El monto actual de la Asignación Universal por Hijo es de $ 1.246 cada treinta días. Convengamos que el negocio de la madre no arranca con nueve meses a pérdida. Para indignación de los militantes del “yo pago mis impuestos pero no quiero mantener vagos” hay retribución para la mujer durante el embarazo. Pero, se sabe, nada detiene a la procreación especulativa. La ambición por terminar el día con la panza llena supera toda decencia y mandato de la moral . Así, una madre deberá asegurarse una prole de al menos cinco descendientes para superar apenas el límite de la indigencia, hoy ubicado en $ 5.798.

 
Son harpías las yeguas: tienen partos múltiples para recibir del Estado –para una familia de 6, cinco más la madre- $ 237 por día. Con eso tienen que comer, vestirse, comprar los útiles para la escuela, los remedios, viajar en colectivo o el tren y (adelantándome al tsunami de trolls y evocando dichos del radical Ernesto Sanz) derrochar lo que sobra en la canaleta del juego y de la droga. Mejor que ellas tengan la tarjeta de débito, eso sí. Porque ya lo dijo Esteban Bullrich: “Esto no se va a cambiar con planes sociales. Al pibe le podes dar un plan social, pero esa plata la va a usar para comprar balas”.

Telam. (imagen ilustrativa)
Telam. (imagen ilustrativa)

Un informe de los investigadores Irene Novacovsky y Bernardo Kliksberg había destruido la neo zoncera en 2015. El reporte señala  que solo el 5% de aquellos que reciben la AUH tienen ese beneficio como única fuente de dinero. Agrega que “a los más pobres la AUH les incrementa el ingreso en más de un tercio”, que en dos de cada tres hogares donde se cobra la AUH han destinado esos fondos a la compra de útiles escolares y libros y en la mitad de esas casas se gastó la plata en calzado, no en Direct TV ni aire acondicionado.
 
Sabemos que no son 30.000, sabemos que la gente no compra leche porque ahorra dólares para conseguir una casa, sabemos que a El Polaquito lo encontró el periodismo independiente por su sola eficacia y jamás, bajo ningún concepto, porque la Bonaerense preparó la escena para complacer a los recontra chequeadores de todo ni, muchísimo menos, para que la señora que ve la tele se sienta aliviada cada vez que un pibe con gorrita y de barrios bajos es asesinado.
 
Sabemos que la culpa de lo de PepsiCo es de los trabajadores y su tenaz, insólito e irreverente deseo de seguir trabajando. Sabemos que un matricero no tiene que lamentarse porque cerró la fábrica de calzado, más bien no debe distraerse y tiene que abocarse a distinguir rápidamente la diferencia entre una cerveza roja, negra o rubia. Lo demás viene solo. Sabemos que muchos de los sin techo porteños tienen viviendas en el gran Buenos Aires, solo que prefieren disfrutar su miseria a cielo abierto, de puro aventureros que son. Sabemos que si sucede, conviene. Y sabemos –recordamos- que mejor embarazarse que conseguir empleo.
 
 
¡Todo está tan claro! En este país no progresa (ni entiende) el que no quiere.