El último año y medio, las y los trabajadores transitamos tiempos muy difíciles, otra vez volvimos a sentir que además de crecer los hechos de inseguridad, la principal inseguridad que vivimos es el temor a quedarnos sin empleo. Las promesas incumplidas del macrismo, en las que muchos compatriotas confiaron, claramente provocaron pérdidas y precarización para los asalariados, hundimiento constante de los sectores productivos, especialmente pequeñas empresas y un endeudamiento estrepitoso. Así se abandonó un modelo que combinaba el desarrollo científico, productivo, la inclusión de los sectores más postergados, de trabajadores y trabajadoras y el ejercicio de nuestra soberanía.

Había problemas por resolver, es cierto, pero el camino elegido, sólo genera necesidades y carencias para las mayorías, muy lejos de solucionar ninguna asignatura pendiente.

Vemos en detalle que en el último informe de CIFRA, la brecha salarial entre trabajadores formales e informales asciende hasta 4 puntos con respecto a medidas a fines del 2015*, números que impactan más en las mujeres ya que en gran medida somos las que trabajamos en empleos precarios e informales.

Despidos masivos y cierres de empresas, junto a una fuerte presión para poner techo a las paritarias y bloquear discusiones que mejoren las condiciones de trabajo. A esto se suma el debate por productividad y el presentismo en los convenios, como excusa para recortar derechos, en especial para las mujeres, que siguen siendo quienes toman la mayoría de las licencias por cuidados.

El poder adquisitivo del salario perdió durante el año 2016 entre un 8 y un 12% según el sector, y el ataque a las organizaciones sindicales y sus líderes es público, asumiendo formas cada vez más antidemocráticas. En tanto, la inflación fue muy superior para los alimentos y servicios, siendo estos rubros los que se llevan la mayor parte del salario de los sectores de menores ingresos, en los que las mujeres estamos sobrerrepresentadas.

A todo lo anterior deben agregarse los impactos del debilitamiento del Estado en políticas sanitarias, educativas y sociocomunitarias. Por donde sea que se lo mire, las consecuencias negativas para las mujeres de la política implementada por el Gobierno de la alianza Cambiemos están a la vista. Las cifras crecientes de femicidios también dan cuenta del empeoramiento de las condiciones para enfrentar una problemática que, si bien tiene larga data, hoy se vuelve cada vez más cruel y acuciante. Las violencias se manifiestan en mayor medida en contextos de impunidad, corrimiento del Estado y agudización de la crisis social.

Estos son algunos de los datos que debemos barajar a la hora de elegir qué futuro queremos para nuestros compatriotas.

Es hora de elegir en el nombre de nuestro futuro y votar un proyecto de país en lugar de candidatos que prometen políticas focalizadas, subsidios y copas leche para los sectores más excluidos. Esto NO es inclusión, es sólo palear los efectos más nocivos del modelo económico. Mientras los más ricos lo son, cada vez más.

Es fundamental que tengamos en cuenta que las políticas públicas, de carácter universal son constructoras de justicia social y ciudadanía. Las diferentes medidas que se tomaron en los 12 años de kirchnerismo desde la perspectiva de derechos fueron coherentes con la mejora de la calidad de vida, con las inclusión social y el impulso a la participación ciudadana que permitió un notable protagonismo de las mujeres.

Es hora de elegir en el nombre del futuro un proyecto que convoque a distintos sectores de la sociedad. Un proyecto que incluya y genere políticas equitativas para todas y todos. Las y los trabajadores necesitamos volver a creer, necesitamos que nuestros Derechos sean respetados y no vapuleados.

Las y los trabajadores queremos mejorar nuestra calidad de vida y creer en nuestra patria. Necesitamos un proyecto que construya un nuevo Estado con equidad y justicia social. Un proyecto que nos tenga a las mujeres como protagonistas.

Necesitamos un proyecto que construya el futuro que soñamos, ese futuro solo se puede construir con más unidad, con más participación. Las y los trabajadores sabemos que el futuro que soñamos tiene liderazgo y conducción, tiene al frente a una mujer que siempre puso por delante los intereses del pueblo, tiene un nombre, es Cristina.

* Informe Cifra-CTA junio de 2017

Estela Díaz es secretaria de Género y Derechos Humanos de la CTA.