Foto: CELS
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Oigan, che, que esto es en serio. Nos estamos jugando lo que somos y lo que queremos ser. No valen exclusiones, sectarismos, divismos, macartismos y todos los “ismos” que se nos ocurran. El flaco, el gordo, el petiso, el alto, el rubio, el morocho, el de gorrita, el de traje, el de Palermo, el de Catán, vayan buscando silla. Si no nos une el amor, que al menos nos agrupe el espanto. Llegaremos a la mesa con nuestros pasados, nuestras miserias, nuestras cuentas impagas. Habrá lúcidos y tímidos. Habrá épicos y trémulos. Habrá convencidos de la primera hora y de la última.

Todos a sus puestos. Vos, hacé fotocopias de la pancarta. Ustedes tres, organicen esta tarde una pegatina por el barrio. En casa, con la familia, en cada reunión de amigos, instalemos la incomodidad. Denle a las redes sociales, abramos la cabeza, que a ellos les importa mucho el qué dirán. A lo mejor nos parecerá una actividad menor: si pensamos en el ejército que ellos dedican a ese combate virtual nos daremos cuenta que no hay que menospreciar campo de batalla alguno.

Pidámosle a aquél, con pinta de abogado, que reúna información precisa y sencilla sobre qué es una desaparición forzada. Argumentos, eso necesitamos. “¡Nos sobran argumentos, loco!”, expresará alguno. Bueno, dale, empezá, y no desde el altar sino desde una vereda cualquiera. Y despacio, que algunos están tomando nota. En el taxi, en el café, en la escuela, en el trabajo, solo una cosa no vale: putear. Esto no es un concurso de gritos. Hay que tomarse el tiempo para escuchar. Hay que ser pacientes para convencer. Y hay que ser tenaces para insistir. Si te agota eso, pensá en las locas que empezaron esa dolorosa rutina hace 40 años. El que se cansa, pierde.

Seamos mejores, estemos preparados. Y compartamos lo que sabemos sin vanidad. Seamos estrictos con la información que repartimos. Muy estrictos. No tenemos tantas balas como para seguir apuntando a las nubes. Identifiquemos fuentes confiables: es por el lado del periodismo de auto gestión. Señalemos, sí, las farsas que nos imponen a diario. Identifiquemos las trampas, destaquemos las mentiras. Guardemos en la memoria los nombres de los serviciales de turno, ejerzamos un ahorro útil de energía porque el combate es desigual y buscan derrotarnos por cansancio. Un canalla es un canalla. Sigamos adelante.

Ganemos la calle. ¿Cuántas veces se dijo esto? ¿Millones? Mejor. En tu plaza, en tu barrio, en tu ciudad. Un mate, el abrazo del compañero, los hijos de la mano. Es ahora. Nos van a preguntar por qué hoy sí y en otros casos no. La respuesta es inútil. Mostremos que aprendimos de lo que hicimos y de lo que no hicimos. Que nos guíen los que estuvieron siempre. Por favor: demos un poquito más de nosotros. Un poquito más cerca del pobre, un poquito más cerca del despedido, un poquito más cerca de los que no quieren acostumbrarse a sobrar. Cómo y cuándo se pueda. Ojalá podamos mucho y bien. Ojalá sepamos #DóndeEstáSantiagoMaldonado.