensuales, pagados en negro con tarjetas para canjear en empresas clientes de la firma. Casi, casi como La Forestal. Trabajadores con dos años de antigüedad recibieron amablemente 12.500 pesos de compensación. Y fomentan el sistema de delación interna: aquél que marque a sus compañeros podrá acceder a un ascenso.

“Hola, en Campo Austral echaron a 10 compañeros y 3 delegados, la empresa llama a los compañeros por teléfono, para amenazarlos”, me escribieron. Luego, noticias de Chacabuco, el entrañable pueblo donde nació mi vieja, mi madrina y Haroldo Conti. Avisan que “en esta ciudad estamos pasando por una situación muy fea, en Ingredion, una empresa multinacional, hubo 47 despidos y 50 empleados fueron obligados a renunciar”.

Siempre en este mismo mes, avisan que “hace aproximadamente tres días, los trabajadores de Coca Cola están de paro, afuera, durmiendo. Esto es en Loma Hermosa”. Señales de auxilio se reciben desde tierra porteña “hay incidentes en Distribuidora Metropolitana,  los empleados están tomando la empresa, la semana pasada despidieron 53 personas por –dicen- la situación económica”. Piden ser escuchados en una fábrica de papel de la avenida Directorio al 5900, escriben que “somos 50 empleados que nos quedamos en la calle, nos  suspendieron y empezaron a vaciar la fábrica y nos dejaron en la calle, no tenemos respuesta de nadie, necesitamos que esto se haga visible, por favor”.

Piden por favor. ¿Se dan cuenta? Piden por favor que se cuente. Y piden consejos en Grand Bourg, consultando “cómo hago para denunciar trabajo en negro en una fábrica de ladrillos, somos 30 compañeros, hemos hecho varias denuncias en el Ministerio de Trabajo de la Provincia y no nos dan ninguna solución”. Una respuesta se busca.  Describe una empleada de Mavi Construcciones en Tigre que “el dueño se llevó los camiones, contrató terciarizados y desmanteló la planta, el dos de mayo nos avisaron que estábamos despedidos”.  Tamara relata desde Berazategui que “tengo 20 años y estuve trabajando en Capital durante dos semanas y de un día para el otro mi jefe me echó y no me quiere pagar los días trabajados, acá somos todas mujeres y a todas nos (sic) isolo mismo, lo que más me molesta es que sigue (sic) trallendo gente y a todas las tiene una semana o dos y la echa y no te quiere pagar”.

La desocupación corre la suerte del coronel de Gabriel García Márquez: no tiene quién la escriba. Son historias mínimas para los titulares, pero dramas personales inmensos. Son gente. Si decimos que hacemos periodismo para “la gente”, ¿dónde están estas voces? Hay un naufragio. Tal vez no nos dé el cuero ni las manos para arrojar salvavidas, pero es de canallas ver a los que se hunden como si estuvieran disfrutando de un chapuzón en el mar.