Política

Más despidos, más hambre: ahora en la marca "Chocolate"

Diego Pietrafesa

Trece empleados de la exclusiva marca de ropa fueron despedidos en el barrio de Chacarita, sin haber cobrado ni la quincena ni el aguinaldo. Los dueños dicen que cayeron las ventas, pero un solo par de botas podría pagar el salario mensual de una de las trabajadoras.

Foto Diego Pietrafesa
Foto Diego Pietrafesa

Uno no es el mismo después de que una piba de cinco años te diga al oído, en medio de otros pibes, que tiene hambre. Te lo dice bajito, con la mirada clavada en el piso, con más vergüenza que urgencia, acostumbrada tal vez a que ni lo urgente llegue. Podemos manotear unas galletitas, sí, apurar la leche chocolatada. Pero lo que cuesta es preguntar, como pregunto sin animarme a saber, “¿comiste hoy?”

Un periodista es como un boxeador, me explicó hace un cuarto de siglo un viejo conductor de noticiero. “Recibís golpes, pero en caliente no sentís nada y te crees que no duelen”, dijo. Y agregó: “pero con los años se te vienen todos juntos y se te estruja el alma”. Puta madre que lo parió. Hoy supe de otra historia de desempleo. Pueden creerme o no. Yo sí me creo: todos los días me entero de gente que se queda sin trabajo. Esto ya lo escribí, acaso lo repita como exorcismo. Pero el Mal sigue allí. Hablo del Mal, que muda de rostros y trajes, pero tiene una misma sagrada escritura, de pocas palabras: “Todo para mí, más para mí y si queda algo, me lo llevo yo”.

El miércoles 28 de Junio, 13 trabajadores de la marca de ropa “Chocolate” fueron invitados a subir a la oficina de personal del edificio de la calle Dorrego al 800, Chacarita. Uno a uno, por separado, los dueños del lugar les hicieron dar por recibido el telegrama. “Lo lamentamos mucho”, dijeron, mientras entregaban un papel con la cita maldita: Artículo 247. Se trata de una disposición de la Ley de Contrato de Trabajo que establece que “en los casos en que el despido fuese dispuesto por causa de fuerza mayor o por falta o disminución de trabajo no imputable al empleador, el trabajador tendrá derecho a percibir una indemnización equivalente a la mitad de la prevista”.

Sin haber cobrado su quincena ni el aguinaldo, los echados fueron al Ministerio de Trabajo buscando –siquiera- la conciliación obligatoria. La dueña de Chocolate aceptó firmarla, pero el martes 4 de julio, cuando los despedidos quisieron reincorporarse, les cerraron la puerta en la cara, les prohibieron el ingreso, los acusaron de participar de “el show del sindicato” y, por supuesto, no les dieron ni un peso. Si yo me atraso un mes con la declaración jurada de ganancias me bloquean el CUIT, pienso. ¿Cómo hacen estos tipos para burlarse de una conciliación obligatoria y que nadie les diga nada?

Empleadas de hasta 26 años de antigüedad quedaron en la calle. Muchas de ellas se dedicaban a la confección especializada. “Yo hacía dos o tres prendas por hora, nada más”, me dice, como pidiendo disculpas, una de las despedidas. “Es que nos tocaba el trabajo más difícil”, explica. Ganaba 40 pesos la hora. Pregunto de nuevo, con ganas de haber escuchado mal. Repite: 40 pesos la hora. Así, una remera que la firma vende a 600 pesos, cuesta apenas 20 de mano de obra. “Chocolate” tiene locales en los shoppings más importante de la Argentina. Según se observa en la vidriera de la calle Dorrego, hay carteras de 4.900 pesos, camperas de 2.700, jeans de 1.500. Veo el precio de las botas: con la venta de un solo par pagan el salario mensual de una de las trabajadoras. Pero no se lo van a pagar, al menos no por ahora.

Los dueños de la marca dicen que cayeron las ventas. Despiden pero no bajan las persianas a sus ganancias en la fórmula de la “doble ch”: Chile y China. Importarán sin culpa ni cargo, como han descartado parte de su fuerza laboral sin pestañar. La lista de despedidos llegaría a 50 a fin de año. Suben los precios, se enfrían los salarios, se detiene el consumo, no camina el trabajo. Termino estas líneas y me vuelve a pasar: no hubo acuerdo con los obreros de Atucha y hay mil que esta noche no podrán dormir. No serán los últimos insomnes. La pesadilla devora sueños, chocolate por la noticia.
 

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